El show de Zelaya

La situación en Honduras y las relaciones que reflejan la fragmentación de la región.

A partir de la emergencia en materia de inseguridad que existe en el continente americano y frente a los desaciertos sostenidos para frenar la violencia que se ramifica en las diferentes esferas de la vida, el epicentro de contenidos ambiguos que vuelve a mostrar la tragedia de la política se ubica en Honduras.

Uno de los países en riesgo por la penetración del narcotráfico internacional que se suma a los narcos locales hasta conformar un estado de situación caracterizado por una guerra que hoy se descubre y televisa, revelando el entramado de relaciones internacionales que existe en la región.

Desde una apuesta a la cubanización y/o chavización de América en materia política que alcanza a una centroamericanización latinoamericana en el manejo de la seguridad, los gobiernos buscan acomodarse, en la mayoría de los casos, en la perpetuidad mediante la reformulación de las constituciones. Con lo cual, la falta de pluralidad y la agenda diagramada desde lo unipersonal son características que contribuyen al incremento de la violencia que hoy atraviesa, en el caso particular hondureño, su punto más álgido.

Como país integrante del Triángulo Mara Centroamericano, junto a Guatemala y El Salvador, Honduras se debate entre una democracia que revela la crisis por la que atraviesan los sistemas de partidos y un “Golpe de Estado” que tiene distintas lecturas a nivel internacional.

Lo cierto es, que la existencia de las Maras y el pedido de militarizar las calles de algunos sectores de la sociedad han sido, entre otros factores, algunas de las causas que mostraron las debilidades y la corrupción al interior del gobierno de Manuel Zelaya. Un gobierno que ha fracasado, al igual que el resto de los países afectados por las narco maras, en todas las políticas de erradicación e inserción social de los miembros de pandillas que mutaron a maras.

Fracaso que se debe a la relación de estas bandas criminales con los grandes grupos del poder político y económico; a la complicidad existente entre ellos; y al problema que también se observa en Argentina que tiene que ver con una policía o fuerzas de seguridad digitadas por la manipulación de la delincuencia que se encuentra al interior de tales organizaciones.

Con lo cual, el conflicto en Honduras afecta, necesariamente, a todos los países continentales. Porque frente a la negativa del retorno de Zelaya al país, el asilo en El Salvador no es un dato menor. Por el contrario, marca el vínculo con el Presidente Funes que conduce un país con características socio históricas similares a las de Honduras y que incluso atraviesa por uno de los momentos más críticos en su vínculo con la inserción de los carteles de la droga mexicanos extendidos en el triángulo y el descontrol que ello conlleva para la exaltación de los mareros.

Además, la presencia de figuras como la Presidente de nuestro país y la actuación del Presidente de Venezuela terminan de enmarcar la fragmentación de la región, así como la obsecuencia por demostrar un compromiso democrático y de derechos humanos que parece solo tener cabida bajo el velo progresista.

Por otra parte, la situación que se vive en Honduras ha servido para hacer un show televisivo que podía verse por la CNN y otros tantos canales. Un reportero de TELESUR entrevistaba a Zelaya desde el avión que se había convertido en el escenario de una obra tragicómica que ponía de manifiesto la importancia que los medios de comunicación tienen en todos los hechos políticos y sociales.

Se observa, como a través del relato, y de las preguntas y respuestas sostenidas en la imagen aérea, se puede hacer de un “Golpe de Estado” para muchos dudoso, un show mediático en el cual, los presidentes más controvertidos no han dudado en participar, incitando, aunque se lo niegue, a aumentar la violencia en las calles que se debaten entre los activistas de Zelaya, los opositores y los militares.

Entonces, esa duda que gira alrededor del Golpe adquiere mayor consistencia al presentarse, el presidente “boicoteado”, en un diálogo nada improvisado que buscaba la trascendencia a través del armado de un libreto que le quita seriedad a los verdaderos Golpes de Estado. De ahí, el rigor analítico del auto golpe.

Por su parte, el Presidente de Brasil en una postura más moderada y pensante, se ubica en un punto medio de la situación. Y analiza, en una entrevista a la BBC, los hechos expuestos. Interpreta que si bien es un derecho de Zelaya volver a Honduras por haber sido un presidente electo democráticamente, también es cierto que el intento del regreso fue precipitado. Más aún, cuando tras el golpe, Honduras fue suspendida de la OEA. Aclaró que Brasil no se ofrece para mediar en el conflicto y agregó que: “para que el mediador "tenga legitimidad", debe ser convocado por las partes involucradas y en su opinión, el mejor mediador para esta crisis es la OEA”. (http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/07/090706_1330_entrevista_lula_honduras_med.shtml)

Finalmente, mientras se mediatiza Honduras y Zelaya adquiere mayor notoriedad como actor que sobrevuela su país que como presidente, el caos persiste entre los hondureños y la posibilidad de extenderse la violencia es inminente.

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