Sobrevivir a la hambruna

La hambruna, otra manifestación de la inseguridad en el mundo.


Trazamos una línea y observamos que, con el paso del tiempo, los problemas de antes se convirtieron en la pesadilla de hoy. Casi sin escalas y sin reparos de atender, acabada y comprometidamente los temas más urgentes, el mundo devino en un campo minado de tragedia.

De imágenes opacas de un paisaje desolador en el que hombres, mujeres y niños se juegan por un minuto más de subsistencia. Porque lejos de vivir, en este Siglo XXI convulsionado, algunos sectores solo procuran sobrevivir. Adentrarse en esa precariedad a la que fueron confinados de la mejor manera posible. Hasta con resignación.

La pobreza, en todos sus aspectos, está instalada. La pobreza y sus concomitantes.

Darfur, Somalía, Haití: Se encuentran en estado de emergencia y con burocráticas trabas para el ingreso de ayuda humanitaria. Personas abandonadas en medio de manejos políticos y conflictos de derecho internacional que ponen de manifiesto la desigualdad ante la ley.


La miseria gubernamental. Los intentos de despojo de la dignidad. Las nuevas generaciones casi muertas y el devenir de una historia que solo aparenta tener promesas de barbarie.

“Desde que estalló el conflicto en Darfur en 2003 han muerto unas 300.000 personas, según datos de la ONU, que estima que se han originado otros 2,7 millones de desplazados, de los que 1,8 millones están en esa región todavía”. (Fuente Terra)

Un mundo de pestes pone en riesgo a toda la humanidad. Es que conscientemente, mientras existan niveles de pauperismo, desnutrición y su estado superior de caquexia, nadie puede sentir una calma absoluta.

La situación actual se anunciaba. “Pésimos augurios. A fines de 2007 se advirtió que para 2008 la desaceleración en la producción de cereales en países pobres y con déficit de alimentos, sumado a la subida de precios de exportación -por el aumento de los combustibles-, hará que 28 países enfrenten una crisis alimentaria. Ya en 2007 la producción de alimentos se hallaba por debajo del crecimiento demográfico”. (Fuente Univisión)

Así, la propagación del estado de indigencia se elevó paulatinamente, instalándose de manera abarcativa como producto del desapego que se vuelve un enfrentamiento moral y visual en el cual, no hay límites ni términos medios.

De acuerdo a los datos arrojados por la ONU, 12 millones de personas están siendo afectadas por la hambruna en Somalía, Kenia y Etiopía. Es una situación, la del Cuerno de África, catalogada como la más grave crisis de seguridad alimentaria en el mundo.

Poblaciones relegadas y confinadas el derrame de la vida. A ese desperdicio de tiempo en el cual las moscas sobrevuelan sobre el indigente que ya es un hueso que respira.

Hasta las huídas o los intentos de las mismas a los campos de refugiados son riesgosas. 1) No poder llegar por el deterioro de los caminos. 2) Morir en el intento porque la desnutrición es más fuerte que los deseos de libertad y escape de la barbarie. 3) Ser interceptados por los bandidos de siempre que impiden la llegada. Que roban, dentro de los campos de atención a los refugiados y en sus inmediaciones.

DATO: Unos 1.300 somalís llegan a diario a Dadaab ubicado al este de Kenia. Dadaab es el campamento más grande del mundo en este momento en el cual, poco más del 80% es habitado por mujeres y niños.

EL HAMBRE DE CERCA

Nos detenemos ahora en nuestro Norte abandonado. Allí donde todo se diluye en la promesa. En donde no hay integración porque se entrecruzan las culturas y porque los pueblos lejanos quedaron sujetados al abuso como regla. A la no satisfacción de sus necesidades básicas como brutal vejación.

Por un lado, los niños que nacen y crecen en la marginalidad asentada. Por otro lado, los indígenas olvidados. A quienes no se les quieren respetar sus tradiciones y por ello, se los somete al castigo de la ignorancia sin siquiera intentar, un parcial agiornamiento.

Sin embargo, el Norte debería existir para la clase política que durante sus discursos de campaña inundan el país con afiches de “basta de hambre y salud para todos”. No obstante, el Norte Argentina sí es un centro conocido por los narcotraficantes que, aprovechándose del olvido y la permeabilidad fronteriza operan cautivantemente e incluso, hasta se esconden –como oportunamente se explicó en este mismo BLOG- en las cercanías de las comunidades indígenas y ahora también, en la precariedad de las villas y asentamientos que cuando ya no pueden dejar de crecer a lo ancho, se inician en lo alto.

La pobreza y la marginalidad se adueñaron. Y así como no existe una reducción de los índices delictivos pero sí hay una mutación del delito; la pobreza tampoco ha mermado. Ha cambiado y se ha desplazado. La han ido corriendo. Sin embargo, en la revelación de la verdad, los ojos atentos la observan en todo el territorio.

Las Arcadas de Paseo Colón (CABA) repletas de colchones y cartones. El Conurbano Bonaerense desolado entre la droga y el hambre.

Y aunque la mitomanía nos esté gobernando, la pobreza existe. No forma parte de los imaginarios. La pobreza no es solo un número de medición. La pobreza, es una realidad que la encontramos cotidianamente en ese fatal quiebre del tejido social que sin responsabilidad, trabajo y bonhomía colectiva, jamás se erradicará. Por más que la misma, sea funcional a Gobiernos, Opositores y Narcos.

Época de elecciones. En sus slogans, todos creen en nosotros. El problema es, que antes esta radiografía de la Argentina, nosotros, no creemos en ellos.

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