El camino de la corrupción

27 de noviembre de 2006

Una forma de vida riesgosa pero deseada.
Segunda parte de estilo corrupción.

El problema de la corrupción además de gozar de complejidad, cuenta con distintas percepciones que, por lo general, tienen que ver con las interpretaciones de todo aquello que es políticamente incorrecto.
Las sociedades son concientes de que en todas las esferas de la vida hay corrupción. En mayor o menor medida, la corrupción se hace presente reflejando un estado de descomposición moral que afecta la construcción de la subjetividad de los sujetos que se rigen por patrones cuya génesis, suele ser dicha actividad.
Al contrario de lo que tiende a creerse popularmente, la vida del corrupto no es fácil.
Es ciertamente compleja y riesgosa.
Es un permanente desafío que no es para cualquiera.
La potencialidad del descubrir los actos delictivos generan adrenalina en quien o quienes los cometen, al tiempo que un estado de caminata por el borde de una cornisa.
Pero no son solamente los particulares los que conforman círculos de corruptos.
El estado, desempeña un papel esencial en esta problemática.
Desde el mismo, la impunidad va bajando a la sociedad.
Estados que en variadas ocasiones justifican y limitan la relación proporcional que debiese existir entre crimen y castigo. Entre corrupción y castigo.
Y eso se hace, dado que los estados se pierden en la corrupción, no pudiendo entonces bregar con el ejemplo.
Los organismos estatales deben revisar este tema.
Fundamentalmente el poder judicial tiene que rever la legislación al respecto. Aunque no se hace para no descorrer el velo que tapa los negociados que de todas esas aristas se desprenden.
Porque la corrupción es una realidad que tiende a ocultarse. Que se sabe pero que no se dice, puesto que es funcional a varios grupos empresariales (Multinacionales).
Y los estados, al no combatirla por ser parte de los arreglos, ayudan a profundizar la crisis social vigente en el mundo.
En este sentido, el periodismo, desempeña un rol preponderante. “El periodismo alcanza su función social de mediación entre la sociedad y el Estado” (Simonetti, 2002) En síntesis, la corrupción tiene que ver con “el ocultamiento, las prácticas oscuras y secretas.” (Simonetti, 2002) Y el periodismo es lo opuesto.
En condiciones ideales debe sacar a la luz todo lo que se oculta.
Valerse de la transparencia, investigando y analizando los por qué de determinadas situaciones.
Como toda práctica, la corrupción tiene una serie de códigos y símbolos característicos que no son desmedidos sino necesarios para poder llevarse a cabo.
Hay un entramado de relaciones sociales alrededor de ella.
Existe un idioma precioso, particular.
Idioma que la gente común no comparte por no encontrarse inserta en dicha situación.
El auge de la corrupción coincide con el surgimiento de nuevos sectores sociales o mejor dicho, con la aparición de nuevos grupos económicos que a través del dinero logran acceder a circuitos sociales exclusivos que manejan un determinado lenguaje.
Irregularidades: Dos ejemplos Marplatenses.
Es sabido que en el ANSES si hay algo que abunda es la irregularidad y la ineficacia. No se deja, por ejemplo, que las personas que están tramitando su jubilación accedan como corresponde a sus expedientes.
En Rentas -otro espacio desastroso- se les niega a los ciudadanos el acceso a planos personales de un terreno.
Pero lo curioso de esto, según fuentes, es que algunos trabajadores de dicho lugar ni siquiera estando enfermos, se toman licencia.
Y no es precisamente porque no se las otorguen sino porque como supo decir un empleado del lugar: “No es que me descuentan, pierdo plata, no gano.”
¿Qué significa eso?
Ciertos trabajadores de RENTAS, niegan los planos que periódicamente se van a buscar hasta que un día curiosamente los encuentran.
En lugar de exhibírselos con naturalidad a la persona que los requiere, se la lleva al baño del establecimiento para mirarlos.
Eso sucede según palabras textuales del trabajador porque:
“Ése trabajito se cobra y no quiero que mis compañeros me vean.”
Más allá de IDEA
Sin duda, el fenómeno de la corrupción en Argentina y el mundo es absolutamente significativo y creciente.
IDEA, espacio conformado por empresas de distintos rubros para el intercambio de prácticas e ideas, busca que las mismas puedan desempeñar un papel en el plano político, económico y social. Sin embargo, algunas de las empresas socias han estado sospechadas de ejercer prácticas corruptas.
Es decir, a pesar de participar de ciertos nucleamientos, el mundo empresarial es complejo.
Y en su vínculo con el Estado se presenta como un campo de acceso limitado y proclive a la corrupción, más allá de lo que IDEA pueda representar en cuanto a su historia.
Continuará

Los incorregibles

20 de noviembre de 2006

La desfachatez de Solá y Arslanian contra Blumberg.
El retorno de los secuestros es acompañado por la falta de criterio y responsabilidad de las declaraciones del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y de su Ministro de seguridad.
Improperios que se hacen presentes siempre que las autoridades se encuentran acorraladas en el no saber qué hacer.
Y en ese no saber, se pierden en dichos absolutamente desafortunados. Como por ejemplo decir: Que la no aparición de Jorge Julio López es un fracaso del pueblo.
Ahora bien, el último secuestro que se ha dado a conocer públicamente es el de Hernán Ianone. Un chico de 22 años cuya residencia era en localidad bonaerense de José C. Paz.
Estudiante de la Facultad de El Salvador, fue secuestrado días pasados y exigen por su rescate 500.000 dólares. Sucede, que de un tiempo a esta parte, los secuestradores reclaman los pagos en dólares. Un secuestro que no trascendió y que se produjo en la zona de San Isidro es una prueba de ello.
Los familiares de la víctima debieron pagar 50.000 dólares de rescate.
El caso Ianone, si bien ha trascendido, es hermético.
Y ello se debe al modus operandi de los secuestradores. Aquellos que llaman una vez para dar cuenta del secuestro y luego tardan un par de días en volver a comunicarse con los familiares.
Juan Carlos Blumberg difundió el hecho y reclamó la renuncia del gobernador Felipe Solá y de su Ministro de Seguridad, León Arslanian por llevar a la Provincia de Buenos Aires por un camino de total anarquía en lo que a la seguridad respecta.
Ambos personajes, lo mismo que especialistas en secuestros, criticaron a Blumberg por difundir el caso.
Es más, sugirieron que de pasarle algo al secuestrado, la culpa, sería del Ingeniero.
Un absoluto disparate, ya que la familia Ianone fue la que se contactó con la Fundación para ver los pasos a seguir.
Es decir, cuando sucedió el secuestro de Axel, Blumberg no le avisó a nadie y perdió igualmente a su hijo. Razón por la cual, la seguridad sobre la vida de la víctima es difícil de ser garantizada. Casi en su totalidad, depende de los niveles de violencia que manejen los secuestradores.
Como vemos, la sociedad argentina vuelve a enfrentarse a ese miedo que devino en terror.
Un terror, que en realidad, nunca desapareció porque muchos hechos delictivos no han sido debidamente denunciados. Ello se debe por un lado, a que los individuos que conforman esta sociedad temen por la intervención de la policía como cuerpo de seguridad, dado que muchas veces, sus accionares entorpecieron negociaciones hasta llegar a la muerte de la víctima.
Por otro lado, se evita a la policía para seguir rigurosamente con todas las pautas que imponen los secuestradores.
La intervención de grupos de investigación especializados debe ser necesaria y el Gobierno Nacional, también debe hacerse cargo.
El tema de la seguridad no es privativo de la Provincia. Es un mal que afecta a todo el país.
Hay una descomposición social a la que se le suma la debacle y las pésimas referencias que se tienen de la policía bonaerense. Policía que carece de códigos y debida preparación.
Aunque por supuesto, hay excepciones.
Difundir en los medios el secuestro no está mal.
Bien utilizados, los medios de comunicación son una herramienta fundamental que opera como informativo y como fuente de complemento. Principalmente, si los incorregibles aceptan sus limitaciones y empiezan a trabajar conjuntamente y a conciencia. Y de entender que no están capacitados, retirarse, antes de que la barbarie se profundice aún más, en la Provincia de Buenos Aires.
Porque de continuar por esta vía, el problema de la inseguridad no tendrá fin y de incorregibles y inoperantes se seguirán llenando los cargos públicos.

Estilo corrupción

13 de noviembre de 2006

Una actividad mundialmente conocida.
Origen de la palabra
Si nos detenemos en el origen de la palabra corrupción encontramos sus raíces en la antigua Grecia. Allí, dónde Tucídides y Aristóteles debatían el problema del orden como consecuencia de la enfermedad por la que atravesaba el cuerpo político de aquel entonces.
Decadencia del orden político y moral que expresa un sentido de descomposición o perversión.
Socialmente, una conducta corrupta es aquella que se desvía de las normas vigentes.
Y en Argentina, de desvíos, se conoce bastante. Porque si bien se carece de un marco teórico preciso, producto de la falta de investigaciones científicas, carencia de estadísticas y bibliografía específica abundante, las informaciones diarias demuestran que la sociedad argentina cuenta con altos índices de actividades corruptas.
Carácter sociológico de la corrupción
Sucede que la corrupción, además de un problema sociológico, representa un problema filosófico, ya que muchas prácticas que son consideradas corruptas por unos, son bien vistas o naturales por otros.
Ello depende, en gran medida, de la ética de la moral y los valores.
Históricamente, se ha impuesto una moral básicamente cristiana.
Aquella que condena todo este tipo de actividades y que se ha instaurado como religión universal y patriarcal.
Pero paradojalmente, la Iglesia como institución, no se encuentra exenta de la comisión de actos corruptos o que infrinjan la ley.
Un ejemplo de ello, es CARITAS.
Agrupación que trabaja para los pobres y cuando reciben las donaciones de indumentaria de los fieles o simples almas solidarias, buscan entre las bolsas algo con qué quedarse.
Damas que se precian de su vocación por ayudar a los más necesitados escapan a la verdad o están al acecho por sacar ventaja de algo.
Sin importar que los costos, los paguen otra vez, los pobres.
Entonces, corrupción encontramos en diversos espacios.
La misma no es privativa de la esfera política.
Tiene vínculos con la esfera económica, cultural y social.
Y el planteo también reside en saber si la corrupción es individual o colectiva.
Cuando en realidad, la corrupción proviene de ambos lados hasta llegar a establecer una relación dialéctica.
Puesto que de no existir individuos que se presten a la corrupción, la corrupción colectiva no existiría. Aunque suele suceder que algunos individuos prefieren operar solos para así evitar la complejidad de los mecanismos que poseen todas las corporaciones y organizaciones.
En otras palabras, evadir el reparto de lo obtenido.
Dentro de lo que es la corrupción política, en Argentina se denuncia hasta el hartazgo, que todos los gobiernos de turno son corruptos.
A medida que los gobiernos pasan, la corrupción, parece incrementarse y acentuarse como un estilo más, de aquellos que ocupan cargos públicos.
Sin duda alguna, la corrupción forma parte de la vida. Razón por la cual, más que denunciar, es preciso hacer y educar.
Por otro lado, la corrupción económica es aquella tan usual y concreta.
Tal vez un poco menos prolija y obvia. O sea, cuando el cargo del funcionario público deviene en un negocio y los ingresos buscan maximizarse para el bienestar social y no individual.
Pues la anomia existente en nuestro país contribuye a la proliferación de la corrupción porque crea un espacio propicio para su impune desarrollo.
Claro está que hay otros factores de incidencia. Aquellos que tienen que ver con la condición humana misma.
En síntesis, la corrupción en términos morales, es un problema de moral individual y colectiva.
La corrupción del sistema (macro) invita a corromper al individuo (micro), o bien a acoplarse al sistema. Como se dijo, es algo absolutamente dialéctico.
Los intereses particulares entorno a la corrupción se deben en primacía, a la acumulación de poder y al obtener por una tercera vía, lo que no se puede adquirir legalmente. En algunos casos por trabas burocráticas y en otros, por ir contra la norma establecida.
De este modo, la corrupción afecta los deberes de función al tiempo que los intereses colectivos y la moral social. (Olivera Prado)
Algunos ejemplos de Corrupción
Según fuentes:
-El 70% de los argentinos paga coimas a la policía para evitar multas.
-El 68% miente cuando declara ganancias y bienes.
-El 65% compra artículos que saben son robados.
-Y otro porcentaje suele llegar a arreglos para evitar los debidos procesos judiciales.
Eso demuestra que el problema es de orden global dialéctico. Es de quien lo hace y de quien o quienes lo permiten.
Sin discriminación
Sin duda, la corrupción nada tiene que ver con el capital cultural que una sociedad posea.
Al contrario. Creer que se es más corrupto porque se tiene menos es una falacia.
La corrupción, para ser más eficaz y alcanzar destinos exclusivos, requiere de poder. De un sabido uso de las facultades adquiridas y de lo aprendido, por ejemplo, en la función pública.
La corrupción se da en países del tercer mundo como en países del primer mundo y son muchas y diversas sus modalidades.
En definitiva, la corrupción no discrimina clases sociales ni espacios. Así, escuelas, universidades, financieras, empresas, asociaciones, clubes y gobiernos experimentan estas prácticas que conforman un estilo de vida. El estilo corrupción.
Reconocimiento selectivo
En contraposición a las cifras de la comisión de los actos más arriba mencionados, la mayoría de los argentinos niega cometerlos. Es decir, según los argentinos, ellos, no son corruptos.
Reconocerlos, sería admitir la propia decadencia a la que asiste nuestra sociedad que no puede salir de la trampa que ella misma supo construir y cuyos antecedentes van mucho más allá de los años ’70 y ’90.
Mientras aceptar tal o cual cosa no vaya en detrimento de los propios intereses, el individuo se somete al establecimiento de la verdad.
En cambio, si aceptar implica pérdidas, siempre, es preferible negar.
Hay una selectividad del reconocimiento propio de la parcialidad en la que se vive.
Incluso, todo aquello que puede hacerse por derecha, muchos, optan en hacerlo por izquierda.
Continuará

Relato de la vida cotidiana

9 de noviembre de 2006

La pobreza como paisaje.
La resistencia a la modernidad y a la globalización produce estancamiento individual y colectivo.
Porque el individuo que no se agiorna queda relegado socialmente y la sociedad que no se mueve a ritmo queda excluida mundialmente. Razón por la cual, llevar adelante un proyecto de economías de mercado con verdadera conciencia social, es una vía interesante para comenzar a evitar la reproducción de residuos humanos que supimos conseguir.
Pero el tema del lumpen o las subculturas, no es privativo de la sociedad argentina.
Varias sociedades del mundo y en especial las del continente americano atraviesan por un proceso de descomposición social que crea un espacio propicio para la emergencia de nuevos grupos que tienden a caer en costumbres que nada tienen que ver con los usos y costumbres tradicionalmente aprendidos.
Es decir, el progreso económico en algunos países, así como la búsqueda de un orden social, genera un sismo.
Serían pues, los efectos secundarios de la modernidad que desfavorecen a algunos y favorecen a otros.
La ambigüedad del proceso se debe, sin duda alguna, a la falta de criterios y a la imprecisión en la aplicación de recursos. Argentina, sumida en las encuestas de la imagen positiva, la reducción de la pobreza y la desocupación, visualmente, asiste a una realidad diferente. Los homeless, ya no solo forman parte del conurbano bonaerense y barrios precarios de la Capital Federal. Ahora, forman parte del paisaje de los barrios paquetes, dado que allí, se estima que el nivel económico es más elevado.
Pero los sin techo nativos, no son los únicos.
Mundialmente, las poblaciones se ven invadidas por inmigrantes, refugiados y otros tantos grupos. Por lo tanto, el paradigma vigente tiene que ver con la vida cotidiana en las calles.
Con aquellas acciones privadas que se vuelven públicas.
Que violentan pero que lamentablemente forman parte del panorama de las calles de Buenos Aires.
Puertas de Iglesias colmadas de gente pidiendo limosna.
Plazas en las que los marginales componen un escenario que acompaña el verde de la vegetación esperando por un sándwich y un vaso de caldo.
Camas precarias que se montan en la intemperie para pasar la noche.
Una noche, que aunque calurosa, en la calle y en el sueño, siempre es fría. Desprotegida.
Hombres, mujeres y niños recolectando cartones.
Revolviendo la basura buscando que comer.
Alimentándose con la mirada detrás del vidrio de una confitería.
Recoger aquellos muebles que otros tiraron para ir armando una casa dónde sea.
Así se vive en Argentina, y en otros lugares del mundo. Individuos que ni siquiera pueden acceder a un lugar dentro de las villas o los barrios de emergencia.
Pobreza violenta. Marginalidad evitable.
Vidas prácticamente desperdiciadas entorno a la calamidad del desparpajo y a la subestimación de quienes hoy nos gobiernan.
Un país rico en materia prima pero muy pobre en conciencia social y capital cultural. Preocupado por el pasado setentista y noventista y alejado del futuro.
Venganza, odio y perpetuación en el poder, son las premisas de nuestros dirigentes.
Mientras tanto, la vida pasa y la debacle no se encuentra en el imaginario colectivo sino en la realidad cotidiana
En aquellas imágenes que muestran los informativos televisivos, las fotografías de los diarios.
Una lógica del despojo que se agudiza al mismo tiempo que se niega en una sociedad de consumo en la cual, todos nos consumimos.
 
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