Entrevista febrero de 2008

La socióloga argentina, Laura Etcharren, especialista en el estudio de las Maras, dialogó en forma exclusiva con RazonEs de SER, acerca de la referida problemática en el sur del continente. Según advierte, existe en estado embrionario en Argentina.
Originarias de Centroamérica, esta forma particular de organización delictiva avanza de manera organizada y sistemática sobre Latinoamérica.

por Daniel Eduardo Raddi

Sobre el indicio real del fenómeno mara en la Argentina y países vecinos, teniendo en cuenta que la migración hacia el sur del continente es casi nula, nuestra entrevistada señaló: “Si bien es cierto que los procesos migratorios ya no se dan del mismo modo y con la misma frecuencia que hace años atrás, también es cierto que en muchas ocasiones, los conflictos migran a través de los medios de comunicación. Es decir, el fenómeno de las maras llega a la Argentina como consecuencia del tráfico de información. Razón por la cual, algunas agrupaciones aún en estado de pandillas ven en el fenómeno de las maras un modelo a seguir y otras, ni siquiera se detienen, prefiriendo conservar la “seguridad” que les brinda ser miembro de una banda.
Del mismo modo entonces que a nosotros nos llega la información de la existencia de bandas y maras Centroamérica, le llega la información del espacio propicio que hay aquí para que algunos mareros ingresen a Argentina. Incluso, se “alerta” a los nativos para que se sofistiquen. El crimen organizado en los barrios cerrados, los operativos comandos en asaltos a entidades bancarias, la alevosía luego de matar a algún sujeto poderoso así como el asesinato de Eugenia Ledesma en el municipio de La Matanza son algunos de los indicios con características bien definidas de clicas mareras. Estos hechos revelan que las maras están cada vez más cerca”.


¿Podría compararse, en caso de que existan maras, con el fenómeno de los pibes chorros, surgidos en los últimos años, o acaso estos últimos son una burda copia del fenómeno?, se le cuestionó.
“Precisamente, como usted dice, los pibes chorros nada tienen que ver con las maras propiamente dichas. En algunos casos, pretenden emular a las maras, mientras que en otros, ni siquiera las conocen y en el último de los casos, los pibes chorros conocen sus limitaciones y saben que para conformar una mara y dejar de ser una banda deben relacionarse con los verdaderos grupos de poder político y económico”.

Sobre la posible localización del fenómeno, Etcharren precisa que “Argentina es un país que ha colapsado en todas sus esferas. La seguridad no es la excepción. Por tal motivo, el embrión de las maras se observa mejor en la Provincia que en Capital Federal. No obstante, en esta última zona, el estado de barbarie se ha ido agudizando con la presencia de grupos similares al de las pandillas. Tampoco hay mareros pero sí se suceden crímenes que nos ponen en alerta máxima”.

La realidad, hasta ahora, indica que no hay una guerra de carteles de la droga como acá en México, donde se utilizan estas pandillas para el narcomenudeo o algún ajuste de cuentas. ¿Es posible que se empiece a utilizar este tipo de pandilla en los narcotraficantes que rondan en Argentina?, fue la pregunta obligada.
“Es posible, y de hecho, la guerra del narcotráfico en Argentina no es una importación sino una realidad que tiene como protagonistas a las pandillas y a otros grupos que provienen de países como Perú y Bolivia. Existe una ruta del narcotráfico que encuentra su epicentro en el Norte Argentino para luego distribuirse por vía terrestre y/o área en la Capital Federal y en el Conurbano Bonaerense”.


Siendo Argentina un país que, aparentemente, no sufre condiciones de pobreza como El Salvador, Guatemala y Honduras, ¿qué detonante hay para que surjan embriones de pandillas maras?
En este caso, la socióloga afirmó:
“Tengamos en claro que en Argentina no hay maras. Existe sí, un estado embrionario de maras que se propaga. Las maras no son las pandillas ni las pandillas son las maras. En estas instancias es preciso realizar una distinción para ser rigurosos al momento de informar. Si no se desinforma y eso contribuye a la creación del pánico colectivo así como a la proliferación de unas y otras”.
Y agregó que “las pandillas propiamente dichas son una emergencia de la pobreza y la exclusión social que encuentran en la unión con otros sujetos de su misma condición, un “poder” que individualmente no poseen. Bajo estas características, algunos pandilleros son puestos bajo la lupa de los narcoterroristas para llevar adelante todos aquellos trabajos que ellos, por cuestiones jerárquicas y de auto preservación, no harían.
Una mara se compone pues por pesos verdaderamente pesados que manejan las fronteras y por ende, los hilos del narco que se valen de pandilleros que quieren ascender.
Las maras están sofisticadas y se mueven a gran escala. En cambio, las pandillas no. Ponen en riego su vida por delitos considerados menores en el verdadero mundo de las maras, que son las que tienen logística y entrenamiento militar provistos por ex integrantes de ejércitos de elite. Por eso digo que en Argentina existen maras en estado embrionario”.

Pero además, sobre la pobreza como factor desencadenante, nuestra entrevistada enfatizó que “el pauperismo no es privativo de Centroamérica. Nuestro país, aunque los índices de medición tengan una tendencia a la negación, posee importantes niveles de miseria. Algunos individuos procuran trabajar y revertir esa situación de manera lícita. Otros, en cambio, eligen el camino de la delincuencia”.

En México, los controles policiales y migratorios suelen buscar tatuajes para identificar a que pandilla pertenecen. ¿En Argentina se los identifica de la misma manera?, le consultamos.
“En Argentina existe una tendencia sostenida a tatuarse, especialmente las nuevas generaciones. Independientemente de la clase social de la cual se trate, se suelen utilizar tatuajes. Actualmente, los mismos han dejado de ser una identificación o distintivo de una persona delincuente porque se produjo una metamorfosis. Las maras, ahora, cubren sus tatuajes o bien, no se tatúan para no ser interceptados por la policía u otras fuerzas de seguridad. Han evolucionado en ese aspecto al igual que en sus formas de vestir”.

¿Hay señales de que carteles mexicanos estén operando en Argentina y se estén “importando” pandilleros para hacer crecer el negocio de la droga?
Sobre el particular, Laura Etcharren reflexionó que “Argentina está descontrolada. Como sociedad estamos estancados en el siglo del medio, el cual se agudiza. Pandilleros importados y de origen abundan en un país marcado por la corrupción. Por ejemplo, nunca se informa acerca de a dónde va a parar la droga que se incauta”.

¿El gobierno argentino pone atención a la cuestión o lo descarta por “descabellado”?
“De un tiempo a estar parte, si se quiere, desde la administración Kirchner, la ignorancia voluntaria, el desconocimiento y la negación compulsiva son tres calificativos en aumento en materia de seguridad.
Todo es culpa de la pobreza según el gobierno al tiempo que dan a conocer datos en los cuales, supuestamente, los índices de pobreza han bajado. Es una contradicción en sí misma, ya que en Argentina la delincuencia ha aumentado significativamente. Delincuencia en todos sus estadíos”.

¿Cuál sería tu propuesta para evitar la aparición del fenómeno en la magnitud que solemos ver en América Central o Estados Unidos?
“La toma de conciencia, aunque suene una frase trillada, es la primera vía para que el estado embrionario no se materialice. Abolir los tres calificativos que le mencioné anteriormente y abordar un plan de seguridad en el cual la retórica esté en coincidencia con la práctica.
Más policías inexpertos en las calles no es la solución.
Hay que educarlos y ser sumamente estrictos en las elecciones y en la lucha contra el narcotráfico.
Aprovechar los recursos humanos con los que se cuentan al máximo.
Modificar leyes e instituciones. Un menor de edad, frente a la benevolencia de la ley tiene varios asesinatos en su haber que luego pueden devenir en lágrimas. Como las que tienen algunos pandilleros que todavía las exhiben en otros países jactanciosamente.
Ir de lo simple a lo complejo. De lo contrario, las soluciones nunca llegarán y la prevención, si no se comprende cuál es el problema no servirá.
Entonces sucederá lo mismo que en otros países de la región.
La leyes anti-maras, los planes de mano dura y los métodos de readaptación de pandilleros, serán funcionales al delito. En lugar de erradicar el problema, motivarán, aún más, la violencia que nos envuelve”.

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