"El oficialismo marero"

El desgaste social como consecuencia del desquicio gubernamental.
Breve panorama continental.

Arengados al interior de la barbarie grupal que los estimula para pasar de potenciales delincuentes a delincuentes feroces, los narcotraficantes van mutando en su composición, al tiempo que contribuyen en profundizar la descomposición social que se extiende a lo largo del continente.

Una centroamericanización latinoamericana en materia de inseguridad se entremezcla, en el caso específico de Argentina, con una chavización en materia política. Se eleva el descontento de los diferentes estratos de la sociedad pero la osadía gubernamental no decae. Al contrario.

Se asiste, en la vorágine de los sentidos sociales opuestos, al desequilibrio sustancial de un país atado a las vinculaciones con más desprestigio que se puedan entablar y se esgrime, en los proyectos, democratización.

El escenario desborda de incapaces y perfectos tergiversadores. Profesionales de la mentira enarbolados en el mal uso de lo popular y nivelador.

Mientras tanto, el estado de situación en materia de seguridad estalló y con ello, el colapso en las distintas esferas de la vida es un hecho.

El triángulo embrionario de Maras avanza como gigante.

La mafia del narco es parte integrante de los hilos del poder y desde el gobierno las operaciones de lucha son caducas porque a ciencia cierta, no hay movilización.

No hay un plan para combatir el narcotráfico porque no se sabe o no se quieren saber, voluntariamente, cuáles son las relaciones más mediatas de los narcotraficantes que se mueven, en la permeabilidad de la frontera, con desparpajo, jactancia y sigilosa coptación de menores pandilleros con ansias de trascender la banda.

En Centroamérica, la MS13 llamó a la guerra. Se impone la guerra de las Narco Maras.

Una guerra que ya no solo es entre miembros de distintas Maras sino entre las Maras, los gobiernos, los pandilleros y los desprendidos de las pandillas que fluctúan sin saber aún, cuál es la organización en la que encontrarán mayor satisfacción criminal y mejores relaciones con los grupos del poder político y económico que es, empíricamente, aquello que les asegura la ganancia económica deseada.

En Argentina vamos por la misma vía. Pandilleros escurridizos arriban al país para imponer su estilo, modos de operación y alinearse junto a los pandilleros locales. Ambos, en la búsqueda de ser Maras.

Devoran América Central en el triángulo Mara y van por la triangulación embrionaria de América Latina que incluye a nuestro país y a la que se le debe sumar, la evidencia accionaría de las dos últimas administraciones (Kirchner/ Fernández) que devoran, bajo el velo democrático y de los DD.HH, al pueblo argentino.

Contamos entonces, con el estado embrionario de Maras que empieza a devorarnos y con el “oficialismo marero” que busca arrasar con todo lo que encuentra, bajo el perverso y desequilibrado cliché del debate en el Congreso.

Buscan, como la hormiga marabunta, imponer lo peor de la política hasta que el tic tac del reloj deje de sonar.

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