Cárceles, villas y bandas

La organización delictiva carcelaria y la funcionalidad de la pobreza. Venezuela, Brasil y Rosario (Argentina).



El colapso del sistema penitenciario en América y la falta de un continente preparado para poner freno a la violencia que llevó a hombres y mujeres a formar parte de las cárceles, no tiene límites. Porque lejos de regenerarse y de estar debidamente separados de acuerdo a los delitos cometidos, todos se encuentran juntos y revueltos en una vorágine delictiva que crece y se desarrolla tras los muros. Que repercute afuera.


Vidas paralelas.


El muro que se levanta resguardando aparentemente a la sociedad, es solo un mecanismo de reclusión de delincuentes que cambian de ámbito pero no de hábitos. Es que los muros no son un impedimento para el contacto con el exterior, ya que mediante guardia cárceles o visitas, los convictos más peligrosos y con poder en las afueras delinean cuáles son las estrategias que deberán seguir aquellos individuos alineados que aún mantienen devoción por el “líder” tras las rejas.


Cárcel: La cultura del amparo asentada sobre un sistema de creencias que cobra fortaleza en la dinámica de las relaciones humanas.


Es que el delincuente encarcelado se encuentra amparado por los hilos de poder que logró tejer afuera. Y ese poder externo, implica, inexorablemente, un poderío interno que no lo vulnera ante la brutalidad carcelaria.


La dialéctica de la tragedia se conjuga en la relación Dentro Fuera.


En la convocatoria del jefe que logra, con solo un aviso, reunir a la banda que está operando en el exterior para que las noticias lleguen al interior de la cárcel. Para que los jefes de las otras organizaciones sepan, que más allá del encierro, hay un “Capo” que maneja las coordenadas del enloquecedor y redituable mundo del Narco contextuado en las fronteras, las calles y los muros.


La seguridad como ficción.


En la clandestinidad de la prisión o en los llamados “aguantaderos” reina la ilegalidad que recorre América. Que tenía su centro de actividad más riesgoso en materia de Bandas y Maras en Centroamérica hasta que la transición de una organización a otra, con la respectiva operación de los carteles de la droga y los ex ejércitos de elite, logró expandir el fenómeno hasta instalarlo en forma embrionaria en una Latinoamérica en la que confluyen Bandas, Maras, Organizaciones Terroristas, Narcotraficantes y Narco Bandas que escalan y Narco Maras puras, por ejemplo, en la Venezuela Chavista que avala el descontrol con el predominio de la Anomia en corte transversal.


Cárcel de Uribana, conocida como "El Coliseo".


Lugar en el que los prisioneros se agrupan en círculo rodeando a dos combatientes que se debaten el poder y prestigio dentro de la prisión bajo las características más primarias y sangrientas.


"El que gana adquiere respeto, inspira a los demás como un ejemplo. La cuestión es hasta cuándo se va a desarrollar esta actividad. Y por qué los líderes de la cárcel no utilizan la energía para organizar cosas positivas, para que los demás los copien", le dice a BBC Mundo Marianella Sánchez, del OVP.


Por su parte, las favelas en Brasil hacen estragos en sus interiores incendiados y sitiados en la aventura de la Ley del Talión entre agrupaciones Narcos que no conformes con dominar sus territorios van en búsqueda de otros, desatando el macabro juego de los tiros que utiliza a niños como escudos humanos.


Más abajo, una Argentina desbordada. Sin infraestructura. Legalizando el consumo de droga en oposición a la lucha contra el Narcotráfico. Inflada de discursos ceremoniales y pintados del rosita que todos queremos escuchar pero con una práctica siniestra en materia de seguridad.


Las cárceles prostibularias. El manejo de las Bandas desde el encierro.


Sectores cómplices de la policía. Exonerados que solo fueron apartados por sumario y que “ilustran” a los menores en banda que coptan para iniciarse en el Narco Crimen dentro de las dos áreas más destacadas del PBI Argentino: La Provincia de Buenos Aires y Rosario.


“Las favelas” y “Los ninios populares” que firma sin la Ñ arrasan en Rosario. Se desprenden de la miseria y se suman a la sofisticación del delito artesanal comandado por expertos en el crimen. Paradojas de la delincuencia que encierra, equivocadamente, a todos.


Pobreza no siempre es delincuencia. Leer nota El desvío http://soclauraetcharren.blogspot.com/2010/08/el-desvio.html  


Víctimas, algunos de la pobreza. Victimarios otros, de la acumulación de poder que se inicia en las Villas Miserias y que paulatinamente se expande a los grandes Centros Urbanos, alcanza las fronteras hasta lograr la extranjerización.


Todo comienza, en Rosario, al Costado de la Circunvalación.


En donde el paisaje excede la marginalidad de precarias construcciones de ladrillo unas al lado de las otras. Con pilas de basura en los costados y desperdicios de hierros que se mezclan con el agua estancada proclive a las pestes. Allí juegan los niños en su temprana edad. En la aún inocencia mezclada con el desamparo.


Los desarmaderos complementan el panorama y los ténderes de ropa en medio del basural son la muestra de la ignorancia. Del primitivismo globalizado. De la negación por salir de ese costado divisado por los coches que minuto a minuto son testigos de la pobreza funcional.


Largos pasillos. Laberíntico armado de la construcción. Allí, en donde el delito genera la “guerra de pobres contra pobres”. En donde el encuentro del mismo mundo se diferencia cuando las relaciones con el afuera rozan el poder al que se accede en la transa de los códigos que el pobre genuino tiene.


Casillas que son celdas de prostitución y trata de infantes. Cárceles de la miseria como el libro de Loïc Wacquant describe. De armado de Bandas que se desplazan para mostrar, con jactancia, que la miseria es solo una característica que no impide crecer en la cúspide criminal.


Al Costado de la Circunvalación, una de las Villas más grandes del país. La Villa que Binner, “no quiere ver”, porque necesita del pauperismo para permanecer en su cuento del Socialismo.











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