Anemia de ideas

“El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”. (Albert Einstein)


No es asombro ni tampoco resignación. Ni siquiera la naturalización de los hechos que ya son cotidianos en una Argentina violenta y desenfrenada. Tal vez la inquietud tenga que ver con interrogantes. Con el cómo es posible que hayamos llegado a un estado de situación en que la muerte por barbarie sea un episodio más.


Y reitero. No es resignación. Porque de ser así, el mundo tendría que estar absolutamente despojado de conciencia, dejándose llevar por el accionar del crimen organizado. De las mafias conformadas al interior de los grupos del poder político y económico. O bien, por los carteles de la droga que han penetrado, por los menos, en todos los países de América Latina.


El panorama, debido a la negación de los gobernantes no es alentador. Pero tampoco es alentador escuchar a una oposición que tampoco tiene un programa concreto y establecido sobre cómo combatir la inseguridad. Desde lo más básico hasta lo más complejo.


El lenguaje es acotado. Primario. Suministrado por suero.


Francisco De Narváez por ejemplo, lo único que sabe decir es que hay inseguridad y que la culpa la tiene el Gobierno. No es una novedad, tampoco un hallazgo y mucho menos un avistamiento de solución.


Por su parte, otro de los opositores que agota con su auto referencialidad provincial es Alberto Rodríguez Saá. Siempre lo mismo. Habla de San Luis como si fuese la Nación y cuando llega el momento de proyectarse se queda en la ilusión del Wi- Fi. Quiere, pero no puede.


En la Ciudad de Buenos Aires aparece Mauricio Macri. Un obsesionado con los espacios públicos. Cree que iluminándolos llegará la gloria. La paz. Y los vecinos volverán a tomar mate en la vereda. Porque estamos iluminados por los focos y por el Señor. Para que no venga un “chorro” y se lleve hasta la bombilla.


Creo una policía propia que no sirve ni para espiar. Por lo menos, eso lo demuestran quienes están apostados en las esquinas de Avenida De Los Incas y Triunvirato, así como en Olazábal y Triunvirato. Esquinas en las cuales los arrebatadores confunden a los uniformados con semáforos.


Mientras tanto, en la incendiada Provincia de Buenos Aires contamos con la prédica evangélica del Gobernador Daniel Scioli. Un hombre que parece ser bien intencionado pero con intenciones, lamentablemente, no se combate a la delincuencia. Menos aún, se evita la penetración de ex integrantes de ejércitos de elite provenientes de Guatemala y México.


Exonerar a los policías corruptos es la primera instancia de una ardua tarea. Se los exonera y luego, como si fuese un panóptico o un riguroso controlador, se los vigila o aparta para que no recluten a pandilleros que necesitan de cabecillas que conocen de logística para trascender la temible lucha por el barrio.


Por el cuidado de una vereda que madrugada tras madrugada aparece manchada con sangre.


En el Conurbano solo se los aparta de la Fuerza y se los deja operar por fuera hasta que la conformación de pandillas con rasgos de Maras Centroamericanas comienza a hacerse sentir. Pequeños brotes. Embriones en La Matanza. Fatalidad en la zona Oeste sitiada por bandas dirigidas por narcotraficantes que ingresaron al país ante la falta de radarización.


Lo local se entremezcla con lo internacional para conformar un híbrido trágico.


Asesinatos, sobredosis, delirios de piromanía, salideras bancarias, entregas, secuestros, disparos, extorsión. Mafias en los supermercados chinos. Problemáticas en la zona del Abasto en ciertos reductos habitados por miembros de la colectividad peruana y boliviana.


Perseguidos Mareros de América Central arriban a Argentina por ser el nuestro un territorio propicio para la organización de un nuevo universo de Maras. Instalación de pequeñas bases de los carteles de Sinaloa y Medellín.


Más una cantidad de individuos en situación de calle que preocupa por la exposición, al igual que por la homologación intencional y poco inocente de creer que pobreza es delincuencia (Ver nota El Desvío)


Jactancia de matar. “Dios te la vida y yo te la saco”.


Este es nuestro contexto ante un oficialismo y una oposición hasta de sí misma, con anemia de ideas.

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