La Murga Nacional y Popular


Entre Parias, "Bastardos" y Delincuentes.
Argentina, un país con "buena gente".


En la Argentina de Hamlet, cruel y jactanciosamente definida, en materia de Inseguridad, como Estado de Sensación, la integración, es algo que aún queda pendiente.

Un proceso denegado compulsivamente y sometido a la patología del simulacro. Así es, como la constitución de parias por un lado y delincuentes por el otro, componen el escenario más oscuro de la Sociedad Argentina de hoy. Una sociedad, que sin embargo, apuesta al cambio. En primera instancia, a través de manifestaciones callejeras, símbolo de la protesta social de la última década. Y en segundo lugar, ya de manera más contundente y efectiva, mediante el sufragio.

Los Parias

En la cadena de desinteligencias sostenidas, Argentina, creó un espacio propicio, a través de los planes de la vagancia, para la conformación de Parias. Sujetos sujetados, en términos de Althusser, al ocio irremediable. 

Se los puede llamar, como explica Ivan Jablonka en su libro "L'integration des jeunes", "Bastardos".  Como los que predominan en la Banlieue de París. (Ver nota Nuestra Banlieue http://www.soclauraetcharren.blogspot.com.ar/2011/03/nuestra-banlieue.html)

Se trata de los "Bastardos" etiquetados por una sociedad que estigmatiza, ante la ausencia voluntaria de actividades en el campo laboral, a aquellos individuos que componen la Murga de la Victoria. La Murga Nacional y Popular asentada y formada en la constitución de la Ignorancia. La cual permite, con más facilidad, la maniobra de la subjetividad sin límite de edad.


Los Parias o "Bastardos", que arengan, en la "Terapia Nacional", o en los actos televisados, la tergiversación de un país "con buena gente".

Son los "Bastardos", que mientras en los suburbios de París, despliegan su odio quemando coches y estimulando la violencia de razas en Mantes la Jolie; en el Conurbano Bonaerense, por ejemplo, en La Matanza, se jactan del No Hacer bajo el rótulo de una militancia que ni siquiera ellos, en la nube inflamada, logran entender acabadamente mientras despliegan bombos y cánticos sobre la "Revolución".

Entienden, que el negocio del "progreso", consiste en recibir a cambio de legitimar. 

Estratos sociales relegados y auto relegados. Envueltos en la periferia del relato. Desencajados y estimulados en el estancamiento redituable, para el campo político que hoy, maneja los hilos sociales del poder.

Los Delincuentes

En su otra vertiente, liberada y acunada en copiar lo peor del mundo, nuestro país, bajo el Simulacro Nacional y Popular, no sólo importo la lacra delictiva proveniente de Centroamérica, México y Colombia, sino que también, formó embriones locales hasta convertirlos, con abulia y connivencia, en verdaderas organizaciones delictivas que estallan como tales, ferozmente, en el año 2011. Componiendo así, La Argentina Narco Mara.


Enarbolada en la descomposición social que dio triunfo a la Injusticia por sobre la Justicia. 

En donde la Impunidad permitió la consagración del Narcotráfico a punto tal de importar, además de Pandillas convertidas en Maras, la Guerra de Carteles Mexicanos y Colombianos.

Delincuentes que se fueron constituyendo, lentamente, en una nueva clase. En un nuevo sector de la sociedad con sus propios usos y costumbres. Que operan por fuera del Sistema pero que en la paradoja del Poder, es ese mismo poder -perverso- el que los sostiene en nuestra tierra fértil de criminales.

La Murga

Actualmente, nuestro país, baila Murga. Vive el Carnaval más bochornoso de los últimos años. Arma un cotillón de Inseguridad, Inflación y Aislamiento feroz que solo por un mecanismo acomodaticio, apenas comienza, tímidamente, a reconocer.

La Murga Nacional y Popular ni siquiera, con Estrellita Mía en el punto más álgido de la catarsis, reconoce la derrota del pasado agosto. Insiste, en seguir amontonando. En colgarse de los jóvenes que ellos dicen representar. En los pobres que dicen incluir.


Insisten en forjar, un carnaval sin retorno. 

Con esta Murga de insolvencias evidentes. En este manicomio a cielo abierto que hoy es la Argentina castigada. En suspenso. Testigo de la patología de las absurdas comparaciones. De la descompensación que no mide en rating sino en barbarie. Que profundiza, únicamente, la opacidad del futuro. 

Un futuro, que en la locura de la negación, está abandonado. Relegado en medio de egos y divismos. A la espera de lo peor en el seno de la Sensación.








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