Narco Maras


La fusión de dos organizaciones criminales que se sirven hasta de los pueblos originarios para ascender a la cúspide delictiva.

Después de Poveda

A partir del asesinato del documentalista franco español Christian Poveda, los rasgos mafiosos en los diferentes crimines trascienden a las simples pandillas centroamericanas con las comunes características estéticas de los tatuajes.

Se observa, por un lado, un universo de pandillas estancado en la marginalidad de la cual emergen y que se plasma en la lucha constante con la pandilla rival. Por otro lado, los avances en materia de investigación revelan que la fusión Narco Maras se ha instalada en el Triángulo Maras Centroamericano alineándose con la mafia del crimen organizado para marcar la diferencia con las bandas antes mencionados y los que ascienden al rango de Maras e incursionan así, en el manejo de la industria de armas así como de la droga.

Existe, por deducción y circunstancias empíricas, una ligazón entre pandillas-indígenas-narco-terrorismo- Estados terroristas que se irá ampliando en próximas notas.

Se trata de indígenas de los cuales se valen las Maras propiamente dichas para desviar la atención. Es decir, la existencia de los pueblos originarios deviene en material de utilidad para la expansión de las organizaciones terroristas en sus distintas vertientes, generándose un rompecabezas, según fuentes especializadas y consultadas, que traerá muchos cambios en la seguridad mundial.

De hecho, hay que considerar que la preponderancia de la Mara Salvatrucha en la región no es casual sino causal. Entre otras cosas, sus miembros son mucho menos visibles y accesibles que los de la Mara 18. El motivo más destacado es la relación que mantiene la MS13 con la mafia mexicana. Eso le permite que la lucha por el control del narcotráfico en la frontera de México le sea siempre mucho más favorable a esta Mara que a la M18. Además de beneficiar la incursión de miembros de la organización a diferentes lugares de Estados Unidos como Virginia recreando los típicos escenarios violentos de El Salvador, Guatemala, Honduras y en menor medida, Nicaragua.

Culturas originarias

La falta de integración de las culturas originarias es, entre otros factores, el desencadenante del masivo crecimiento cuantitativo y cualitativo de las Maras en Centroamérica así como de la paulatina conformación larval en América Latina.

El caso de guatemalteco cuenta con indicadores representativos para explicar la no intencional funcionalidad de los indígenas a las Maras y Pandillas. Porque al no ser integrados de manera acabada a la sociedad guatemalteca, se encuentran relegados en todas las esferas de la vida y sus asentamientos no son visitados. Con lo cual, son semilleros ideales para el ocultamiento de pandilleros y para la infiltración de las Narco Maras que pueden ofrecerles cierta manutención a cambio de espacio físico para su desarrollo.

Veamos. En Guatemala, más de la mitad de la población es considerada como indígena, es decir que más del 50% habla una lengua indígena y se siente como indígena. Pero los mismos adolecen de una real representación en la sociedad.

Desde el pasado colonial y la actitud de los políticos, hasta la vulnerabilidad de las estructuras políticas pueden explicar el confinamiento de los pueblos de los cuales hoy, conforme a las últimas observaciones directas y a la reorganización del mapa de ramificación del crimen organizado, se sirven los desprendidos de las Pandillas que se encuentran aún, en un punto medio, y las Maras ya fusionadas con los narcoterroristas.

Se inaugura así, una línea de tiempo globalizada que invita a la desviación y a la centralización del poder en las manos de la fusión que se sirve de todo aquello que pueda favorecer sus condiciones de vida y superviviencia en el mercado de la guerra.

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