Sectas: La vida hipotecada (Primera Parte)


En momentos de debilidad y cuando el sistema no acompaña las necesidades de los individuos, el oportunismo, suele ser la vía adoptada por los miserables de siempre. Por aquellos que se valen, de la tragedia individual, para llevar adelante un negocio redituable y evidentemente, efectivo.

Las crisis traen aparejadas múltiples consecuencias que repercuten, siempre, en la familia como célula de la sociedad. Se generan situaciones límite y se indaga sobre un intenso abanico de posibilidades que representen una salida objetiva y cuando no, subjetiva.

Hay un juego dual perverso generado por el entorno en el que estamos inmersos y también, por un estado personal de privativas características psicológicas, contradicciones existenciales y sentimientos de pertenencia que comienzan a decaer y a necesitar, de un cambio. De una elevación de la persona que consiste en una exaltación del yo para generar el éxtasis del alter ego en un nuevo grupo.

Una vertiginosa carrera del súper yo que posteriormente se irá deteriorando hasta no ser más que una marioneta inserta en un círculo de compleja abolición del pensamiento crítico.

Entre vías de escape, paliativos y bálsamos de subsistencia.

El negocio de la espiritualidad muestra, por un lado, lo más desagradable de quienes usufructúan con el desequilibrio y por otro lado, lo más vulnerable de quienes entregan todo bajo la creencia de haber encontrado paz. Una cápsula alejada de un mal, que supuestamente, llevan dentro.

Una paz, que en realidad, es un velo. Un fetiche dentro de la opacidad que predomina en la mundialización de la crisis en todas las esferas de la vida.

Se asiste a la perversión. A la vampirización del ser humano que deja de pensar, entregándose a una vida en comunidad asentada sobre un sistema de creencias basado en el compartir. En dar, fundamentalmente, lo material. Ofrendar para experimentar un pasaje a un estado de elevación. De trascendencia de todo y de todos.

PREMISA: Todo es de todos cuando lo cierto es, que es de una sola persona. De ese líder que convoca, con características indudablemente carismáticas, a los débiles que no encuentran un rumbo en la cotidianeidad del trabajo diario. Que no pueden, por falta de herramientas, manejarse dentro de un sistema de mercado que requiere de horarios, responsabilidades concretas y que por lo general, se encuentra alejado de la tan ponderada vida al natural.

Claudio María Domínguez, el “Doctor Amor” y la espiritualidad mediática.

En algunos casos, la espiritualidad, es más una postura que una filosofía. La diferencia es sutil pero contundente. Está marcada por el nivel de la mediatización. Por la divulgación en televisión de formas de vida que no se ajustan a las obligaciones que casi todos los ciudadanos, en tanto adultos, tenemos.

De esta manera, los medios, y bajo la imagen de una figura que logra captar los estados anímicos del receptor, transforman la espiritualidad en una renta. En un negocio amparado en el rating y en la diversificación del mensaje en diferentes espacios. Columnas en periódicos, libros, charlas y visitas a otros programas.

El televidente agudo, lo que siente, es que cuando el discurso espiritual necesita de la televisión para subsistir, se banaliza. Deviene en una industria que genera adhesiones voluntarias (Voluntad por Debilidad) de sentidos utópicos que con el tiempo, terminan retorciendo la mente. 

El mensaje penetra, en algunos, como adaptación a una nueva etapa de la vida y en otros, frente a tanta ostentación de armonía, como un llamado “Manipulador” que tiene, en su génesis, el señalamiento del comportamiento. Una especie de crítica a la confrontación, incluso cuando la misma forma parte de todos los grupos humanos y que bien aprovechada, genera conocimiento.

Se gesta la anulación del pensamiento crítico para poder manejar el rebaño humano.

Claudio María Domínguez

Claudio María Domínguez, lícitamente, hizo de la espiritualidad un negocio. Y digo lícito porque es legitimado por el televidente y amparado por la estructura de un canal (C5N). El tema es que no lo asume y se enarbola en el simulacro de la paz. De la superioridad del Ser, incluso, frente a delitos extremos.

Lo preocupante, en el discurso de personajes como CM Domínguez, es la omnipotencia. Un mensaje enmascarado de dulces palabras que encierra un fin voraz que una persona, por ejemplo, depresiva, no logra captar. Entonces, llega el momento de glorificar. De idolatrar al mensajero de tiernas palabras que maquilla al "monstruo" que camina en la ciudad.


C. M. Domínguez construye, a partir de un discurso que no se acomoda a la ultra modernidad, una modalidad soberbia. Un concepto límite que hace, que hasta él mismo, esté quedando atrapado dentro de su propio negocio. Que esa misma espiritualidad sea su propia devoradora social por un pasado con impronta de Secta.

SECTAS: Imposición y coptados.

Las creencias, en cualquiera de sus formas, institucionales o no, tienen que ver con una construcción subjetiva. Con las formas de actuar, pensar y sentir. Cuando tales creencias quieren imponerse en el colectivo, como la verdad dominante, se diluyen en imaginarios apagados y pierden fuerza ante la masa crítica.

Los mecanismos de coptación tienen, por lo general, el encanto de la promesa y la adulación. Instalar la creencia de la superioridad individual para luego trascender y “aceptar” la existencia de un ser humano superior. (Sectas).

Ocurre en las organizaciones criminales como también bajo el velo espiritual. Los mecanismos de coptación parten de la adoración al individuo y más allá de él. Llevarlo a la cima y después reducirlo a un valor de uso descartable.

Las Sectas tienen que ver, justamente, con la criminalidad. Voraces de la vida humana, sus líderes son "ladrones" que han hecho del amor un negocio peligroso y encubierto. Clandestino en precisión de espacios y de selectivas difusiones lo suficientemente hábiles para obtener, cada día, mayor renta.

Enmascaradas de la voluntad y la felicidad de sus miembros, las Sectas se montan en la vida en Comunidad impartiendo mensajes de "paz" a miles de personas en el mundo que se encuentran arraigadas al ámbito de pertenencia que comienza a devorar cerebros.

Es, en la mentira de la armonía eterna, cuando llega el tiempo del despojos. Parias consumidos por una idea de comunidad que nada tiene que ver con el trabajo en espacios naturales que forja una dinámica económica diferente. 

Por ejemplo, la palabra Comunidad, en el Universo Trucho del Maestro Amor, tiene que ver con la naturalización de la mezcla. Juntos y revueltos bajo estados adquiridos que depredan. Y que en el caso de los niños, los hacen vivir a destiempo.

La secta los está quemando. 

Y los otros, los coptadores compulsivos que bajo la improvisación del Amor degeneran la sociedad, se enriquecen. Redirigen las hipotecas de vida otorgadas por cada uno de los zombies que se jactan, casi inocentemente, de ser "felices".

Continuará

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