Monteoliva: del ministerio que le quedó grande al ministerio imaginado

 La tierra abandonada, la guerra imaginaria sin cuartel, los indicadores de Disney, los versos y ¿la conformación de un Ministerio de Seguridad?


Retrospectiva y Estocolmo 

Un Gobernador en lucha, una policía no conducida, una provincia dejada en manos, por aquel entonces, de un Secretario de Seguridad Nacional en modo Turismo Aventura (Sergio Berni) y una Ministro de Seguridad provincial a la que el Ministerio cordobés le quedó grande.

Alejandra Monteoliva no supo contener a la Policía de Córdoba y se bajó del barco en el año 2013. Tras el escándalo de corrupción y otros temas se disolvió la Dirección de Drogas Peligrosas de la Policía y el territorio se nutrió de la anomia para estimular al narcomenudeo en proceso de consolidación a la par del narcotráfico.

Resiliente, José Manuel De La Sota creó a la Fuerza Policial Antinarcotráfico en el marco de la desfederalización mientras Monteoliva se olvidó de su tierra y del Gobernador que le supo dar su confianza.




Hoy, con amnesia forzada y servil, la administración de Llaryora celebra el versito "Ley y Orden" de la Ministro que otrora los despojó de seguridad pero les otorgó en la actualidad recursos humanos de Prefectura para la Laguna de Embalse. Tal vez la presencia de dicha Fuerza haya ayudado a Quinteros, Ministro de Seguridad de "La Docta", a traficar con indicadores más seguros que los que cosecha Disney con Mickey.

La abandónica de Córdoba, primero Secretaria y ahora Ministro de la administración Milei, supera en histrionismo a Patricia Bullrich. Una Bullrich que al lado de Monteoliva termina siendo la Sun Tzu 2.0.



Sobre el arte de diagramar un Ministerio de Seguridad

Un Ministerio de Seguridad serio tiene un enfoque proactivo. Se nutre de la inteligencia como polea de transmisión entre la investigación criminal y la inteligencia criminal.

Un Ministerio de Seguridad serio investiga la no mutación de un método narcocriminal sistemáticamente detectado. Se cuestiona la pasividad delictiva y la generosidad narcótica. Y busca las causas y los potenciales hilos institucionales de la permanencia metódica.

Un Ministerio de Seguridad ejecutivo administra correctamente a las Fuerzas de Seguridad Federales conforme a su formación y territorios de operatividad para evitar vacíos, desplazamientos y triangulaciones.

Un Ministerio de Seguridad serio contribuye con las provincias para que sus policías investiguen el delito de narcomenudeo convirtiendo a las luchas en complementarias para poder recortar y acotar al delito complejo desde sus distintos brazos armados y operativos. Para evitar, entre otras cosas, que el narcomenudista de hoy sea el narcotraficante de mañana.

Un Ministerio de Seguridad con proyección cualitativa es el que comprende que la seguridad de un país comienza en sus fronteras y actúa en consecuencia para no darle lugar a la inseguridad interior y esta paso a la inseguridad ciudadana.

La composición de un Ministerio de Seguridad serio debe tener alteridad y diseño estratégico para abordar todos los posibles escenarios que se puedan plantear en un país en el que el narcotráfico está consagrado en el marco de una región de producción de estupefacientes y cantidad de Comandos, células de cárteles y organizaciones en red en constante movimiento.

Un Ministerio de Seguridad serio conduce a las Fuerzas de Seguridad en el marco de la ley sin darles poder de Gobierno.

Un Ministerio de Seguridad articulado no hace de la seguridad un slogan ni traza en las manifestaciones objetivos de provocación para justificar la bala y el palo.

Un Ministerio de Seguridad correcto tiene un programa que va más allá de bala y palo.



Un Ministerio de Seguridad trasciende el color político. No piensa a la frontera como una línea recta. Desglosa delito de cultura y administra a los recursos de seguridad sin especulaciones políticas y sin utilizar a los jefes de las fuerzas federales como actores políticos y/o actores de operaciones en provincias antojadizamente etiquetadas.

Un Ministerio de Seguridad busca que la seguridad sea el panóptico vigilador de la inseguridad y no al revés. Forja el no crecimiento de las organizaciones criminales y busca el equilibrio entre lo cuantitativo y lo cualitativo, organizando operativos de control interfuerzas con todas las policías y no las de conveniencia.

El armado de un Ministerio de Seguridad serio busca ir por todos los componentes de la matriz subterránea del crimen organizado entendiendo a dicho crimen como la variable compuesta de la que se desprenden el resto de las dimensiones delictivas complejas. En ese armado el foco en el lavado de activos como columna vertebral del crimen organizado debe ser prioridad.

Un Ministerio de Seguridad debe generar situaciones de implosión para abordar subterráneamente a los delitos complejos para luego emerger en escenarios más ordenados donde la anomia ya no pueda modificar el habitus.

Un Ministerio de Seguridad que no tenemos ni tuvimos frente al Ministerio de Seguridad que sí tenemos. De show, de  imaginario sin cuartel, de slogans y procedimientos contra narcos regalones y pacíficos.

Ministerio de Seguridad glotón que se aferra a los números de la Provincia de Buenos Aires para la estadística de homicidios pero los niega en retórica. Ministerio que no reconoce que el Plan Bandera sin las acciones proactivas de Santa Fe nunca hubiese sido posible.

El Ministerio de los amigos de turno. Un festilindo conformista de droga enfriada. Un Ministerio que eyecta a los pocos cuadros y se enarbola, jactancioso, en el amateurismo de quien no conduce.





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