Milanesas, crimen e indígenas

La Argentina que da para todo. Incluso, hasta para prostituir las causas solidarias y las culturas milenarias.


Se diluyen, en la Argentina marginal, los ensambles de progreso en el universo de la sociedad que cobra su sentido de realidad cotidianamente. En cada hecho delictivo, en cada emisión de un noticiero, se pierde la brújula de la coherencia gubernamental.

Se confunden los criterios y el sentido de ascenso se asienta sobre la estructura del deterioro. En un baño de inmersión discursivo para dejarnos atontados. Planchados, casi como para irnos a dormir y no pensar que detrás de los colores ficticios de la evolución del país, se encuentra el alboroto sensacional de una crisis que empuja. Que quiere romper las fronteras e instalarse, definitivamente, en la urbanidad.

Se trata de la proliferación del Narcotráfico en la Argentina. De la conformación local de Narco Maras y de la importación de aquellas que ya no pueden operar en sus Naciones por haber sido declaradas inconstitucionales y por ende, perseguidas.

Crecen las “cocinas”; se estimula la mentira; se posterga la educación con tomas innecesarios que podrían resolverse en marcos de cordura y razonabilidad; se deslegitima la opinión pública; se niega la inseguridad; se criminaliza la pobreza y se sustenta la falsedad.

Así se elaboró el itinerario de la Argentina para todos.

“La Argentina de la Milanesa” en la cual los jóvenes recibimos el chip recortado de la historia. Funcional al Gobierno. Pero atención: Nos llenamos la pancita con milanesas. Parcialidad que embrutece y el pregón de las milanesas de la popularidad.

Hablamos de un país, a nivel ciudad, ensimismado en la carencia intelectual de los dirigentes que colocan todas sus energías en los espacios verdes. Espacios coloridos, cercados por la noche y a los que por la mañana/tarde no se puede asistir porque el “chorro”, si puede, te afana hasta el copo de azúcar.

Nos encontramos parados en medio de la nada. Por momentos instalados en la Dinamarca de Hamlet. A la espera de las traiciones políticas que llegan. De todos contra todos más allá de aquel contractualismo. Nos inspiramos en lo peor de la historia universal y la recreamos con los elementos de la pos modernidad y de nuestras ya tradicionales avivadas.

Barbarie instalada en un país de cartón que descree de las medidas de sanguíneo compromiso porque de ser ciertas, la formación social no sería un factor de riesgo para el destino que nos están diseñando.

Estudiar, prepararse y crecer en la profesión son signos de pensamiento crítico. De razones de ser. De saber. De construcción de un mundo de significados individuales y colectivos.


El mensaje que se recibe es el de la quietud mental. “Dejarte conducir sin pensar”.

Es por eso, que cuando intelectuales o especialistas buscan la forma de entrar y poner, en la mesa de ausente debate, la certeza de que la inseguridad se combate desde todas las esferas de la vida, el choque es brutal.

Cuando se plantea la no criminalización compulsiva de la pobreza, entramos en un pozo, ya que comenzamos a descorrer el velo. La pantalla que impide ver más allá de lo inmediato. La idea de ellos es presentar a la pobreza, por un lado, como víctima emergente de los años ’90 y por otro lado; como causal de la delincuencia ante las pocas oportunidades que se les dejaron.

Agua y jabón para lavarse las manos. Eso nunca faltará en el modelo que se profundiza para la debacle.

CRIMEN ORGANIZADO E INDÍGENAS UTILIZADOS POTENCIALMENTE.

El problema de la creciente inseguridad no es actual ni propio del Kirchnerismo. Si bien se acentúa en la última década, se acarrea, de acuerdo a la evolución de la estadística, desde el  nuevo comienzo de la democracia. Se instala en la Provincia de Buenos Aires y se potencia, con el tráfico golondrina de personas, al norte del país así como al PBI argentino. (Ciudad de Buenos Aires, Conurbano Bonaerense, Santa Fe, Córdoba, Mendoza).

Se asienta luego, por inducción, la organización del crimen en la Ciudad de Buenos Aires que se promueve desde las cárceles y reductos del Conurbano Bonaerense.

Y no se trata precisamente de pobreza. Se trata de una estructura delictiva que cuenta con armas de guerra que gestiona los operativos con logística y que al ser financiado (el crimen organizado) a nivel mundial por grandes grupos económicos, inquieta a las regiones ante la densa actividad migratoria.

LA CLAVE NARCO

Las regiones habitadas por los indígenas, tanto en Argentina como en América Central, sirven de escondite para Narco Maras. Es que la no asistencia a los indígenas, convierte las inmediaciones de sus espacios de hábitat, en centros de formación y escondite.

Sin saberlo, los indígenas, además de ser víctimas de la indiferencia gubernamental, el pauperismo y la no integración a los usos urbanos, también son rehenes potenciales del crimen organizado.

Sus zonas de desplazamiento y movimiento de comunidad no son custodiados por las fuerzas de seguridad. Fuerzas que no atienden el constante paso fronterizo y de caminos de rutas de los Narcos locales y los importados. Aquellos que buscan la adhesión de las bandas para institucionalizar a Las Maras. Bajo este terreno de abulia e intencional dejadez, las comunidades indígenas, más allá de sus metros de construcción, se han vuelto funcionales para la huída y formación de Maras.

Sitios de atención propicios para la preparación del delincuente que es ansiosamente esperado por los prófugos benefactores del Narco Crimen. Quienes ocupan varios de los casilleros del tablero de la Argentina prostibularia. En la cual, hasta las causas solidarias, se prostituyen por insensatez.

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