El costo del retrato

El asesinato del prestigioso documentalista Christian Poveda.

El inicio de un tema de investigación puede ser muy grato para quien lo emprende pero muy molesto para quienes, en algunos casos, son objeto de estudio. Eso sucede con Las Maras y su mundo. Un mundo que ya no es impenetrable aunque sí, ciertamente peligroso cuando uno ingresa.

Las imágenes se convierten en la declaración de una guerra en la grave extensión del terrorismo. El retrato es imperdonable y la exhibición de una construcción de la subjetividad basada en sus alianzas con los narcotraficantes para constituir las narco maras tiene su costo.

Fue así, com la M18 no le perdonó al talentoso cineasta y fotógrafo franco español, Christian Poveda, haberlos filmado para realizar el prestigioso documental “La vida loca”.

Desde la barbarie de la cárcel, un jefe Mara, Nelson Lazo Rivera, ordenó su asesinato. El cual se cometió en San Salvador.

“Lazo Rivera ordenó a otros pandilleros investigar a Poveda y les dio instrucciones de que lo asesinaran si confirmaban que era un informante. Los pandilleros solicitaron a Poveda, a quien identificaban como 'El Amigo', que se reuniera con ellos el 30 de agosto, pero el fotógrafo no acudió a cita, lo que les hizo pensar que la versión de que era informante era cierta, dijo Cotto. Los miembros de la 'Mara 18' citaron nuevamente a Poveda el 2 de septiembre a reunirse cerca del barrio La Campanera, a unos 10 km al noreste de San Salvador, donde lo asesinaron, agregó el oficial”. (http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5g8uj3yDXQ2_cyCHDu2z4bXJ4Vvsw)

Fueron 16 meses consagrados a un trabajo de campo basado en la observación directa, la toma de fotografías y la filmación de capturas y juicios. Poveda contaba con el permiso de la policía, el sistema judicial y de algunos pandilleros que habían ingresado en un camino de reinserción social.

El documental muestra, entre otros actos, los usos y costumbres de una de las pandillas más peligrosas de Centroamérica que tiene células dentro del triángulo Mara Central, así como en España, Canadá, El Líbano y su potencial presencia embrionaria, junto a la MS13, en América Latina.

Con lo cual, lo que se confirma y que atiende al razonamiento que hace este Blog desde hace tiempo, es que no han sido los integrantes de la banda los autores del crimen, sino Las Maras. Aquellas que han logrado desprenderse de las pandillas para vincularse con los grandes grupos del poder político y económico. Así como con los ex integrantes de ejércitos de elite, narcos y el crimen organizado.

Es decir, quienes verdaderamente asesinaron a Poveda son los desprendidos de la 18 que buscaban escalar para dominar los hilos sociales del narcotráfico. Fueron las narco maras que necesitan esconderse, que se mueven en la impermeabilidad fronteriza y que no desean ser equiparadas con una banda, ya que ésta última, en la carrera de ascenso, es una instancia menor de novatos.

Los pandilleros captados por especialistas para iniciar la complicada vía de readaptación, dentro de una sociedad que ya los ha estigmatizado como delincuentes y desviados, no han sido los autores del crimen.

En este contexto de violencia y sofisticación de la organización criminal, la diferencia entre Pandillas y Maras no es caprichosa ni voluntarista. Es, simplemente, el reflejo de una realidad que requiere de dinero, tácticas y estrategias, movilidad y cierto velo gubernamental.

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