Argentina y la marca social del suicidio

 Un hecho social en tiempos de distorsión y compulsión “involuntariamente” inducida.

El suicidio como un espectro que se materializa y visibiliza.

El suicidio es una construcción silenciosa. Introspectiva. Un sujeto en su límite más extremo.

Hay algunos indicios que pueden llevar al entorno a percibir una situación de extrema vulnerabilidad y de declive en la salud mental del otro. Otras veces esos indicios, y en ocasiones señales, no alcanzan a ser divisados.


La salud mental tiene cantidad de componentes. Su abordaje no es un tema de debate. Su abordaje debe ser obligatorio. El debate sólo se debe centrar en el tipo de acción a delinear conforme al padecimiento. Pero también se deben forjar dispositivos de prevención para la detección temprana de potenciales suicidas.


No son hechos aislados. Forman parte de una dinámica voraz en tiempos de incertidumbre y falta de empatía.


El consumo de estupefacientes puede llevar al suicidio porque hay una disminución notoria de la "represión" frontal.


El caos seguido de acoso puede inducir al suicidio. El abuso en cualquiera de sus expresiones lo mismo.


El bullying puede ser otro factor. Especialmente en las escuelas.


Llevar al límite a una persona es algo peligroso. Especialmente cuando se desconocen sus herramientas intelectuales pero fundamentalmente las emocionales. Porque emociones e intelecto no siempre se asocian en un equilibrio efectivo.



El tema es delicado. Y específicamente grave. Nos muestra la descomposición social en la que vivimos porque somos una composición de individuos en permanente interacción. De ahí la importancia de comprender que el suicidio es un hecho social como bien explicó Émile Durkheim.


El suicidio no tiene que ser pensado ni analizado solamente como un acto individual o psicológico, ya que tiene causas sociales que impactan sobre los individuos. 


Dos tipos de suicidios, de los que marca Durkheim, aparecen en la sociedad argentina: 


⭕️ Suicidio anómico: cambios bruscos o cuando la sociedad no llega a controlar las aspiraciones. 

Las crisis económicas son determinantes en este tipo de suicidio. El empobrecimiento genera un shock brutal en el individuo.


⭕️ Suicidio fatalista: Una mirada futura absolutamente bloqueada.


Frente a esta situación y al visible aumento de la tasa de suicidios en nuestro país se imponen prácticas integrales: Conversación. Dialéctica relacional entre familia y escuela. Observación directa. Armado de aparatos de contención conforme a las edades y lugar dentro de la sociedad. Es decir, en las diversas instituciones que hacen al habitus. Las Fuerzas de Seguridad, por ejemplo.



El aumento de la tasa de suicidios nos marca opacidad y una incapacidad de trazar escenarios frente al despliegue de medidas de alto impacto que no son acompañadas por todas las dimensiones básicas del desarrollo humano integral. Eso implica que los individuos no puedan afrontar la realidad sin sufrir los daños colaterales. Daños que afectan su construcción subjetiva dañando por impacto la integración social.


El suicidio no discrimina. El suicidio es un “abrazo” perverso que derrama en los entornos dejando un registro. Una huella de vacío sin certidumbres en donde una parte de las raíces se apagan en el acto fatal.

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