Pandillas cubanas

El estado de situación en Cuba como combinación de la nostalgia y los embriones de Maras.

A partir de las desinteligencias gubernamentales y de las confusiones que aún persisten alrededor del tema de Las Maras, el problema se agudiza en la región abriendo nuevas formas de operar dentro del narcocrimen.
Perduran los teóricos que afirman que Las Maras son pandillas y que las pandillas, a su vez, son Tribus Urbanas. Un círculo vicioso de interpretaciones que penetra en la sociedad enrarecida de delincuentes que lejos están de operar con la mentalidad de un marginal en materia de educación o bien, de alguien que carece de recursos económicos para llevar adelante estrategias delictivas sofisticadas.
Lo cierto es, que Las Maras se van propagando.
Al respecto, el triángulo Mara Centroamericano (Honduras, Guatemala, El Salvador) está cada vez más complicado. Las movidas políticas y los trabajos comunitarios no son suficientes para erradicar a estas agrupaciones con contactos europeos y organizaciones terroristas que han cambiado el eje mundial.
Por su parte, el triángulo embrionario Latinoamericano de Maras (Argentina, Uruguay, Chile) se asemeja consistentemente al anterior porque no hay toma de conciencia del peligro que representan las pandillas en ascenso y además, porque no se acepta que el narco ha ingresado en tales Naciones. Fundamentalmente, en la Argentina.
País propicio para la instalación de mareros en fuga o de mareros que buscan sentar sus bases en otros lugares valiéndose de la delincuencia local ávida de poder.

Situación cubana

La infiltración de las maras en combinación con el crimen organizado es tal, que ahora Cuba debe enfrentarse a la potencialidad de las mismas.
Siempre con características propias y algunas aprendidas, las maras hacen raíces y gozan del privilegio de no ser analizadas, por un número importante de analistas, como lo que verdaderamente son: Criminales vinculados con el poder político y económico emergentes algunos de la pobreza y otros, insertados en los ejércitos o en el narcotráfico desde la temprana edad. Siendo pues, los primeros, alineados por los segundos.
En el sitio web www.cubanet.org, Leafar Pérez describe el estado de las Maras en la Isla de la siguiente manera; “Son hijos decepcionados de la revolución cubana. Consecuencia directa de casi dos décadas de Período Especial. Son el resultado del grave deterioro de las condiciones económicas y sociales de la nación, y del agotamiento de un discurso político que ya no cautiva ni alienta. Se refugian en la violencia, las drogas y el robo como modos de subsistencia. Son las maras cubanas.”
Una visión benévola que nos ubica en una fase del pensamiento que se asemeja más a los nostálgicos revolucionarios que se agrupan para debatir los por qué de los aciertos y desaciertos así como para pensar en el tiempo pasado y darse cuenta que la revolución no era ni la tercera ni la cuarta vía.

Expresan su fastidio y desencanto de forma violenta. Estos individuos nada tienen que ver con el estado embrionario de Maras.
Los que sí tienen que ver con ese estado que marca el panorama callejero y fronterizo del continente americano, son los grupos de personas que se dedican a delinquir con métodos de narcomenudeo y hurtos.
Son los que comienzan como pandillas que realizan rituales de iniciación pero que luego, con el paso del tiempo y al ingresar en el panóptico de los narco, se convertirán en verdaderos embriones que pueden transformarse, de acuerdo a cómo se aborde el tema, en Maras propiamente dichas.
Tanto es así, que el sociólogo Luis Arroyo en ese mismo sitio de Internet dentro de la nota llamada Las Maras cubanas observa esa situación. Y su descripción es, sin duda alguna, una alerta a Cuba.
Una Cuba que si no toma en consideración el trabajo de campo ingresará al circuito de Las Maras. Aquellas que buscan crear, triángulos nacionales.

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