La 15: El descontrol que no se ve



La negación como motor de gestión. 


El problema no son los narcos. Estos aprovechan el mercado que los gobiernos les abrieron y las sociedades que entregaron.

Las Villas en Argentina ya no son el espacio de pertenencia para volver a "empezar". Hoy, la máxima de la villa, es la penetración criminal.


La zona sur de CABA se cotizó en marginalidad y violencia en las últimas décadas hasta hacer eclosión, como casi todo, en los últimos diez años de Simulacro Nacional y Popular. Desde mediados de los '90, jóvenes de Belgrano iban a Soldati a buscar cocaína porque era más barata.
En la actualidad, la transa, no es tan sencilla. Sucede que a los puntos neurálgicos de dicha zona ya no tiene acceso cualquiera. Hay que tener un referente de ingreso. Es decir, quien arriba debe tener palanca. Porque la línea paraguaya dura controla territorio y a esa línea, le sigue la peruana. 
Se trata de un territorio, sobre todo en sectores de la Comuna 8 -donde se concentra la mayor cantidad de villas y asentamientos- de sangre derramada. Allí es donde está el grueso de la guerra de narcos fusionados. En donde el perdón es una utopía y el gatillo la realidad.
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De madrugada en Ciudad Oculta

Es la madrugada de un lunes pronunciadamente lluvioso. Son las 6:30 de la mañana cuando en Mataderos apenas se escuchan los susurros que perduran de una noche agitada.

El agite fue el protagonista de la noche que las madres del paco quisieran olvidar al ver tendidos a sus hijos en los colchones o por algún pasillo de por ahí. Están adormecidos por los cocktails de la barbarie. 

Son los menores que integran una de las pandillas más violentas de una villa que para muchos es inofensiva.

Se trata de la 15. La Ciudad Oculta en el borde de Mataderos del lado de Villa Lugano. Ubicada, más precisamente, en Avenida Eva Perón y Lisandro de la Torre.  

Allí, la solidaridad, las pandillas y las bandas narcos conviven en un extraño conglomerado. 

La tormenta es una prolongación del caos que ya no los puede despertar. 

El agite del domingo trascendió la capital. 

Se fueron, los pibes, a buscar paco a la Provincia de Buenos Aires porque sabían de la oferta del dos por uno en dosis de paco y cocaína. Pero también sabían, en la vorágine de la "vida loca", que no iban a quedarse allá a laburar para los "ratis" ni para las banditas. 

El negocio era, para los pibes en banda de la 15, volver a Mataderos. A Villa Lugano.

"Zarpados y al palo" -como cuenta uno de ellos que se siguió dando "rosca" y el sueño no lo volteó- para revender lo que no consumieron por el interior de la villa. Y dejar algo para la banda de pibas de Soldati


Intercambio delictivo

Los de la 15, in situ, no tienen una gran estructura. De hecho, la misma, es casi insustancial aunque práctica a los fines de "prestarla" para los secuestros express y extorsivos. O bien, para "aguantar", como dicen desde su interior, drogas y armas.

Ciudad Oculta (15) recibe su aporte estructural de las Bandas que operan en la Villa 20 de Lugano. Y la 1-11-14 del Bajo Flores. Es decir, todo lo que en estas villas ya catalogadas y divisadas como de alta peligrosidad no se puede hacer o sostener, pasa a ser comandado por la 15 a través de un intercambio de favores. 

Ocultar y/o sostener, a cambio parte de la renta del Narco Menudeo o del delito que de.

Ocurre, que Ciudad Oculta, así como fue un espacio ideal para un film cinematográfico por el "Elefante Blanco", también es el espacio sustancial para la terciarización de una criminalidad que durante la última década, terminó de organizarse, aunque sea mínimamente.  Y eso se debe a que en la ignorancia y la improvisación de gestión, Ciudad Oculta no figura en el mapa de conflicto de ninguno de los gobiernos. Ni Nacional, ni Porteño. 

En la abulia imperante, el terreno pasa activamente desapercibido. Es mejor crear un imaginario de calma. Darle color a la apariencia sin ir a la génesis de la precariedad y miseria a la que sus habitantes, rehenes de la marginalidad y el narcotráfico, asisten en lo cotidiano.

No ven, que Ciudad Oculta, tiene un ritmo de convivencia potencialmente tranquilo pero con una dinámica delictiva que sirve, más que nada, para repartir las diversas vertientes que tiene el aparato delictivo. 

Un aparato que tiende redes y alianzas de connivencia y conveniencia con las bandas pesadas de las villas antes mencionadas.

Los chicos en banda de la 15 son un puente. Un nexo. 

A ellos se les pasa trabajo. Se los fogonea con merca, pastillas y el mejor paco que se consigue en Provincia de Buenos aires. Donde lo rebajan con acetona para que genere mayor poder adictivo. De efímero, pero de contundente efecto. El suficiente para que alguien muera. O el que lo consume o el que en la lógica de la banda, debe morir por pertenecer a otra.

O al que hay que "boletear", como cuentan, porque escuchó lo que no tenía que escuchar y vio lo que no tenía que ver. O simplemente, como otro testimonio dice, "por el flash de matar".


En síntesis, la villa 15 no tiene reclutamiento de menores. Sirve de aguantadero para los migrantes narcos de línea paraguaya asentados fundamentalmente en la 20. Quienes a su vez, pagan con lo que sea, para ser recibidos y en el mientras tanto del ocultamiento, buscan llevarse a
menores entregados, acabadamente, al delito.



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