El único derribo ministerial fue la Secretaría de Fronteras convertida, irresponsablemente, en Subsecretaría.
La instalación de temas fue, y es la constante.
Primero el derribo de aviones, luego la radarización, posteriormente la
hidrovía y ahora las FFAA. También preocupa la imperiosa necesidad de patear la mugre. O de generar comparaciones. O de etiquetar a un país, como un Narcoestado, por un informe policial local (Holanda).
Es que la falta de trabajo de campo fue habilitando,
sostenidamente, errores teóricos que habilitaron errores prácticos. Tanto es
así, que la ausencia de un plan de seguridad y otro de lucha contra el
narcotráfico que confluya parece ser un concepto límite.
El único "plan", en Argentina, son las fuerzas de seguridad.
Asentar todo sobre ellas sin tácticas y estrategias. Movilizarlas, sin
siquiera, la inteligencia de piezas de ajedrez.
La administración Bullrich le da, a las fuerzas de seguridad, en especial a Gendarmería, un amplio sostén como debe ser. No obstante, también les otorga una especie de poder de gobierno que con el tiempo se tornará peligroso, ya que se puede conurbanizar el país. Ocurre, que el poder que le dan a las fuerzas federales está siendo el mismo que se le dio a la bonaerense durante décadas y que terminó, sin más, por arrasar con la seguridad provincial.
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Los recursos humanos asisten al manoseo de su
profesión. De su preparación. De su
operatividad para trabajar en los lugares para los que se formaron. Están
distribuidos a modo de parches en zonas calientes del interior del país sin
conocer la dinámica territorial. Mientras tanto, las fronteras, las zonas
fluviales, las rutas y otros espacios quedan vacíos frente a la política de conglomerado
que no entendió que más policías representan más inseguridad cuando detrás no
hay una diagramación basada en la investigación y la inteligencia criminal.
Son, las FFAA, el último recurso que le queda a la
gestión Bullrich para mostrar que no es solo la improvisación el motor de su
gestión. Porque ya no habrá más herencia que valga. Las impericias generadas en
su ministerio son también parte del caos que nos envuelve.
Utilizan el nombre de las Fuerzas pero no se atreven aún a plantear que quieren configurar la Seguridad Integral o Ampliada. Amagan, para tantear.
Algo que no estaría mal, si se hiciese sobre las bases de un trabajo inteligente, por etapas, y comenzando en fronteras. No desde el armado de una fuerza, con recursos humanos militares, para seguir emparchando el país.
No se trata de darle a las FFAA solo un lugar en la Argentina. Se trata, de darles un lugar claro. De hecho, el Jefe del Estado Mayor, fue mucho más prudente y sensato al momento de pronunciarse al respecto.
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Ahora bien, cuantitavimente crece la lucha contra
el Narcotráfico a nivel nacional con un superávit en el secuestro de marihuana
con respecto a otras sustancias como la cocaína y las drogas de síntesis. Dos
mercados que crecieron exponencialmente en los últimos 6 años. En una primera
instancia por abulia, negación y reducción al tránsito y luego, por la ausencia
de inteligencia criminal reemplazada por los clichés que suelen desprenderse de
los slogans de vacío.
Asistimos, en Argentina, a la contradicción
slogan/acción. Uno de los ejemplos contundentes en es el siguiente:
#FronterasSeguras. Un slogan que circula en las redes sociales y los
obsecuentes ministros y subsecretarios repiten. Las acciones para la
“concreción” paulatina del slogan han sido:
- Desplazamiento de fuerzas federales al
interior del país.
- Reducción de la Secretaría de Fronteras a
Subsecretaría.
- Ausencia sostenida de inteligencia criminal.
- Y una compra de 4 lanchas israelíes para ir
contra el narcotráfico en la hidrovía en lugar de 40 (por el mismo precio)
de patrullaje que era lo que en realidad se necesitaba.
Frente al estado de la frontera del slogan se
impone, inexorablemente, la lucha contra el Narcomenudeo. La expresión del
Narcotráfico a la que aún no todas las provincias se atreven a combatir porque
ponen, a la Provincia de Buenos Aires, como referente de un fracaso. No
entendieron, o es más cómodo no entender, que la desfederalización del 2005
solo quedó en una ley que no tuvo ninguna instrumentación concreta más que la
brutal y continua administración del territorio por parte de la Mala
Bonaerense. Una administración agravada al crearse las insustanciales y
mantenidas policías locales, no configuradas desde la prevención entendida como
seguridad, sino como un brazo armado de segunda que sirvió y sirve, como la
tercera vía de la recaudación.
Córdoba, Entre Ríos, Salta, Jujuy, Formosa y Chaco
trascendieron el estigma maldito del llamado fracaso de PBA. Comprendieron que
una ley sin una acción es meramente un marco legal a una decisión política que,
si no se ejecuta a través de un organismo concreto o un diseño preciso, no
alcanza para comenzar con la recomposición de los barrios desconfigurados a
partir de la instalación de la droga.
Casi todas las provincias mencionadas trabajaron
con astucia. Con tácticas y estrategias. Sabían que debían salvaguardar sus
territorios de la droga debido a que las medidas nacionales eran insuficientes
y solo cuantitativas. De hecho, son provincias que lograron asimilar que el
Narcotráfico se consagró en la Argentina con la instalación del Narcomenudeo en
los barrios y que ubicación geográfica, la seguridad en Argentina, comienza en
la frontera.
Excepto Chaco y Entre Ríos que aún no logran
visualizar un eje, el resto de las provincias articulan una lucha efectiva con
proyecciones positivas.
También lo hace Río Negro a pesar de no haber
desfederalizado y encara Santa Fe un proceso de debate necesario, aunque
peleado, por luchar contra el narcomenudeo.
Al cierre de
éste breve artículo, el tratamiento del narcotráfico como un laboratorio
prueba/error continúa su curso. Mientras tanto, la matriz subterránea del mismo
permanece intacta. Y la seguridad, que en nuestro país comienza más que en
otros en la frontera, depende del desborde la criminalidad.
Somos un país en donde los narcotraficantes se matan y se reproducen entre ellos.
Las balas federales no les entran, llamativamente, ni en fronteras. O se escapan hacia el monte, o dejan "enfriar" la droga, o se la entregan como señoritas de ballet.
Por eso mismo,
con menos slogans y con más gestión por conocimiento del terreno, muchas
provincias tomaron sus propias medidas para protegerse. Buscan configurar un
anillo de acero. Sin el desborde del detalle por figurar en redes y con la
claridad de que una banda, red y organización no son lo mismo y que se
desbaratan cuando están todos presos, y no solo 3 de sus miembros.
Las provincias
son hoy, aunque moleste y pese, las que sostienen la seguridad del país con
trabajos de calidad en donde la cantidad es un desprendimiento natural de la
lucha.
El Gobierno Nacional, por su parte, insiste con "Argentina sin Narcotráfico". Un slogan devenido en plan que incorporará, como corresponde y se necesitan, más jueces en las distintas regiones del país. Una decisión racional.
Sin embargo, el trabajo sobre la demanda sigue siendo de escaso a nulo. Y la oferta de droga se acreciente porque la demanda no disminuye. Porque el adicto es, lamentablemente, la base que necesita la oferta.
Y aunque la Ministro y sus secretarios (excepto Burzaco) digan que no, Argentina sigue siendo un país permeable para el Narcotráfico.
