Catarsis

28 de junio de 2011

La mentira del progreso y el abuso de la ignorancia.


En la irrefrenable debacle del sentido de la seguridad, se protege el crimen organizado.

Instaladas, acomodadas y sujetas a los placeres de la anomia, las organizaciones delictivas poderosas se han dispuesto a manejar los hilos sociales del poder con el amparo de la ignorancia voluntaria y la compulsiva negación gubernamental.

Minimización ante la maximización de un estado de inseguridad imposible de tapar.

Todo vale en el campo de acción que dejó de ser simbólico para transformarse en un manantial de creaciones escalofriantes que empiezan desde la temprana edad. Buscar, entre los predispuestos, a los más pequeños. A los niños que penden de una soga muy débil que los puede llevar al crecimiento mediante la educación y con ello garantizarse una vida útil o bien, arrastrarse tras las líneas del Narcotráfico asegurándose la muerte.

Convertirlos en Niños Soldados. Pandilleros. Narco Maras.

El eje se posa en el desquicio. La pobreza es una excusa. Y el descenso al Nacional B, es otra.

Ni la pobreza te convierte en delincuente ni el descenso te muta a chorro.

Todos son clichés para cubrir la esencia inmunda del ser humano que destruye porque desconoce el valor de las cosas. El valor del tiempo. La urgencia del trabajo.

La destrucción, históricamente, es más sencilla que la construcción. Así es como cada vez, en el mundo, la estructura del deterioro ensombrece a la estructura del progreso en serio. No, de este simulacro que hoy, en Argentina, se llama Progresismo.

El progreso es, en términos de coherencia, colectivo. No sectario. Tampoco parcial.

El progreso existe en tanto y en cuanto no se privilegie lo peor del pasado para manipular la construcción subjetiva de quienes nacimos en la década del ’70. O denostar a gobiernos pasados para que se naturalicen los actuales estilos despojados de seriedad. Desbordados de liviandad.

Hambre. Crisis alimentaria. Niños desnutridos. Paisaje de indigentes. Muertes por el frío. La locura que penetra. La cachetada del egoísmo. El invierno nos muestra lo peor de la crisis. La fatiga de la necesidad. Y el deseo de algunos, por terminar.


Seguimos adelante.

Tener la mente abierta es legitimar el consumo de la droga.

“Subastar” tu vida en el terreno de la armonía del “cambio” y entregarte a la vagancia estereotipada.

Aterrizar en cualquier acto político creyendo que tu trabajo más trascendental será el de levantar una pancarta, arengar con cánticos y no bañarte. Es que en esta onda de verde de igualdad y profundización del modelo, el agua y el jabón no entran. Así lo revela la muestra de los más jóvenes, así como de algunos actores que lo siguen.

Fumar porro y ser roñoso es “Cool”.

Bajo esos parámetros se pretende conformar una nueva modalidad de familia. La que fluctúa entre la heterosexualidad y la homosexualidad.

Atrasados en cuestiones básicas de funcionamiento, se ahonda en un terreno que requiere de una preparación que cambia amplios lugares de la idiosincrasia. Una paradoja. Empezar por lo más complejo.

Ser progre, en la Argentina actual, es estar a favor de todo aquello que nuestros abuelos nos señalaron como incorrecto. Y no por pacatos o caprichosos, sino por la sencilla razón de que las buenas costumbres no son una moda.

Sin embargo, valores y normas de urbanidad se visten de antigüedad. Como si uno estuviese recortado en el tiempo. Perezoso por agiornarse.


Esquivo de completar un mapa socio cultural que está cambiando y que merece, para ser asimilado globalmente, de tiempo. De espacios de reflexión. De debate sin insultos ni exabruptos.

De una maduración social que hoy no existe porque el tejido está quebrado más allá de los paliativos. De una reestructuración, pantalla de la mediocridad.

Las Maras en el Imaginario

12 de junio de 2011

Persiste la confusión entre Pandillas y Maras. Chiche Gelblung y un informe sobre “Las Maras” atravesado por la utopía.


El tema de Las Maras en Centroamérica atrae, en primera instancia, por la novedad estética y en segundo lugar, por el morbo visual. Es que el impacto de las imágenes tiene efectos en el grueso de la sociedad, en los gobiernos y en los especialistas de éste fenómeno que, desde hace poco más de una década, se expande vertiginosamente por el mundo.

Hablamos de Las Maras. De las organizaciones delictivas que se convirtieron en tal luego de haber recibido el entrenamiento del narcotráfico y de ex ejércitos de elite. Y en algunos casos, a posteriori, de fusionarse con ellos para conformar las Narco Maras.

Estructuradas logísticamente y con un mecanismo de operación global que comienza en la frontera, dichas organizaciones aprovechan la confusión con las pandillas para seguir actuando en un camino que parece no tener retorno en América Latina y que se instaló, vorazmente, en el Triángulo Norte.

La evolución de las Pandillas originales en El Salvador, Honduras y Guatemala (Triángulo Norte) no estuvo acompañada por una evolución a nivel sistema de seguridad de las Naciones. Ni aparatos gubernamentales que vieran más allá del tatuaje que las “consagró” en los medios de comunicación como las temidas MS13 y M18.

Mientras las Pandillas eran divisadas por los Narcos y algunos de sus integrantes se mostraban condescendientes a la coptación de los grupos armados para trascender el espacio que los vio crecer, formó y acunó en el narcomenudeo; la matanza a sangre fría; la lucha por la rivalidad barrial y la pertenencia desenfrenada del barrio; los Estados en América Central desviaban el centro de atención.

TIEMPOS

Había, en materia de gestión, pereza y selectividad. Utilizaban, para evadir la implosión, la criminalización de la pobreza y un déficit vinculado a la desigualdad de oportunidades. Bajo esa opacidad argumental, las Pandillas podían enlazarse al Narco. El tiempo de rescate de los chicos en Banda, había pasado. Ya era tarde. Los códigos del barrio mutaron para ser los códigos de frontera. “El Capo”, en la Pandilla, paso a ser una “mula”. Un soldado. O un asesino compulsivo bajo un sistema de creencias de utópico crecimiento.

Dentro de las Narco Maras, las Maras tiene una jerarquía menor. En cambio, para el afuera, al no conocerse el vínculo, se las considera el todo. El cerebro de la destrucción cuando en realidad, son la parte funcional para que el Narcotráfico prolifere ampliamente.

El Estado Embrionario de Maras en Argentina y los medios de comunicación

Para entender, diferenciar y evitar las falacias, cuando se ingresa a un circuito que atrapa por la perversión, la primera medida es despojarse de los prejuicios y fundamentalmente, de los imaginarios. De lo que uno cree que es o de aquello que cree que debiera ser.

Porque son los imaginarios y los mitos los que llevan al periodismo a dar a conocer lícitas imágenes con un relato que no condice con lo que se ve o bien, que brinda equivocaciones propias de la ausencia epistemológica.

Se trata de los informes que el exquisito periodista Chiche Gelblung y su equipo transmitieron por las pantallas de Canal 13 y Magazine. Informes en los cuales confunden el “atractivo” y peligroso universo de las Pandillas con el mafioso y criminal universo de las Maras.

Un error recurrente de producciones ante la complejidad del fenómeno.

Una observación, la que desde aquí se hace, que busca construir conocimiento y aclarar lo ensombrecido. Porque ingresar con cámaras y policías al Mundo De Las Maras es una quimera.

El Mundo de Las Pandillas no es el Mundo de Las Maras. Y en Argentina, a diferencia de lo que dice el Informe Gelblung, aún permanecen en estado embrionario. Creciente.

La composición de ambas agrupaciones no tiene nada en común, puesto que el pandillero que ahora es marero tiene una caracterización completamente diferente a la del dibujo en la piel, el gorro, los pantalones anchos y las remeras largas. Incluso, el vocabulario cambia porque se necesita de una retórica preparada para poder ser señuelo y espía dentro de los grandes grupos del poder político y económico.

El trazo que las diferencia es delgado pero contundente. Marca el radio de acción. Explica los por qué de la existencia, así como la multiplicación de unas en el mundo y el estancamiento de otras en el mismo círculo vicioso barrial.

Maras y Pandillas: Una confusión que lleva años de estudio por los especialistas en la materia y que encuentra una resistencia mediática -al momento de establecer informes con imágenes- que invita al delirio casi místico de un fenómeno que de ser, solo pandillero, no habría cambiado, en el último año, las medidas de seguridad en El Salvador, ni modificado una construcción subjetiva social, así como un marco de legalidad que actualmente las considera grupos criminales (Inconstitucionales) que van más allá de la Villa o el Barrio de emergencia.

NARCO ORGANIZACIÓN MAFIOSA que llegó a nuestro país no en forma de Maras sino como coptadores de pandilleros para convertirlos en Mareros. Desarrollarse en connivencia con el Narco local e importado.

Veamos. Las Maras que arriban por permeabilidad a la Argentina, lo hacen para formar nuevos grupos con individuos nativos que necesitan de lo mismo que ellas necesitaron para trascender la pandilla. Capacitación, logística, dinero e industria de armas.

En términos superiores e inferiores, dentro de la cúspide narcótica, éstas son las bases que nunca faltan dentro de dicha organización. Herramientas y poderío que las pandillas, por cuestiones de capital cultural y relacional, no tienen ni tendrán si no encuentran un “padrinazgo” vinculado al poder político y económico.

Por eso, el Informe sobre lo que Gelblung ha dado en llamar "Las Maras", no es más que el mundo de las Pandillas condimentado, estratégicamente, con un relato efectista que mezcla sectas, tribus y narcos. Con presencias marcadas por una indumentaria que solo queda en el barrio.


Porque en la frontera, cuando el Narco tiende las redes sociales del poder, Las Maras entran en funcionamiento como si fuesen ejecutivos de siempre. Militantes de marketing que trabajan por la economía que mata a los consumidores al tiempo que lidera el Sub Estado que lograron construir.

El fenómeno Maras no se repite de la misma manera en los continentes, ni hemisferios. Se gesta con su propia idiosincrasia para luego, a través del paralelismo y tráfico de información, adoptar lo que vale y desechar lo que fue, de acuerdo a otras experiencias, contraproducente.

Las Maras de Gelblung son, en realidad, Las Pandillas del comienzo. Las Pandillas de fuerza de choque en la oscuridad.

Las Maras, en su contundencia real, de observación y análisis, son las que operan 24 por 24, sin restricciones. Sin riesgos de fetiches internos. De ahí, que en la obsecuencia por la novedad y el rating, Gelblung, sin quererlo ni necesitarlo, haya caído en la previsibilidad de un informe standard.

Análisis de la UBA sobre Las Maras

7 de junio de 2011

Comparto enlace sobre un estudio realizado por la UBA sobre la relación de las Maras y el Narcotráfico.
http://www.uba.ar/comunicacion/detalle_nota.php?id=2722
 
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