Favelas "militarizadas"

19 de octubre de 2009


La guerra de narcos entre Amigos Dos Amigos y Vermelho como reflejo del propio fenómeno carioca.

Cerca del triángulo embrionario de Maras, Brasil se perfila como un país que avanza en materia política así como en el entramado de relaciones internacionales. Sin embargo, los matices de la guerra de narcos al interior de las favelas lo encierra, globalmente, en la opacidad latinoamericana referente a la inseguridad. Y aunque resulte ingrato saber que cada vez cuesta más hablar de seguridad en la escala mundial, debemos atender a la realidad que indica que la violencia nos ha atravesado y que con ella se han gestado las máximas expresiones de la debilidad de quienes nos gobiernan pero también de los que se oponen.

Ni unos ni otros saben qué hacer frente a un deterioro aparentemente circunscripto en la marginalidad y cuya génesis está, en realidad, en la lucha por el poder del narcotráfico dentro de las coordenadas marcadas por los países productores y los países consumidores, atendiendo a las demandas europeas.

Bajo estas características destructivas del tejido social se desata, en el país carioca, la sangrienta y consecuente guerra de narcotraficantes que tiene su epicentro en la ciudad de Río de Janeiro en donde el día sábado se desató el caos entre dos bandas de narcos que se disputaban los puntos de venta de droga. La intervención de la policía y militares agudizó el conflicto, ya que con ellos se sumaban otras fuerzas necesarias de combatir para cada una de las bandas en cuestión.

Se trató de los Narcos pertenecientes al Comando Vermelho y a los Narcos que conforman Amigos Dos Amigos. Cuando los primeros intentaron invadir el lugar en el cual reinan los segundos, Morro dos Macacos, la batalla tuvo su comienzo inmediato hasta conseguir, según informan los periódicos de Brasil y el mundo, un total de 12 muertos, ocho heridos, un helicóptero policial derribado y un camión. Más diez autobuses incendiados.

Hechos que dan cuenta que a diferencia de lo que sucede en la Centroamérica triangulada o bien, en la situación larval de Chile, Uruguay y Argentina en materia de Maras, Brasil tiene su propio fenómeno que es el de las favelas “militarizadas” por los narcotraficantes.

Sucede, que en Brasil, las favelas son esplendorosos semilleros de Narcos que se entremezclan con el paisaje de la pobreza que les es funcional para poder arraigar en el espacio elegido y luego expandirse hacia otras favelas que son territorios a conquistar en los que se maneja el narcomenudeo pero también, la rentabilidad internacional del negocio de la droga que se mueve al interior de dichos asentamientos. De ahí, que el Comando Vermelho que maneja Morro de Sao Joao haya intentado penetrar en Morro dos Macacos.

Al dominio Narco dentro de las favelas debe sumársele el de aquellos individuos que ya no forman parte de las fuerzas de seguridad oficiales pero que ofrecen sus servicios para “proteger” a los habitantes. Ex policías, agentes fuera de servicio y bomberos son algunos de los interesados en erradicar a los narcos y pandillas que circulan por los amplios corredores de la condenada miseria.

Se las llama “Milicia” y no son mencionadas abiertamente. En poco tiempo han crecido considerablemente y en el repaso de los hechos se observa cierto componente relacionado con lo que ellos dicen querer combatir y por otro lado, un aprovechamiento inusitado del drama que se vive.

Se debaten los controles y en la aceptación de las “Milicias” se percibe la fragmentación de los pobres. De hecho, del PORTAL BBC Mundo, el Blog extrae el siguiente testimonio anónimo que habla de la alta peligrosidad de estos grupos conformados que, en materia de violencia, poco los diferencia de los Narco.

“Ellos lo controlan todo, exigen, asesinan. Si no haces lo que ellos quieren, tu destino es la tumba".

Nuevamente asistimos a la regla como abuso. A la condecoración del delito creciente frente a la incapacidad y a la falta de control de los registros de los policías apartados de la fuerza que se dedican, en algunos casos, a coptar jóvenes para adiestrarlos eficazmente en el narco crimen. Porque si bien la policía de Brasil es una de los cuerpos con mejor entrenamiento, no alcanza para controlar a las organizaciones criminales que carecen de disciplina interna. Ello se debe a que existe una relación directamente proporcional entre el aumento de la criminalidad y el aumento de narcos. Narcos que re reúnen en distintos puntos de la ruta de la droga con otros narcos de distintas nacionalidades con los que han estrechado lazos de “solidaridad”. Peruanos, bolivianos, colombianos y venezolanos.

Un estado de situación que excede a los 4500 efectivos de la policía que por estos momentos se movilizan en Río de Janeiro para frenar la jactanciosa y desafiante guerra narcótica iniciada el fin de semana. Una ciudad turística por excelencia en la que se conjuga la característica alegría con la toma de las armas en el contexto urbano.

Narco Maras

13 de octubre de 2009


La fusión de dos organizaciones criminales que se sirven hasta de los pueblos originarios para ascender a la cúspide delictiva.

Después de Poveda

A partir del asesinato del documentalista franco español Christian Poveda, los rasgos mafiosos en los diferentes crimines trascienden a las simples pandillas centroamericanas con las comunes características estéticas de los tatuajes.

Se observa, por un lado, un universo de pandillas estancado en la marginalidad de la cual emergen y que se plasma en la lucha constante con la pandilla rival. Por otro lado, los avances en materia de investigación revelan que la fusión Narco Maras se ha instalada en el Triángulo Maras Centroamericano alineándose con la mafia del crimen organizado para marcar la diferencia con las bandas antes mencionados y los que ascienden al rango de Maras e incursionan así, en el manejo de la industria de armas así como de la droga.

Existe, por deducción y circunstancias empíricas, una ligazón entre pandillas-indígenas-narco-terrorismo- Estados terroristas que se irá ampliando en próximas notas.

Se trata de indígenas de los cuales se valen las Maras propiamente dichas para desviar la atención. Es decir, la existencia de los pueblos originarios deviene en material de utilidad para la expansión de las organizaciones terroristas en sus distintas vertientes, generándose un rompecabezas, según fuentes especializadas y consultadas, que traerá muchos cambios en la seguridad mundial.

De hecho, hay que considerar que la preponderancia de la Mara Salvatrucha en la región no es casual sino causal. Entre otras cosas, sus miembros son mucho menos visibles y accesibles que los de la Mara 18. El motivo más destacado es la relación que mantiene la MS13 con la mafia mexicana. Eso le permite que la lucha por el control del narcotráfico en la frontera de México le sea siempre mucho más favorable a esta Mara que a la M18. Además de beneficiar la incursión de miembros de la organización a diferentes lugares de Estados Unidos como Virginia recreando los típicos escenarios violentos de El Salvador, Guatemala, Honduras y en menor medida, Nicaragua.

Culturas originarias

La falta de integración de las culturas originarias es, entre otros factores, el desencadenante del masivo crecimiento cuantitativo y cualitativo de las Maras en Centroamérica así como de la paulatina conformación larval en América Latina.

El caso de guatemalteco cuenta con indicadores representativos para explicar la no intencional funcionalidad de los indígenas a las Maras y Pandillas. Porque al no ser integrados de manera acabada a la sociedad guatemalteca, se encuentran relegados en todas las esferas de la vida y sus asentamientos no son visitados. Con lo cual, son semilleros ideales para el ocultamiento de pandilleros y para la infiltración de las Narco Maras que pueden ofrecerles cierta manutención a cambio de espacio físico para su desarrollo.

Veamos. En Guatemala, más de la mitad de la población es considerada como indígena, es decir que más del 50% habla una lengua indígena y se siente como indígena. Pero los mismos adolecen de una real representación en la sociedad.

Desde el pasado colonial y la actitud de los políticos, hasta la vulnerabilidad de las estructuras políticas pueden explicar el confinamiento de los pueblos de los cuales hoy, conforme a las últimas observaciones directas y a la reorganización del mapa de ramificación del crimen organizado, se sirven los desprendidos de las Pandillas que se encuentran aún, en un punto medio, y las Maras ya fusionadas con los narcoterroristas.

Se inaugura así, una línea de tiempo globalizada que invita a la desviación y a la centralización del poder en las manos de la fusión que se sirve de todo aquello que pueda favorecer sus condiciones de vida y superviviencia en el mercado de la guerra.
 
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