Los Freegans

Contra el materialismo y los usos del capitalismo, el cliché del amor y paz.

Desde el constante lamento por los parámetros de vida impuestos en esta sociedad moderna y contemporánea regida por el sistema capitalista, emergen diversos grupos que buscan sobresalir mediante formas de actuar, pensar y sentir distintas a las del común denominador.
Grupos antagónicos a nivel social que nada tienen que ver con las pandillas o las maras. Son, en realidad, Tribus Urbanas o bien, simulacros de comunidades que pretenden cambiar el mundo globalizado con el cliché de paz y amor.
Desencantados del mundo y abúlicos hacia todo aquello que no forme parte de sus contextos, los grupos organizados en tribus y/o comunidades llaman la atención no solo por su estética sino también, por sus declaraciones. Aquellas que descansan en una retórica ciertamente melancólica y distante de los discursos gubernamentales y por supuesto, de los individuos embarcados en la vorágine de un capital cultural y simbólico que se adapta a las construcciones de sentido que les permiten no quedar relegados. Es decir, fuera del sistema.
Los freegans no son individuos provenientes de sectores pobres, tampoco son individuos medianamente desprovistos. Son, sin duda alguna, individuos auto convocados a la marginalidad. Porque detrás de un discurso con características revolucionarias que encierra una premeditada pero ficticia lógica del despojo personal, existe una tendencia sostenida a la diferenciación como consecuencia del hastío que produce la quema de etapas.
Personas, en su mayoría adolescentes, que portan un bagaje sobrecargado de vivencias que no atienden a los tiempos naturales. Razón por la cual, la búsqueda de nuevas experiencias se convierte en una necesidad imposible de evadir al interior de un universo de significados signado por edificaciones contestarias frente al orden social establecido.
Bajo estas características y a modo de protesta, los freegans comen de la basura que noche tras noche arrojan las grandes cadenas de supermercados así como los locales de comidas rápidas y casas de familias.
Rebeldes en su manera de presentarse ante el mundo, se oponen al materialismo, la apatía social, la competición, la conformidad y la codicia.
Se embarcan en la constitución de un mundo menos peor actuando de forma absurda. Emulando ser pobres. Imitando los tristes paisajes que pueden divisarse mundialmente. La de hombres y mujeres, sin límites de edad, revolviendo la basura por verdadera necesidad. Aunque también es cierto que dentro de lo que son los parámetros de la pobreza, existe la elección.
O sea, el trabajo de campo ha demostrado que personas, por ejemplo, en situación de calle no quieren trascender esa condición. Se resisten al progreso y prefieren, por causas fundamentalmente psicológicas, a continuar viviendo en la indigencia ya naturalizada.
Ahora bien, el caso de los freegans es entonces un estilo de transitar que a su pesar, nos los aparta del capitalismo que tanto repudian. Los coloca, simplemente, en una subglobalización dentro de una economía de mercado en la cual, la utopía de las comunidades solo tiene cabida en el imaginario de sus integrantes.
La palabra freegan deriva de free (libre) y vegan (vegetariano). Se denominan “Vegans” aquellos que evitan pues, el consumo de productos de origen animal o productos experimentados en animales en un esfuerzo por evitar causarles daño. (http://www.freegan.info/)
El movimiento de los freegans surge hace varios años y reúne ecologistas, antiliberales y consumidores renegados. Se instala en Estados Unidos, Australia y el Reino Unido.
Se consideran defensores de la ecología al tiempo que se contaminan con los residuos que forman parte del panorama callejero de New York. Recolectan alimentos que dicen estar en buen estado para así llenar sus despensas y refrigeradores.
Contra el consumismo que dicen que es ilimitado y que atenta contra el “verdadero progreso” conforman otra de las tantas subculturas que se han creado en respuesta a los hechos sociales y urbanos de los últimos 50 años.
En grupos o de manera individual, los freegans visten ropas usadas y con ellas pululan por las calles de los países que los cobijan intentando demostrar que se puede vivir sin dinero. Que los seres humanos se pueden alimentar de lo que portan las enormes bolsas de residuos negras y que lo material solo forma parte del maldito fetichismo de la mercancía.
No obstante, son variados los vacíos que aparecen en la teoría de un movimiento ecléctico en el cual, no faltan los "intelectuales". Los cuales se resisten contundentemente a la mundialización -como diría el sociólogo Anthony Giddens- introduciendo una especie de mecanismo de trueque no tan primitivo pero que resalta la postura de anticonsumo sobre la cual se enarbolan y jactan.
En sus declaraciones resaltan estar bien asesorados pero empíricamente se comprueba que la mayoría de los alimentos ingeridos están vencidos. Son, en definitiva, lumpens por elección que rechazan el techo de los shoppings y que se resisten a comprar. Incluso, algunos de ellos, también a pagar los servicios que utilizan. Por tales motivos, terminan en las calles o bien, viviendo en condiciones de campamentos que distan de ser, las comunidades entendidas allá lejos y hace tiempo.

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