El carma de la ignorancia

27 de agosto de 2010

Mientras las demencias y vulgaridades de la sociedad argentina siguen su curso, las aulas se van quedando vacías. Porque lamentablemente, la mayoría de los estudiantes en “lucha”, o son eternos alumnos de universidades o bien, confusos adolescentes atravesados por la creencia de la invulnerabilidad y el despotismo.



En el año 2008 escribí Sociedad del alumnado desencantado. Desde ese entonces, nada cambió. Los alumnos, en la Ciudad de Buenos Aires, vuelven a revelarse de manera brutal en las casas de estudio. Las cuales están tomadas. Saqueadas.

Se suma a colegios deteriorados por el paso del tiempo -que han experimentado falta de mantenimiento- el salvajismo de los propios alumnos. Los supuestos desencantdos.

Una supuesta melancolía, la del alumnado, sobre la cual se envuelven y por la cual transitan la vida en una búsqueda constante de marcar tendencia. Una tendencia que lejos de enaltecerlos, los vuelve lumpens mentales o parias que pululan por las calles con actitudes de permanente choque. Poseedores de la osadía de los ignorantes. El carma de la ingnorancia.


Con estas características terminan por defenestrar a todos aquellos adolescentes que sí se preocupan por forjar su futuro a través del estudio, el trabajo y la consolidación dentro de la familia como célula de la sociedad.


Sucede, que actualmente, la media es la vagancia y el descontrol al interior de los claustros de estudio. Con lo cual, los estudiantes que no quieren vaciar las aulas quedan desdibujados y “deben acatar" la voluntad de ese cúmulo de intentos frustrados de aprendices que no hacen más que destruir edificios, menospreciar a los docentes, desde lo moral e intelectual, así como criticar el modelo educativo imperante.

Ver la nota del Año 2008 haciendo click aquí: http://sociedadymedios.blogspot.com/2008/07/sociedad-del-alumnado-desencantado.html

Anemia de ideas

25 de agosto de 2010

“El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”. (Albert Einstein)


No es asombro ni tampoco resignación. Ni siquiera la naturalización de los hechos que ya son cotidianos en una Argentina violenta y desenfrenada. Tal vez la inquietud tenga que ver con interrogantes. Con el cómo es posible que hayamos llegado a un estado de situación en que la muerte por barbarie sea un episodio más.


Y reitero. No es resignación. Porque de ser así, el mundo tendría que estar absolutamente despojado de conciencia, dejándose llevar por el accionar del crimen organizado. De las mafias conformadas al interior de los grupos del poder político y económico. O bien, por los carteles de la droga que han penetrado, por los menos, en todos los países de América Latina.


El panorama, debido a la negación de los gobernantes no es alentador. Pero tampoco es alentador escuchar a una oposición que tampoco tiene un programa concreto y establecido sobre cómo combatir la inseguridad. Desde lo más básico hasta lo más complejo.


El lenguaje es acotado. Primario. Suministrado por suero.


Francisco De Narváez por ejemplo, lo único que sabe decir es que hay inseguridad y que la culpa la tiene el Gobierno. No es una novedad, tampoco un hallazgo y mucho menos un avistamiento de solución.


Por su parte, otro de los opositores que agota con su auto referencialidad provincial es Alberto Rodríguez Saá. Siempre lo mismo. Habla de San Luis como si fuese la Nación y cuando llega el momento de proyectarse se queda en la ilusión del Wi- Fi. Quiere, pero no puede.


En la Ciudad de Buenos Aires aparece Mauricio Macri. Un obsesionado con los espacios públicos. Cree que iluminándolos llegará la gloria. La paz. Y los vecinos volverán a tomar mate en la vereda. Porque estamos iluminados por los focos y por el Señor. Para que no venga un “chorro” y se lleve hasta la bombilla.


Creo una policía propia que no sirve ni para espiar. Por lo menos, eso lo demuestran quienes están apostados en las esquinas de Avenida De Los Incas y Triunvirato, así como en Olazábal y Triunvirato. Esquinas en las cuales los arrebatadores confunden a los uniformados con semáforos.


Mientras tanto, en la incendiada Provincia de Buenos Aires contamos con la prédica evangélica del Gobernador Daniel Scioli. Un hombre que parece ser bien intencionado pero con intenciones, lamentablemente, no se combate a la delincuencia. Menos aún, se evita la penetración de ex integrantes de ejércitos de elite provenientes de Guatemala y México.


Exonerar a los policías corruptos es la primera instancia de una ardua tarea. Se los exonera y luego, como si fuese un panóptico o un riguroso controlador, se los vigila o aparta para que no recluten a pandilleros que necesitan de cabecillas que conocen de logística para trascender la temible lucha por el barrio.


Por el cuidado de una vereda que madrugada tras madrugada aparece manchada con sangre.


En el Conurbano solo se los aparta de la Fuerza y se los deja operar por fuera hasta que la conformación de pandillas con rasgos de Maras Centroamericanas comienza a hacerse sentir. Pequeños brotes. Embriones en La Matanza. Fatalidad en la zona Oeste sitiada por bandas dirigidas por narcotraficantes que ingresaron al país ante la falta de radarización.


Lo local se entremezcla con lo internacional para conformar un híbrido trágico.


Asesinatos, sobredosis, delirios de piromanía, salideras bancarias, entregas, secuestros, disparos, extorsión. Mafias en los supermercados chinos. Problemáticas en la zona del Abasto en ciertos reductos habitados por miembros de la colectividad peruana y boliviana.


Perseguidos Mareros de América Central arriban a Argentina por ser el nuestro un territorio propicio para la organización de un nuevo universo de Maras. Instalación de pequeñas bases de los carteles de Sinaloa y Medellín.


Más una cantidad de individuos en situación de calle que preocupa por la exposición, al igual que por la homologación intencional y poco inocente de creer que pobreza es delincuencia (Ver nota El Desvío)


Jactancia de matar. “Dios te la vida y yo te la saco”.


Este es nuestro contexto ante un oficialismo y una oposición hasta de sí misma, con anemia de ideas.

La Imagen de la Barbarie

19 de agosto de 2010

Material fotográfico copiado del sitio www.hablandodeseguridad.com.ar dirigido por el Sr. Hermes Acuña.
Pistola secuestrada a un delincuente en la que se lee, como puede verse en la imagen, lo siguiente: "Dios te da la vida y yo te la saco".

El Desvío

4 de agosto de 2010

Pobreza no siempre es delincuencia.



Lo que no tendría que ser cotidiano lo es. Aquello que no deberíamos naturalizar, prácticamente, está naturalizado. Y mientras el supuesto progreso nos avasalla, paradójicamente, encontramos la miseria cuadra tras cuadra.


La indigencia. El pauperismo. La marginalidad y la pobreza.


Tal vez sea ese el progresismo del que tanto se habla. Por el cual tanto se trabaja y profundiza. Profundizar la debacle de la sociedad insegura en todas sus esferas. A la espera de lo peor. Desafiando una realidad. Dibujando un futuro bajo la absurda venta de simulacros.


Argentina, en el contexto latinoamericano, convive con delincuentes en un paisaje poblado de personas en situación de calle que se entremezclan con la organización del crimen que se vale de la situación de emergencia en la que se vive.


Existe una combinación de individuos que sobreviven mediante changas; otros que solo piden hundidos en la haraganería del no hacer; padres que explotan a los niños dejándolos en puntos clave de la ciudad por la mañana y recogiéndolos a última hora de la tarde para recolectar las monedas que puedan haber juntado; y aquellas personas adultas y adolescentes que optan, directamente, por robar.


Todas situaciones que exhiben el vacío institucional producto de la inacción gubernamental. Porque la pobreza es una variable que sirve: Por un lado, para culpar a gestiones anteriores. Es una situación heredada gobierno tras gobierno. Por otro lado, la pobreza es el móvil para justificar la inseguridad. Es decir, la pobreza es funcional para colocar a las personas marginales en el rol de “todos delincuentes”, tapándose, socarronamente, la verdadera composición de la mafia delictiva en el país.


Hoy, pobreza y delincuencia, son el gran síndrome argentino que avanza sin límites. Dos conceptos antagónicos que los gobiernos buscan relacionar, de manera forzada, para explicar los por qué de la barbarie de la que somos testigos y activos participantes.


La unión de las variables no puede extenderse masivamente a todos los actos delictivos, ya que es algo que tiene que ver con la manipulación de los imaginarios, más que con la realidad colectiva. De hecho, la recolección de datos encuentra una estadísticas de excluídos asesinados por su condición. Es decir, erradicados por estar etiquetados por no tener.


De ahí, que asentados sobre la estructura de la fabulación, los gobernantes siguen marchando hasta crear un espacio de confusión y simulación que afecta negativamente el desarrollo y la evolución social. No obstante, promueve, “magníficamente”, el arribo de los carteles de la droga; la creación local de pandillas cada vez más sofisticadas; la penetración de Maras.


Un conglomerado enfermizo que se busca tapar con la existencia de la pobreza a través del desvío. Es por eso que, en la óptica macabra de los grandes grupos del poder político y económico, la marginalidad debe existir para ser la pantalla del tsunami de violencia que nos está volteando.
 
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