La celebración del mal

Un recorrido por Ciudad Barrios y un continente que sucumbe con la presencia de las Maras.

Panorama regional
El conflicto en Honduras (Ver nota El Show de Zelaya) es uno de los tantos complementos que hacen de la región un espacio de barbarie característico y en crecimiento que marca la distancia con el desarrollo y la evolución que pretende penetrar colectivamente.

Se asiste, frente a la profundización del caos, a la debacle de los sistemas de partido y al apogeo de las Narco Maras.

Agrupaciones cada vez más sólidas a nivel estructural como en la formación de cerebros delictivos finamente adiestrados para incursionar en las mafias que hacen de Centroamérica uno de los territorios más temidos de todo el continente que exporta tácticas y estrategias; individuos mafiosos relacionados con el poder político y económico; pandilleros y niños en formación criminal.

Hechos que revelan incapacidades, brutalidades y la lucha por manejar los hilos sociales del poder vinculados al narcotráfico en la permeabilidad maliciosa de las fronteras que se abren para el tráfico de personas y drogas. Con lo cual, la instalación del sentido común ante el panorama presentado no puede dejar de considerarse un concepto límite o bien, un sentido que no puede actuar en un contexto que versa, en materia política, en una cubanización de América y en materia de inseguridad, en una centroamericanización latinoamericana.

Cárcel de la MS13
Las dos Maras rivales pertenecientes al Triángulo Mara Centroamericano son la M18 y la Mara Salvatrucha (MS13). Esta última, a pesar de algunas versiones encontradas entre los especialistas en el tema, es más peligrosa que la M18 por su estrecha relación con los Narcos así como con los grupos terroristas del tipo Al Qaeda.

Incontinentes en su forma de proceder y carentes de un sistema penitenciario de contención y rehabilitación, éstas Maras digitan los crímenes desde las prisiones gozando de la indiferencia voluntaria de los custodios a cargo.

Custodios con quienes entablan, en algunos casos, una relación de complicidad que vuelve más difícil la tarea de erradicación de estas agrupaciones delictivas.

Las cárceles son experimentadas por los Mareros como espacios de reencuentro y planificación de lo que está por venir. De aquellos golpes que se preparan con metodología y método al igual que una investigación científica.

Se tejen coordenadas y se abre el diálogo para erradicar lo que molesta o entorpece el trabajo dentro de la misma prisión. De este modo, la cárcel que compartían estas dos pandillas ahora solo la albergan los miembros de la MS13 tras haber arrasado el pabellón que alojaba a individuos de la mara contraria.

Ciudad Barrios (El Salvador) es entonces la cárcel siniestra habitada por los miembros de la Mara más numerosa y sofisticada de América Central. “(…) tiene una capacidad oficial de 900 internos, pero la institución actualmente cuenta con 1.873, cumpliendo penas de hasta 223 años por crímenes como homicidio, secuestro y violación”. (http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articuloimpreso150753-dentro-de-carceles-de-los-maras)

De alta peligrosidad, sus internos omiten todo tipo de restricciones y consideran al lugar como su casa. Reina la anomia y la brutalidad como la forma de expresión emblemática dentro de ese submundo prácticamente impenetrable pero de compulsiva expansión tras unirse, la criminalidad potencial interna con la criminalidad externa que materializa la intelectualización del delito. De ahí, que Ciudad Barrios sea la prisión en la cual, la celebración del mal, es full time.

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