Entrevista para La Nación Revista.

Rodgers, un inglés de 35 años, había sido invitado en junio de 2006 por la Universidad Nacional de San Martín para disertar sobre los movimientos sociales en la Argentina.

Sobre las Maras centroamericanas, Rodgers señala que "son organizaciones colectivas mucho más definidas, que exhiben una continuidad institucional, una participación regular en actividades ilícitas".

De ahí la importancia de diferenciar las pandillas de las Maras.

Sobre este punto, la socióloga argentina Laura Etcharren, columnista de Total News Agency, de la Argentina, y de ANA News Agency, de Nueva York, y estudiosa de la problemática Mara en Centroamérica y su estado embrionario en la Argentina, asegura que en nuestro país existe "un gran desconocimiento, mucha precariedad teórica y demasiada precariedad empírica a la hora de abordar una problemática como esta".

-¿Qué distingue a la pandilla de la Mara?
-Una pandilla está compuesta, en un 90% de los casos, por chicos que emergen de la exclusión social y se juntan para tener un poder que individualmente no tienen y que creen que van a obtener mediante esa unión. Son chicos que están con el merodeo de la marihuana, del paco, delitos menores. Esos mismos chicos, con el paso del tiempo y debido a una necesidad de tener más poder, son puestos en una especie de panóptico para los verdaderos narcoterroristas. Es decir, están vigilados por éstos últimos para saber cuáles son los más aptos para trascender la pandilla.

-Tienen objetivos distintos, entonces.
-El mundo de las Maras es el crimen organizado, el narcoterrorismo, los escuadrones de la muerte. Cooptan a los pandilleros y los mandan a cometer delitos que los cabecillas del narcoterrorismo no realizarían. De ese modo, los chicos dejan las pandillas, dejan la lucha por el barrio y pasan a la disputa por la frontera. Mientras las pandillas luchan por el barrio, las Maras lo hacen por las fronteras, ya que quienes controlan las fronteras dominan los hilos sociales del poder, del narcoterrorismo.

Para Etcharren -autora del libro Esperando las Maras. Estado embrionario en Argentina , Ed. Catálogos-, el primer indicio de la actividad Mara en el país ocurrió en 2006. "Ese año fue asesinada María Eugenia Ledesma, de 22 años, en La Matanza, por un integrante de la Mara Salvatrucha, que había emigrado a la Argentina y conformado una pandilla en la zona. Ese delincuente, apodado El Lágrima, luego viajó al Perú y el crimen de María Eugenia quedó impune".

-¿Cómo saber si un acto delictivo es producido por una banda o por una Mara?
-Por sus características. Hay pandilleros y hay bandas comunes que roban y matan. Pero las Maras tienen su propia característica, que es la extrema violencia. El accionar mara está ligado a la tortura física.

Los narcomaras
Ser marero no es sencillo y tiene sus ritos y sus códigos. Una vez que alguien ingresa en una Mara, jamás podrá abandonarla. De intentar hacerlo, le costaría la vida. Los jefes maras sólo admiten una excepción: convertirse en evangelista, que es la fe que los une.

Una de las formas de iniciación de la Mara Salvatrucha es que el candidato se someta a 13 segundos de brutal golpiza sin que pueda defenderse. Si sobrevive a eso, será un Mara. Por último, y como forma extrema de iniciación, el candidato deberá asesinar a un miembro de una organización enemiga. Matar porque sí.

Un informe de la ONU da cuenta de que alrededor de 70.000 integrantes de las Maras operan en Centroamérica, distribuidas en siete países: Honduras (36.000 miembros), Guatemala (14.000), El Salvador (10.500), Nicaragua (4500), Costa Rica (2600), Panamá (1385) y Belice (100).

La Mara Salvatrucha, al decir de las autoridades, ya se ha convertido en una gigantesca organización criminal. Según relevamientos, está integrada por mercenarios que se alquilan a cualquier cartel de la droga con el objeto de lograr sus propósitos. El más inmediato es la creación de un corredor que vaya desde Colombia, pase por El Salvador y otros países de la región hasta llegar a su destino final, Los Angeles, California. Sólo la Mara Salvatrucha posee alrededor de 50.000 miembros, y algunos estudios indican que ya hay Maras en Canadá, España, Australia y Líbano.

"En la Argentina -explica la socióloga Etcharren- están presentes, aunque muy embrionariamente, en algunas bandas y pandillas, como la banda del Guacho, Las Pirañas, o Los Niños Populares, de Rosario".

-¿Cómo es la estética de los mareros en la Argentina?
-Tienen algo en común con la vestimenta y con la música que escuchan, pero no son un calco de las Maras salvadoreñas.

-Hablamos de los ritos de iniciación, pero, ¿cómo un marero pega el salto a los carteles de la droga?
-Cuando empiezan a crecer dentro de la pandilla y se perfeccionan en el delito, empiezan a ser mirados por los carteles de la droga. Se encuentran en el panóptico. En el centro de la cooptación. Los narcos empiezan a ver que chicos de distintas bandas tienen características mentales y actitudes en materia de acción funcionales para la cooptación. Así se inicia un proceso de conformación de lo que he dado en llamar narcomaras.

-¿Qué hacen, exactamente?
-El trabajo que los narcos no harían. Los trabajos menores, como el "narcomenudeo", ser señuelos, o mulas, hasta alcanzar escalones de relación con los grupos del poder político y económico. Pasa a la Mara cuando empieza a relacionarse con el crimen organizado. Las Maras que buscan el dominio de las fronteras, a veces, no siempre, se separan del crimen organizado relacionado con el narco. Por eso, en la frontera también está la puja entre los distintos carteles de la droga, entre los desprendidos de las pandillas que ya se organizan con un cabecilla narco que los alinea. Y tenés el terrorismo. Un combo ultraviolento en la frontera.
Por Jorge Palomar

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