Sociedad náufraga


Aprovechamiento, selectividad, antagonismos e inseguridad en la balsa que tiene forma de país.

No es un estado de sensación. Tampoco un deseo, ni un empuje para la barbarie. Es, simplemente, la  realidad actual que sin pretenderlo, nutre a la sociología de abundante material caótico para describirla y tratar de entender la línea de conducta que nos lleva al desquicio.

Así es como nos situamos en el epicentro de lo cotidiano atravesado, como se sostiene siempre en el Blog, por la anomia. Por ese patrón de conducta egoístas y abúlico que solo asoma más allá de sí mismo cuando la tragedia se apoderó de los espacios y es portada de diarios y protagonista terrible de los noticieros.

Cuando el derrumbe, además de escombros, deja a cientos de familias en situación de calle mezclándose todo y poniendo en evidencia el desastre que son también, los lugares de tránsito. Familias que tienen que seguir más allá de la deriva. Bajo la incertidumbre de algo, que en la Argentina de hoy, escasea, el cumplimiento de la palabra. Y el valor de la ley.

Observamos pues, que esa misma moral selectiva anclada en los medios, es un reflejo inexorable de la estructura sostenida en la desconfianza. En la parcialidad de criterios que dominan un sistema de amplias ambigüedades que ponen de manifiesto, no la profundización del cambio, sino la profundización del quiebre del tejido social. (Ver nota en Informes de Medios: La utopía de la moral. http://informesdemedios.blogspot.com/2011/11/la-utopia-de-la-moral.html)

Dos Casos

Caso García Belsunce. Caso Candela. Diferentes tiempos pero las mismas rarezas en los procedimientos iniciales y contiguos. Más, una fuerte selectividad en las líneas de investigación.

Entre el hermetismo; las noticias y la profunda mediatización de algunos aspectos de las fojas; los dos casos generaron y generan interés, así como gran expectativa por las llamativas inclinaciones hacia un lado u otro. Un estado público elocuente que activa el pensar del televidente.

Mientras que con la muerte de María Marta García Belsunce el disparador de la investigación se condujo hacia la familia; en el asesinato de Candela, cuando todo indicaba una impronta familiar fuerte con vertientes delictivas, la investigación, solo se inclino por el afuera. Asentando, algunos periodistas, una visión de víctima de la madre de la menor. Incluso, hasta más víctima que la misma fatalidad.

Existe y existió, un exceso de benevolencia para con la madre que, desde un comienzo, tuvo una retórica llamativa y hasta contradictoria. Sin embargo, a Carola Labrador, solo hay que entenderla en su dolor.

En cambio, la familia García Belsunce, ni siquiera, gozo del beneficio de la duda. Tampoco de la consideración del dolor. Todos adentro, por las dudas.

Dos casos en los cuales, hasta la misma sociedad observa un enrarecido procedimiento. 

Varios presos pero hasta el momento, ningún culpable. Por prevención, sospechas y otros argumentos selectivos y contrariados, los presos están pero los nombres de los asesinos, no.

Aprovechamiento de la tragedia

Tras el derrumbe de Bartolomé Mitre al 1200, si algo se vio, además de la desgracia de las familias, fueron las miserias de nuestros dirigentes. De los políticos irrespetuosos y oportunistas que se sirvieron de la tragedia  -que ya tiene un muerto- para dirimir cuestiones personales y de gestión que gozan, ambas, de consistente ineptitud.

Aníbal Ibarra le devolvió, a Mauricio Macri, bajo el aprovechamiento de la tragedia, gentilezas críticas. Cuando en realidad, a ambos, en la ciudad, le 'estallan'  y “estallaron” construcciones.

Déficit de acción, superávit de negligencia.

En la balsa

Con si fuese un programa de computación, el discurso oficial nacional minimiza la inseguridad y el discurso opositor que mostro su decadencia, inflama los estados. Dos características antagónicas y funcionales a los discursos propios, así como a los qué hacer por venir.

Es por eso, que lejos de Lenin o de los términos en los que hoy se manejan los conceptos de comunismo, socialismo, capitalismo y anarquismo, la sociedad argentina vive en una endeble balsa con formato de país en la que predominan las ridiculeces, las contratapas amalgamadas y la constante cantata de “profundización del modelo” y de ampliación y recuperación de espacios verdes.

Todo es parcial y acomodaticio bajo los parámetros de profundos antagonismos en los cuales, la población bajo estado de incertidumbre y defensiva, busca remansos económicos hoy recortados y un atrincheramiento casero que ya parece insuficiente, debido a la burla que hay sobre los sistemas de seguridad privados y públicos.

De hecho, no existe aún un continente de seguridad que disipe los temores; que genere confianza judicial; que cree vínculos transparentes con la comunidad policial y que por sobre todas las cosas, no se pronuncie como una burbuja ficticia que busca tapar sus propias vulnerabilidades en el contexto de un estado de desconfianza contractual natural con fuertes reminiscencias de pasado, y poca capacidad de construcción de futuro.

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