Argentina al revés


La incapacidad evolutiva.
Como si fuera un estado de compulsión social, el delito en la Argentina se incrementa con jactancia y desparpajo atendiendo a un proceso de indefensión que se multiplica con cada crimen, con cada violación, con cada robo.

Nos elevamos en la impunidad al mismo tiempo que nos reducimos en la evolución. Y el desquicio que podemos ver en algunos rostros así como en ciertas acciones son el emblema del hartazgo que se acarrea en las diferentes visiones que, paradójicamente, se tienen ante los mismos hechos que nos delinean como sociedad presente pero también, como futura.

De ahí, la importancia de sentar las bases en materia de seguridad para educar a las nuevas generaciones. Desde el fortalecimiento de la educación en su relación dialéctica con la familia; el valor de los usos y costumbres de la tradición; la importancia de la formación y la instrucción; el desarrollo de los actos desde la temprana edad; la higiene física; hasta la sanidad mental.

Premisas básicas que hoy aparecen diluidas o relegadas por expresarse como sinónimos de rigor que no permiten el “libre” crecimiento del menor. Fijar pautas y normas es recortar libertades. Entonces, se impone la cultura del “zafe” y de la impunidad.

Porque ante la falta de continentes legales y emocionales a nivel general, el derroche de la violencia acapara las diferentes esferas de la vida hasta pronunciarse como la regla primera de los individuos que no encuentran un espacio de diálogo en el cual no tenga cabida la violencia física y/o verbal.

Entonces se cortan las calles. El menor victimario pase a ser víctima. El cliché de la prolongación de la adolescencia se instala como excusa.

No podemos ver como enemigos a los menores. Con pelo lacio de prometo que te vas a casar y con rulos vacilo en mis decisiones porque parte de la sociedad no aprueba el “casamiento” entre personas del mismo sexo.

El factor emocional se incorpora a las otras dimensiones de la variable violencia.

Seguimos las pistas del caso de Los Pomar, no las seguimos y de golpe aparece toda la familia muerta a tan solo 20 metros de la ruta.
Asesinatos, desapariciones. Inacción. Discontinuidad.
Bandas que se conforman y embriones que paulatinamente se van materializando en agrupaciones de alta peligrosidad que componen los inicios de la centroamericanización del país con características locales e importadas.
Frente a este panorama de alta complejidad inoperante, asistimos pues, al revés de los procedimientos y a la creencia de que el agiormaniento social es equivalente a la devaluación de la familia como célula de la sociedad.

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