"El Kiosquito Nacional y Popular"


La vida está rifada. Los menores son material de uso y abuso. La trata, es el relato de la Villa.

Ni chocolates, ni caramelos, ni chupetines. Tampoco galletitas y bocaditos.

“El Kiosquito”, como lo llaman en la Villa, es el surtidor de droga que tiene custodia en la delantera y en la retaguardia, volviéndolo un cuarto casi impenetrable para la improvisada Seguridad de nuestro País. 

Afuera del “Kiosquito”, la “Protección” del Niño que se encuentra en su interior vendiendo, está en manos de otros Niños Soldados bien armados, así como de un circuito de ex encargados de salvaguardar, supuestamente, el bienestar social. 

Se trata, “El Kiosquito”, de una casilla pequeña que cuenta con una puerta y una ventana que puede tener o no, una reja de división a través de la cual, se abastece a la población quemada por la adicción. Esa porción de individuos del vale todo. Emblemáticos de la cultura del zafe. Componedores, de extraviada inocencia, de esa parte sustancial de la podredumbre que envuelve a la Argentina. 

Son los niños sin rumbo como consecuencia de ausencia de continentes familiares y educativos. Expuestos y exhibidos para ser coptados por los parias entrenados que fueron expulsados de las Fuerzas de Seguridad por corromper, en su interior, el orden. Por haber gestado, dentro de la Policía, una Guerra Interna en la cual, la Buena Policía, debía lidiar con la mafia exterior que era alimentada por la masa crítica interior. 

Son esa gesta insalvable funcional al Crimen Organizado. Orgánicos del Delito que hoy se encargan de “cuidar” el menor que vende, dentro de “El Kiosquito”, con el único fin de recibir la renta del Narco. Es decir, la segunda parte de la renta viciosa porque la primera, la reciben cuando permiten el ingreso de la droga a la Villa calcinada de horror. En donde las Madres del Paco son rehenes de la barbarie extensiva. De la extorsión. 

Protegen su negocio. Ni siquiera, la vida del corrompido por ausencia de controles socio culturales. Emocionales. Y utilizan, a los otros niños de la delantera, para matar, si es necesario, cuando el peligro acecha. 

Los Niños Soldados, dentro de la Villa, son ese montón de todo que con el tiempo, se convertirán en la nada si no se los rescata. Su escuela, es la Narco Delictiva. El entrenamiento para el uso de armas de ilegal procedencia. La preparación física para el combate en los pasillos. El posicionamiento, en las afueras de “El Kiosquito”, para divisar la presencia de intrusos o de Narcos contrarios. Para ellos, la renta, no es económica. Se les "agradece", los servicios de exposición, con blanca. Paco. O lo que de. 

Se trata de la Droga Libre. La remuneración por custodiar la barbarie, es droga para seguir consumiéndose y así, volverse más maleables al adiestramiento que apunta a gatillar como a pitar faso. No hay diferencias. No se discrimina. No hay límites para el caos y lo cierto es, que nadie es ajeno. 

“El kiosquito Nacional y Popular” es una de las nuevas modalidades de la venta de droga dentro de las Villas. Tanto de la Ciudad como de la Provincia de Buenos Aires. Y desde ya, en todo el territorio Nacional. La de Rosario, por ejemplo, es una de las más sofisticadas al respecto. Una de las villas provinciales con mayor crecimiento en los últimos cinco años y con un rendimiento Narco Criminal pocas veces visto. Al costado de la Circunvalación. Donde los Gobernantes de Santa Fe no llegan, sugerentemente, desde hace años. 

El Kiosquito es Nacional, ya que nos envuelve territorialmente. En la Ciudad de Buenos Aires acapara la Villa 31. La 1-11-14. La expansiva Villa Fraga. Y más. 

La Provincia de Buenos Aires, liberada al delito tiene, en cada rincón, un espacio trágico que se crea con la formación de Narco Maras locales e importadas. Esas que encontraron en nuestro país un refugio sustancial, así como un nuevo mercado operativo para propagar el fenómeno más allá de Centroamérica. 

Y en el resto del País (Donde el Feminicidio se esmera en homologarse al de Ciudad Juárez y la creación de Pandillas que mutan a Maras, luego de ser coptadas por los Carteles de la Droga propios y los traídos en connivencia, estalla en colosal tragedia), se exaltan una correlación de episodios macabros con poca difusión. Irresueltos en su mayoría. Como ocurre en Buenos Aires. En donde todos los crímenes vinculados con el Narcotráfico quedan impunes. Se los cajonea o patea hasta que prescriben. (Caso Candela, por ejemplo) 

Fenómenos sintomáticos de una Argentina Narco Mara que ya lejos está de los embriones. Embebida en su peor gesta y en la que fue atrayendo con la permeabilidad de las fronteras. También, con el cuento del acunamiento regional. De la bienvenida al color internacional. 

“El Kiosquito” resta decir, es popular porque no discrimina. A las Villas, cualquiera que lleva la “Teca”, como le dicen al dinero, y se lo muestran al contacto, ingresa. Ahí es donde no hay diferencias sociales. Al momento de consumir, son todos iguales. No interesan los barrios ni los apellidos. Son todos drogones. Adictos. Enfermos fogoneados por un sistema abúlico que hizo de la lucha contra el Narcotráfico, una ficción de cuarta. Que de tan berreta y ficticia, hizo que el delito, en lugar de disminuir, mutara a Crimen Organizado. Sin obleas ni toblerones. Con los ladrillos y las piedras de la muerte.


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