La orquesta analfabeta del narcotráfico

El narcotráfico como escenario de imaginarios encontrados en donde el analfabetismo no es la causa sino la estrategia.

A propósito del Gobernador Maximiliano Pullaro y una organización criminal en su contra tempranamente detectada que algunos lamentan.


El narcotráfico dejó de ser -desde antes de la Argentina de Milei- un delito para convertirse en un instrumento de etiqueta, estigmatización y especulaciones baratas.

Cualquiera se atreve a etiquetar a alguien de narcotraficante. Y eso sucede porque la irresponsabilidad baja de arriba. Desde la estructura política se propaga a sectores de una sociedad fanática sin argumentos pero con sentencias. Un concepto tergiversado del delito complejo para degradar. Porque en Argentina, como sostengo desde hace tiempo, no se trata de luchar contra el narco. Se trata de tratar de narco al adversario. De ahí la etiqueta fácil. Las conjeturas y paralelismos forzados.

Gobiernos nacionales a la cabeza de la distorsión.

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No se admite que un Gobierno no haga nada contra el narcotráfico pero tampoco parece admitirse que existan actores políticos que sí lo hagan. La demolición tiene la misma fuerza. La misma saña.

La cosmovisión política internacional del narcotráfico: El Salvador como "caso testigo" que cualquier improvisado quiere importar

En El Salvador los pandilleros mutaron a maras frente a la mirada abúlica de sus gobiernos. Gobiernos que pasaron y en su paso acumulaban muertos.

La sangre y los cadáveres eran parte del escenario. Hasta que llegó Bukele. Con otra impronta. Un emergente del hartazgo y el dolor de un pueblo atrapado en el crimen. Entonces Nayib, con trabajo territorial, inició el proceso de ocupación y de forma paulatina pero sostenida el tejido criminal se fue debilitando mientras el social se recomponía.
 

La nueva realidad, por supuesto, imponía la etiqueta. De hecho, la impone.

Las habladurías mudas en gobiernos anteriores lo etiquetaron de "autoritario" y "dictador".

Traficantes de Derechos Humanos selectivos instalaron la teoría conspirativa del pacto Bukele/Pandilleros.

Y así, en el escenario de la seguridad, la oposición que fue gobierno instaló el espectro de la complicidad y no de la lucha real.

Un fenómeno cultural de negaciones y afirmaciones entorno a la criminalidad para sostener la dicotomia amigo/enemigo bajo un sistema de creencias acomodaticias. Tan acomodaticias que Trump se llevó a Maduro y “olvidó”, bajo el verso de la transición, a Diosdado y a Delcy. 

Incómodos avances de la administración Pullaro 

Durante la campaña para la Gobernación de Santa Fe pos Perotti, Pullaro fue etiquetado de delincuente por algún sector inseguro de Cambiemos que mide el apoyo de la sociedad por cantidad de seguidores en X. 

La etiquetadora Carolina Losada, amparada en el silencio connivente de Patricia Bullrich, al perder la interna pasó a ser parte de la campaña del "delincuente". Sin tener en cuenta el peso de la palabra y la rifa de la credibilidad. 

El analbatismo se volvía a apoderar de la provincia de Santa Fe envuelta en las conjeturas coléricas de Marcelo Sain. El Ministro de Seguridad articulado intelectualmente que arruinó a Perotti por haber pensado la composición de la narcocriminalidad en Santa Fe con los parámetros de la configuración de Buenos Aires.

Pullaro ganó la Gobernación y su discurso de campaña se puso en práctica con los costos que eso implicaba.

No se fue a vivir a ningún lado de resguardo sino que su decisión fue preservar a su núcleo de la decisión política de comenzar a sanear a la provincia de una criminalidad con epicentro en el enclave Rosario. Mejor dicho, en un 18 % de la ciudad con algunos satélites golondrina cuando la extorsión trascendió el universo narco.

Hace unos días la inteligencia de Santa Fe detectó un potencial plan de atentado al Gobernador. La detección temprana fue fundamental. Los cerebros del potencial ilícito: "Los Menores".

La organización de "Los Menores" no es una banda marginal. Es una organización en red que capitalizó métodos y logística de Los Monos pero también de Los Alvarado.

Son en Santa Fe, especialmente en Rosario, los exponentes más claros del Narcotráfico 2.0 y sus acciones la respuesta más contundente que revela que apretar el servicio penitenciario genera incomodidad y prácticas extorsivas nuevas.

Sin límites. Sin escrúpulos. Tan quemados que se temen entre ellos. Aunque ser guapo afuera no es lo mismo que adentro. Especialmente los pabellones de alto perfil que impiden la circulación de la bemba.


Claramente, frente a la situación, la orquesta de etiquetadores inició su función. Los que consideran que el plan es una fantasía y/o está institucionalmente armado pero no consideran, al mismo tiempo, que es imaginario encontrar droga y no narcos en el mismo lugar y bajo el mismo método. O quienes no piensan que es un parche poner Gendarmes a derribar pasarelas porque un Ministro exhibe las miserias nacionales en el Consejo de Seguridad Interior. De Jorge González de Formosa a Alejandra Monteoliva de Nación. Con amabilidad y respeto.

No faltaron en aparecer, por su parte, los que dicen que el Gobernador Pullaro está arreglado con los narcos y los que se lamentan de la prevención del delito (inteligencia criminal) que no arrojó la foto bárbara.

Una situación, con distancias políticas y escenarios, similar a lo que sucedió con Cristina Fernández de Kirchner cuando lamentaba, la oposición irracional, no ver tendido su cadáver.

Forjadores obsesivos de pulsión de muerte.

Así de rota está la sociedad. Así es la perversa agenda violenta de un capital cultural quebrado.


Una orquesta de analfabetos con vocación con el único fin enlodar lo que no saben, no supieron o lo que es más espeluznante, no quisieron conseguir: seguridad.

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