Caso Tomás: Luto social


El espectro de la barbarie y el estado constante de la muerte. Apuntes de una desgracia.

Cuando muere un niño, se hace muy difícil mirar hacia el futuro. Pero cuando lo matan, se hace más difícil aún porque esa muerte no tiene que ver con el imponderable de un accidente o los avatares de una enfermedad. Tiene que ver, sin más, con la esencia miserable de los hombres.

Con un instinto asesino que tiene forma de Psicópata. Y de esa brutal psicopatía nos volvemos rehenes más allá del qué hacer político. Más allá de los recaudos globales, de las políticas de seguridad que hasta el momento tampoco son suficientes y que cuentan con un déficit funcional a la expansión del Narcotráfico. De las Narco Maras.

Vinculo forzado

El Caso de Tomas no tiene que ver con esa tendencia sostenida del Crimen Organizado instalado en nuestro país.

No se asemeja a la fatalidad del Caso Candela. Por eso, buscar una relación o un paralelo significa establecer un vínculo forzado que crea falacias. Que fomenta el síndrome de la ignorancia que se destaca por regar el oportunismo de las culpas, así como la banalización de criterios emergentes.

La impotencia, la ira y el pánico colectivo son consecuencias inexorables cuando no existe una explicación racional. Cuando la brutalidad se convierte en un monstruo con un objetivo terminal.

Ejercer lo peor sobre un inocente. La perversión del maltrato infantil.

De ahí, que resulte tan complicado pedirle a la sociedad una razón. No podemos exigir moderación cuando las generaciones en formación desaparecen, ya sea por las mafias del Narco y la trata de personas o bien, por la voracidad de un engendro demoníaco amparado en su psicopatía.

Imposible pedir templanza frente a la barbarie. No hay amparos específicos.

Gobierno. Familia. Escuela

Los Gobiernos no pueden actuar como vigiladores de cada familiar. Es decir, la fatalidad se puede ir anunciando pero no te da una fecha precisa. Es por eso que el vínculo o la relación dialéctica entre la institución familiar y escolar son fundamentales para darle, a los niños, un continente emocional que trascienda todo.

Dos espacios de mutuo entendimiento en los que la conducta, la retórica y el desempeño, son el reflejo de cómo se encuentra el niño en materia de estudio. Observar el desarrollo de su socialización primaria y secundaria. Monitorearlo.

Mundialmente hay niños en riesgo que son víctimas de un estado descomposición que requiere lazos de solidaridad consistentes.

Este trabajo está pendiente en la Argentina de Hamlet. En la Argentina que de un tiempo a esta parte consume muerte. Aquella que se empeña en internalizarse. Que llevamos como espectro hacia todas partes. 

A la espera de lo peor. En estado naturaleza.

Cientos de niños desaparecidos. Desapariciones que toman estado público y otras que no.

Estamos, colectivamente, sujetados por las organizaciones criminales. Somos, individualmente, personas sujetas a nuestro propio entorno. A la familia como célula de la sociedad.

La atención de la familia. La atención de la escuela. Cuando los menores a veces no pueden manifestar concretamente sus miedos ante el peligro, dan diferentes señales que debemos atender. Pueden ser pequeñas. No obstante, son siempre señales.

Por tales razones, culpabilizar, en este caso en particular, en un acto de engañoso compromiso, al Gobierno de Scioli, es bastardear la inteligencia social. Es bastardear a quienes nos dedicamos a estudiar la inseguridad. Porque el síntoma de la violencia estaba dado por un entramado familiar de desinteligencias. De afectos encontrados. De odios.

No hay, por más que haya ocurrido en la Provincia de Buenos Aires, una relación con el Caso Candela y los derivados del mismo. Tampoco con otros crímenes vinculados a los Carteles de la Droga y embriones de Maras.

El fin de la muerte

La seguridad tiene que garantizarla el Gobierno pero también la familia tiene que proteger a los niños cuando la trama familiar es compleja. Cuando hay amenazas y un perfil psicópata que va anunciando un hecho delictivo. Que utiliza, la inteligencia psicopática, para llevar adelante su fin último, verdadero. El asesinato de un niño envuelto en el odio.

El asesinato de Tomás.

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