Evangelio bonaerense

Entre la benevolencia retórica y la ignorancia voluntaria el estado embrionario de maras se afianza en la Provincia de Buenos Aires.

Triángulo Maras
Indudablemente, el fenómeno de las maras en Centroamérica ha atravesado por varios estadíos en un proceso que comenzó en fines de los años ’60 y que se fue agudizando con el devenir de los años hasta implosionar en cada país y explotar, finalmente, a nivel continental. De este modo, el rigor teórico se volvió imprescindible y la necesidad de razonar y actuar multidisciplinariamente comenzó a imponerse para poder arribar a la antesala de soluciones luego de definir con veracidad, cuál es la incidencia que tienen las maras en el desarrollo y evolución de las sociedades.
Es decir, con el paso del tiempo las autoridades gubernamentales de las naciones afectadas, así como los habitantes de las mismas, se introducen en una realidad impuesta por la voracidad de una combinación extrema. La conjunción del narcotráfico con el terrorismo para conformar, el ahora imperante, narcoterrorismo.
Narcoterroristas que buscan dominar los hilos sociales del poder a través del control de las fronteras en un vínculo estrecho con los grandes grupos políticos y económicos. Tanto es así, que el orden naturalmente establecido está en jaque. Con lo cual, la mediocridad en materia de seguridad no puede ocultarse y las relaciones peligrosas del narco con la política son un hecho que revela un estado de anomia en el cual, ningún grupo humano puede tener garantizados sus derechos básicos ni salvaguardado su bienestar.
El triángulo maras por excelencia (Honduras, Guatemala, El Salvador) no ha podido responder a los reclamos sociales. De hecho, todos los planes para combatir a las maras han fracasado y cuando no, han tenido resultados parciales. Ello se debe a la eterna confusión entre pandillas y maras.
Los planes de rehabilitación son propicios para las primeras. Aquellas que se encuentran en situación de calle y dedicadas, algunas, al narcomenudeo como a la lucha por el barrio. Chicos, en su mayoría, emergentes de la marginalidad y la exclusión social. En cambio, en el mundo de las maras esos planes no son funcionales porque los intereses creados son otros y las características de sus integrantes difieren como consecuencia de una estructura de pensamiento de elite congénita o bien, aprendida rigurosamente.
“Un informe del Consejo Nacional de Seguridad Pública ha dado a conocer que el costo total de los hechos violentos en el año 2006, para toda la región, fue de $6.506 millones, que equivalen a un 7,7% del producto interno bruto (PIB) centroamericano”. (http://www.nacion.com/ln_ee/2008/agosto/01/opinion1643834.html)

Coptadores compulsivos
La necesidad de expandirse y propagarse por el mundo es una de las metas más definidas del crimen organizado. Razón por la cual, la extensión de redes es vital para poder llevar adelante dicho cometido.
Con células aún poco definidas en Canadá, Australia y El Líbano, las agrupaciones mareras interpretan desde la clandestinidad que la coptación de menores de edad y chicos insertos en las simples pandillas es una vía auspiciosa para formar nuevas células o clicas. Observar cómo se desenvuelven para decidir si serán útiles o no para los fines propuestos.
Encontrar que sus características físicas y mentales sean acordes a sus necesidades. A su estructura e infraestructura. Que tengan condiciones para aprender el negocio del narcoterrorismo ateniéndose, sin posibilidad de cuestionamientos, al adiestramiento táctico y estratégico.
Compulsivamente, y sin barajar la posibilidad de pérdida de tiempo, los cerebros que manejan las organizaciones, según últimos datos, atraen cada vez más a jóvenes españoles y marroquíes. La idea es reforzar la estructura piramidal así como también, tener reservas humanas. De ahí, la pluralidad de nacionalidades.

Evangelio bonaerense
La ignorancia voluntaria y el desconocimiento es una tendencia sostenida que los diversos gobiernos de la Provincia de Buenos Aires han experimentado en materia de seguridad. De ahí, la llegada al Conurbano Bonaerense del estado embrionario o larval de maras. Un estado que no implica la existencia implícita de maras pero sí, la antesala de un fenómeno que está dando claras señales en el hemisferio sur. Fundamentalmente, en Uruguay, Chile y Argentina.
Porque la penetración del crimen organizado en sus distintos formatos no forma parte de imaginario social. Tampoco es un estado de sensación y mucho menos una forma del golpismo o boicot hacia las autoridades encargadas en cuidar a los vecinos de todos y cada uno de los puntos del extenso territorio provincial.
Por tales motivos, el reduccionismo retórico al momento de explicar la existencia de la violencia y la inseguridad en nuestro país es una invitación a la importación de las maras así como a la conformación de grupos originarios que se encuentran en esa delgada línea entre bandas y maras.
En este contexto, el discurso de Daniel Scioli es relevante solo por su incoherencia, ya que alarma por su banalización, por su pensamiento autárquico, por hacer cargo a los pobres de la inseguridad, por tener una prédica casi evangélica de los hechos y por decir, entre otras cosas, que la inseguridad se soluciona con la práctica deportiva.
Bajo esas características argumentativas, la provincia atraviesa por uno de los momentos más complejos en relación a la violencia con una política de seguridad ficticia y con la comprobación visual de que muchos de los policías de la bonaerense apartados de la fuerza son hoy los cabecillas de las grandes mafias que operan en los distintos puntos del país que han encontrado en el conurbano un espacio propicio para montarse, crecer y desarrollarse a punto tal de afianzar el estado embrionario de maras.

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