La seguridad como una caricatura fastuosa aunque berreta en una ciudad de veredas rotas que quiere pisar como Rambo con Rambitos distraídos pero con poder de gobierno.
Y no, nadie quiere que pida perdón. Solo se le pide que deje de sumarse al show que no toca ni un componente de la matriz subterránea del delito complejo en la ciudad.
Posiblemente el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reelija en el año 2027. Posiblemente la ciudad tenga cuatro años más de olor a porro y pis pero con un "muro" que proteja a los porteños de la barbarie Bonaerense.
Porque en el imaginario colectivo la delincuencia siempre es el otro. Y los bastiones criminales vendidos como "barrios seguros" no afectan la seguridad ni la selectiva estética de la ciudad. Por el contrario, la complementan. Le dan una brisa de humanidad.
Posiblemente Jorge Macri continúe siendo el Intendente de la CABA y vuelva a rifar el Ministerio de Seguridad para simular conducir a una policía que viene con problemas desde su concepción.
Desde la Metropolitana a la fusión con la Federal, la Policía de la Ciudad es una suerte de cuerpo de coquetería bien vestido, con equipamiento moderno, movilidad exuberante y una falta alarmante de conciencia social Y delictiva, tacto y capacidad para abordar desórdenes comunes de la vida cotidiana. Siempre cuatro contra uno. Porque a diferencia de la moda donde “menos es más”, en la seguridad de Jorge más es algarabía mediática y celebración de quienes no conocen la constitución nacional.
No es culpa solo de Jorge vale reconocer. Esto viene de Mauricio y también de Horacio. Solo que con Jorge emerge una brutal obscenidad. La de creer que la seguridad se construye con palos, puestas en escena, bravuconadas mediáticas y fajando, entre cuatro policías, a una persona discapacitada que vende medias.
O por qué no, quitándole las paltas a los vendedores ambulantes y como si fuese poco también los carros. Y si es posible también molestar a dos chicas que duelan al que se fue sobre el césped de la Plaza de Mayo o buscar camorra en el marco del dolor en un Obelisco teñido de neblina.
El abuso como regla con el objetivo de desgastar. Sucede que ciudadanos de bien y criminales tienen el mismo tratamiento bestial. Una tendencia de fuerzas sostenidas en el libre albedrío de la no conducción política.
Es que en la ciudad cosmética no puede existir, de forma explícita, aquello que muestre que a la micro todavía no bajó la macro. Porque la humildad siempre es el otro. Si en la ciudad hay pobreza que no se note. Si hay dolor popular, en lo posible, tampoco. Y acá hay que detenerse en el sentido de humanidad del Ministro de Desarrollo Social, Mraida. De territorio. Diálogo. Y consciente de los problemas de las personas en situación de calle. Un Ministro para escuchar.
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En la Ciudad PRO la criminalidad fusionada en los bastiones del narcotráfico 31 y 1-11-14 invita a operativos “tormenta” para simular una ocupación territorial institucional que solo lleva a la desterritorialización que no es más que la implosión de las líneas paraguayas y peruanas que pactan entre ellas y sus satélites dominicanos para evitar la disputa y complacer el show. Y sí, es fusionada porque hay argentinos porteños que también son criminales. Perdón.
El negocio se mantiene por vía subterránea. Pero la droga es del otro. En lugar de tomar todas las herramientas que la acertada desfederalización le otorgó. Punto para Horacio.
El reclamo a la Provincia de Buenos Aires no puede decirse que es inválido pero sí acomodaticio y por color político. El bastardeo no favorece a una mesa de diálogo para la coordinación interfuerzas y no se escucha, de parte de Jorge, la elevada voz a Nación para que las fronteras, por donde comienza la seguridad de un país, sean debidamente protegidas.
Porque fue por las jurisdicciones federales que el crimen organizado y sus vertientes lograron penetrar y consagrarse en Argentina (2014). Por donde escapó Pequeño Jota que mantenía la dualidad criminal de un lado y del otro de la General Paz. Sin embargo, la caterva siempre es el otro.
Y el pedido federal no existe, ya que prevalece la expectativa por el territorio al cual el PRO está aferrado como un koala al árbol. Una especie de territorio “feudal”. De esos que tanto pavor generan en la retórica moral. Entonces se escudan en la alternancia de nombres. Porque los “feudos” siempre son otros en el semillero de traidores.
Es que de Horacio a Jorge las cosas cambiaron. Y quienes clamaban por lo bajo destrozar al actual Jefe de Gobierno otrora Intendente de Vicente Lopez, Conurbano Bonaerense, hoy lo celebran. Y trafican que donde el PRO gobierna las cosas marchan bien. Y de esa afirmación surge la inevitable pregunta si en la provincia de Buenos Aires gobernaron mal. Vale preguntarse, a su vez, si sobreactuar las mafias no fue suficiente o tal vez una contradicción al soltar la mano del Director de Asuntos Internos, Guillermo Berra.
"Anda hasta al fondo, Guillermo", no era tan literal.
Pero no nos desviemos. El muro entre comillas para salvaguardar a los porteños del “malón” Bonaerense es maravillosamente vistoso y escandalosamente botón. Y no botón en el sentido de buche sino de amateur. Solo un fisura podría pasar por ahí en la vascongada de la seguridad que se garantizó, punto para Jorge, la televisación y cobertura en redes del despliegue de los buenos.
Olvida,J. Macri, su paso por el Conurbano. Carece de la memoria de Martín Yeza y Cristian Ritondo, los chicos PRO que que aún se resisten a saltar cobardemente de la PBA a la ciudad.
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Lo cierto es que por ese muro humano solo un sujeto sujetado a la quema o al amateurismo del delito podría pasar por un muro o control preventivo cantado por una fila de uniformados de festilindo iluminada por helicópteros y sobrecargada por los motores. Entiendo que moleste. Pues los operativos de control y saturación no se anuncian, no se exhiben. Cuando eso se hace, aviso previo mediático, terminan siendo operativos “vendidos”.
La Ciudad de Buenos Aires se quiere mostrar hostil en un territorio, el AMBA, de movilidad determinante para el desarrollo y progreso pero también para una actividad delictiva instalada que requiere el abordaje interno de bastiones y embriones. Un mensaje de “ley y orden” copiado que no termina de cerrar contra la delincuencia, ya que está cargado de un sectarismo innecesario sobre una provincia que supieron ganar pero también perder sin el beneficio básico e histórico de la reelección.






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