La doble barbarie blanca


(Primera parte)

Mientras se gestaba el proceso de construcción de destrucción del tejido social se abría un mercado en Argentina que los narcos supieron aprovechar.

Nunca es un día más en la villa. Nunca es un día como otro. Siempre se doblan las apuestas. Siempre el miedo sucumbe en los interiores y por los pasillos se busca silenciar al enemigo.

En una misma villa varias bandas. En una misma villa varias pujas. 

No son los nombres los que importan en esta crónica, sí las acciones.

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Zona de concentración

La Comuna 8 en CABA es el punto de concentración del delito vinculado al tráfico de drogas. La cantidad de villas, la "Guerra de Bandas" y el dominio paraguayo que se impuso al peruano son algunas de las condiciones para que la marginalidad local cultivada con ahínco en más de una década sea partícipe activa de la principal vertiente del Crimen Organizado: El Narcotráfico.

Villa Lugano. Los alrededor de la Villa 20 parecen estar tranquilos. No hay mayor movimiento. Ingresar es un desafío y no precisamente por la seguridad. Por el contrario, es la inseguridad voraz la traba principal para que cualquier ciudadano ingrese a la sensibilidad del entrecruzamiento de calles.

La aparente calma es solo eso. Aparente. Como en toda la sociedad, la espera de lo peor es una constante y en la 20, la constante se agudiza. 

La actividad narco estaba momentáneamente suspendida en el interior luego de una noche de "agite" en la que bandas rivales se disputaron control de búnkers y cocinas. Todo móvil porque para ellos, la posibilidad de la huida, también es una constante.

La disputa no tuvo forma de diálogo ni de disparos. Fueron directamente por los puntazos. A ninguna de las bandas le conviene la disolución total de la banda contraria porque así pueden gozar de más impunidad frente a una policía, como ellos la llaman, "careta" y que va por la moneda trascendiendo el oficio y la ficción de la moral.

Dividir los espacios pero no de manera equitativa. Porque quienes trajeron el negocio son los que más tienen que dominar. No es opcional.

De la 20 salen todas las vías paraguayas que dominan en la Ciudad y que le dan prioridad a la marginalidad porque ha sido, por la reproducción de marginales, que el narco internacional pudo penetrar en las villas y organizar así el negocio.

"El que trae el negocio se gana el territorio. No hay rosca".


Barbarie blanca

Las drogas de diseño van ganando paso en el mercado del narcotráfico. Sin embargo, la rentabilidad de la cocaína, sigue estando a la cabeza de un negocio instalado en el mundo y del cual, Argentina, es parte. 

Por la 20 circula la coca. Y las armas blancas son la apoyatura cuando vienen los ajustes de cuentas o se debaten los territorios. El silencio es una premisa para no alertar a los cobanis ni salir en los medios. 

Es que la dinámica del flagelo de génesis negra y renta blanca funciona mejor sin el desborde de los tiros. Así es que en la 20, los cuchillos y las facas están a la orden. 

Se han montado móviles e improvisadas salas de "auxilios" en algún espacio libre de una de las tantas casas para atender a los heridos de armas blancas. 

Se consume coca, se la levanta luego con alcohol, y se vuelve a la coca. Eso dentro de las capas altas de las bandas. A las capas bajas se las arregla con Paco -cada vez más rebajado con acetona y en oportunidades con pizca de aserrín- y en algunas ocasiones se experimenta, de acuerdo al relato de informantes claves, con drogas de diseño. La infancia es el centro de captación que se encuentra más en riesgo.

Voces en la 20

No todos son ignorantes. Hay una clara articulación. Sobre todo en la línea paraguaya que puede pasar desapercibida en cualquier lugar. Existe una modulación, una jactancia y un lenguaje adecuado de acuerdo a las circunstancias. 

"Nos gusta la violencia". "No gusta desestabilizar a los que vienen por más". 

"Nosotros trajimos el negocio a la 20 y a toda CABA". 

"El territorio es nuestro y si voy a morir será sobre la sangre de otro". 

"Acá no llegamos de casualidad. Acá nos dejaron entrar".

"Un arma es como la droga". 

"El barrio no se entrega y si hay que gatillar se gatilla".

"Me gusta conseguir dinero fácil". 

"Robar para mí es fácil y matar es algo que está".

Dichos testimonios son el reflejo de una apertura. De la creación de un espacio propicio para la destrucción de un tejido hoy perforado que no encuentra canales de contención. Ocurre, que en su momento, la villa se conformó como un nuevo reducto de encuentro frente al despojo bajo la creación de un sentimiento de pertenencia. Hoy, en cambio, representa para la pobreza una tortura diaria. 

Es que cuando el poder político deja ingresar y formar al narco, el mismo queda como rehén hasta que otra administración inicie el avance y luego la lucha. Sin embargo, en el mientras tanto, el peligro merodea. Se generan acuerdos y traiciones constantes para sobrevivir en el medio de un poder que siempre sobrepasa al existente.

Así es como la opción delictiva más sustancial -el narcotráfico- tiene una balanza que con el tiempo se equilibra en una ecuación: "Más apertura, más muerte".

Continuará

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