Frontera tomada

Con el show de Zelaya el mapa centroamericano adquiere nuevos matices. El caso de Nicaragua.

Desde el descaro de Zelaya y la banalización de los Golpes de Estado televisados como si fuesen una caricatura de la realidad social con ansias desmedidas de luces y cámaras, el mapa político y las agendas presidenciales han experimentado cambios que tienen que ver con el desequilibrio que caracteriza a la región.

Se enfrentan, con el show de Zelaya, quienes abogan por una vía de desarrollo y evolución contra aquellos que viven enfrascados en la década del ’70 nutriéndose, de manera patológica, del caos en ascenso que les permite profundizar discursos funcionales en los años de pantalones de campana.

Una revelación, la de Honduras, que vuelve a traer a la mesa analítica la problemática de Las Maras en Centroamérica y su estrecha relación con el poder político. Un poder que necesita de grupos organizados capaces de operar con rigor. Que sean potentes sostenedores de actuaciones gubernamentales enmascaradas en una lucha contra la pobreza y la marginalidad.

Con lo cual, las confusiones se vuelven protagonistas de un escenario que goza de barbarie ante la utilización de éstas dos variables (pobreza/marginalidad) como mecanismos de coptación de personas, así como de disparadores de atención del verdadero estado de situación que se traslada, en la simulación de un campamento estudiantil, a la frontera.

Fronteras que testifican el tránsito ilegal de personas, drogas y armas.

Fronteras militarizadas, cuyo dominio se lo disputan narcotraficantes, narcomaras, terroristas, ex integrantes de ejércitos de élite y pequeñas células de pandilleros osados que buscan obtener un lugar en el universo Maras.

Universo que se extiende hasta penetrar en países aparentemente vírgenes de la problemática o con índices de violencia menos alarmantes que los experimentados al interior del Triángulo Maras (Honduras, El Salvador, Guatemala)

Nos encontramos pues, con el caso de Nicaragua. País que se encuadra en un radio de peligro ante, según el tráfico de información, el ingreso de pandilleros que apoyan a Zelaya.

Desde Managua, “el ex militar sandinista y abogado Víctor Boitano Coleman, advirtió hoy sobre el peligro de que a Nicaragua podrían estar entrando “maras” y narcotraficantes infiltrados como seguidores del depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya”. (http://www.latribuna.hn/web2.0/?p=24434)

La estadía fronteriza no hace más que poner en riesgo a los nicaragüenses, ya que la circulación de visitantes que violan las leyes migratorias y los límites terrestres se acentúa con el correr de los días.

Es decir, entre los adeptos, se infiltran individuos con fines propios que contribuyen a agudizar la alteración social en su formato de Maras o Pandillas. Agrupaciones indispensables para el despliegue que se proyecta y que tiene que ver, conforme a los últimos datos, con la demencia de formar un ejército popular para el añorado retorno.

Un ejército que, para ser efectivo, en el caso de reiterarse una contraofensiva en Tegucigalpa, necesita de cerebros y personas adiestradas militarmente.

Entonces, desde un “improvisado” centro de operaciones en Ocatal (Municipio fronterizo), Zelaya diseña su regreso manteniendo las características artísticas que identificaron su periplo, su disparate aéreo y la utilización, con el velo de un despertar de 300 campesinos, de las organizaciones más temidas de la región. Las Maras.

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