"Genocidio en Centroamérica"

Las Maras articuladas instalaron la barbarie urbana.



Las últimas noticias que llegan de Centroamérica, en especial de El Salvador, son trágicas.


El avance de las Pandillas que paulatinamente mutan a Maras se hace sentir con rigor en los grandes centros urbanos con poblaciones temerosas y a la espera de que lo peor pueda suceder porque saben, a ciencia cierta, que aún queda mucho más por experimentar, ya que la desprotección y el descontrol que se vive cotidianamente pone de manifiesto que desde arriba existe una parálisis en materia de combate efectivo contra estas organizaciones. Parálisis que las ha vuelto más poderosas, desafiantes y jactanciosamente nómades.


Porque en su característico formato de organización criminal, Las Maras, están haciendo de Centroamérica, un genocidio que no distingue razas, nacionalidades ni clases sociales. Con contundencia viven un proceso de expansión que ha logrado trascender América hasta anclar, además de en Australia y El Líbano, en Cataluña. Con lo cual, se pone de manifiesto la relación de estas agrupaciones con grupos terroristas dominantes en España. Aquellos que les proporcionan un espacio para actuar y desarrollarse. Un respaldo para la construcción de un poder que funciona de manera autopoiética. Es decir, estructuras armadas que se auto regulan conforme a lo que sucede externamente.


Y lo que sucede en el exterior del grupo, es la existencia de un vacío de poder gubernamental que afecta ministerios y que plantea, por un lado, el deterioro de las fuerzas de seguridad encargadas de custodiar a la sociedad y por otro lado, una connivencia de otros sectores de estas fuerzas con las nuevas mafias que se construyen alrededor de un campo de operación en el cual el poder es real y no simbólico como ocurría en los primeros eslabones de la cadena delictiva. Cuando el referente se centraba en la pertenencia para con la Banda.


Combate


La masacre que se produjo al incendiarse un auto bus con pasajeros el pasado domingo puso en alerta máxima a las autoridades, así como al barrio Mejicanos (El Salvador) disputado su dominio por la MS 13 y la M 18. Pandilleros interceptaron el vehículo y lo incendiaron, provocando la muerte de más de 14 personas.


Frente al caos, el Presidente de dicho país –Funes- apuesta a la mano dura para combatir a las Pandillas. En su momento, el ex presidente Flores planteó lo mismo con la Ley Anti Maras pero el fracaso fue total. De hecho, el año 2009 fue uno de los más sangrientos desde que el fenómeno es altamente conocido.


Efecto rebote


Los rebotes de la mano dura, la tolerancia cero y leyes anti maras se deben, como siempre explicamos desde este espacio, a la confusión entre Pandillas y Maras. A la parcialización de un tema que suele reducirse a una problemática que surge como consecuencia de la pobreza y la marginalidad.


De hecho, por el momento, son pocos los investigadores que observan que son las Maras constituidas como tales, en sus vínculos con los grandes grupos del poder político y económico, carteles de la droga, etcétera, las que tienen de rehenes a las poblaciones. Maras articuladas que portan armas de grueso calibre. Que poseen una conexión con la industria armamentista que ningún lumpen dentro de una pandilla podría tenerla.


Van por todo


Las Pandillas que ya atravesaron el período de transición a Maras son re direccionadas, desde la punta de la estructura piramidal de quienes las manejan, hacia diferentes lugares. Además del desembarco en Europa, una de las máximas de Las Maras, es conquistar toda América, ya que el continente de indudable corrupción favorece la institucionalización de la inseguridad. Porque la corrupción, entre otras cosas, sienta las bases de la inseguridad a partir de un fuerte entramado de relaciones que debilita el tejido social a punto tal de descomponerlo en una brutal pérdida de eje.


En estas condiciones, Las Maras van sembrando sus embriones. Atosigan con sus modos de operación. Invaden los desolados territorios de una América Latina permeable en algunas fronteras y productora de aquellas sustancias, como la cocaína, que tiene una ruta voraz, cuidada y ya disputada, en el caso de Argentina, en límites fronterizos y en puntos claves del Conurbano Bonaerense.



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