Entrevista: Violencia bajo la piel

El fenómeno centroamericano de las pandillas conocidas como Maras aumenta día a día y su notoriedad ya creó un conflicto sobre su existencia en estado larval en países como Argentina, Uruguay y Chile. Una realidad que va unida al empobrecimiento de la sociedad y al avance del narcocrimen organizado. Observador Global entrevistó a la socióloga Laura Etcharren, autora de Esperando las Maras, estado embrionario en Argentina.
http://observadorglobal.com/violencia-bajo-la-piel-n554.html

El miembro de una Mara es detenido en El Salvador - AP
Hablar de Mara es hablar de un grupo organizado. Es hablar de un conjunto de jóvenes que no tienen oportunidades laborales, educación y, muchas veces, ni familia. Es la Mara la que va a recibir al nuevo como un miembro del clan. La pertenencia a este grupo es de por vida y la única forma de salir es la muerte.
Las Maras son un caldo de cultivo para el crimen organizado que los usa para realizar acciones delictivas que van desde robos menores a acciones de tipo comando. Pero con el tiempo las Maras pasaron de estar en los márgenes de la delincuencia a ser el centro mismo de todo lo relacionando con el narcocrimen organizado.
Hablar de Mara es hablar de exclusión social y pobreza. Todos sus miembros provienen de familias sin recursos, hijos de matrimonios desintegrados con profundos episodios de violencia intrafamiliar. Pocos van a la escuela y los que fueron la abandonaron en algún momento para formar parte de una pandilla.
Hablar de Mara es hablar de violencia. En forma rápida los chicos que se suman a la estructura aprenden que la violencia es una herramienta válida de la que siempre se valen sus mayores para conseguir lo que necesitan para sobrevivir.
Las Maras son un subproducto de la transculturación centroamericana que tuvo como punto de partida la migración masiva de personas iniciada en la década de 1970.
El modelo económico y la guerra de El Salvador hizo que cientos de jóvenes intentaran emigrar a los Estados Unidos, pero la deportación o la falta de oportunidades hicieron que el regreso los encontrara en una situación de mayor marginación social. A ellos se sumaron jóvenes de sectores sociales marginales de El Salvador, conformando una amenaza de alto grado de violencia. Básicamente se agrupan en dos grandes pandillas: La Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y la Mara 18, por el nombre de la calle donde se asentaron.
En junio de 2003 el presidente salvadoreño, Francisco Flores, puso en marcha el Plan Mano Dura por el que se detuvo a más de tres mil integrantes de diferentes Maras. Por su parte el envío de presos, que no habían terminado de cumplir con su condena en los Estados Unidos, redujo costos y liberó espacios en sus cárceles pero convirtió en un problema mayor al llamado Triángulo Mara Centroamericano. Jóvenes sin futuro que son captados cada vez desde más chicos, tatuajes que representan la pertenencia, criminalidad, falta de oportunidades y violencia. Las Maras bajan hacia el sur del continente y ningún gobierno está haciendo nada.

¿De dónde viene el término Mara?
El término Mara proviene originariamente de la hormiga marabunta, una hormiga que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Bajo esa forma de acción, las Maras han ido devorando generaciones de chicos desde la más temprana edad. No sólo matándolos sino también sometiéndolos al pauperismo de un submundo que se encuentra relacionado con el narcotráfico y el narcocrimen.

¿Dónde y cómo aparecieron?
Aparecieron en los Estados Unidos conformando un entramado de diversas nacionalidades. Cuando se producen las guerras civiles en Centroamérica se inicia un proceso migratorio atravesado por la violencia. Así, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y otros, comienzan a reunirse en grupos con características distintivas que van desde lo estético hasta lo que puede llamarse un reglamento propio de convivencia interno y externo. Luego de propagarse por varios estados de los Estados Unidos, estos pandilleros son deportados a sus países de orígenes en los cuales se inician contiendas entre pandilleros de la misma nacionalidad pero pertenecientes a diversos barrios.

¿En qué países se puede decir que hay Maras?
En Centroamérica existe lo que he dado en llamar el Triángulo Mara Centroamericano compuesto por El Salvador, Honduras y Guatemala. En esos países, la presencia de las Maras en su relación con el narcotráfico es cada vez mayor. México es uno de los países más sometidos a la violencia marera. Allí, los carteles de la droga han captado a menores pandilleros para convertirlos en verdaderos mareros, y también en niños soldado. Existe una presencia más reducida de pandillas en Nicaragua así como en Venezuela y Colombia. Estos dos últimos países ya más relacionados con la guerra narco han recibido a pequeños grupos de mareros. Lo mismo que Perú y Bolivia.

¿Cuántas Maras hay?
No existe un relevamiento de datos específico. Por lo tanto, es difícil precisar un número. Las más conocidas son la MS13 (Mara Salvatrucha), la M18, la Latin King, y Ñetas, pero existen y aparecen más. En Argentina –si bien no existen Maras en estado puro- una de las pandillas más sobresaliente es la de Las Pirañas. En México existe un grupo llamado Los Pirañas quienes se enfrentan, como comúnmente sucede, con otro grupo (en este caso, Los Dragones). Estos chicos reunidos en pandillas se metamorfosearon del mismo modo que las bandas en Argentina. Pasaron de los encuentros en las esquinas y las peleas a puños, al delito a gran escala y al uso de armas blancas y de fuego. Otras son La Banda del Guacho, el semillero Narco en el barrio Chino dentro de la Villa 31. También hay agrupaciones ubicadas en la zona del barrio porteño del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires sin nombres distintivos pero conformados en su mayoría por peruanos y bolivianos.

¿Cuál es el rito de iniciación?
Aquí también debemos ser rigurosos para no caer en la tendencia sostenida a la desinformación sobre un tema cada vez más complejo. El mundo de las Maras es diferente al mundo de las pandillas. El primero es un mundo más sofisticado en cuanto a la infraestructura y estructura piramidal que poseen. También en relación a la logística que emplean al momento de dar un golpe. La iniciación de un pandillero para escalar a la Mara es asesinar, vincularse desde otro lugar con el narcotráfico. Tiene que ver con demostrar a los líderes de la mafia que la defensa del barrio ha sido superada por la defensa de la frontera. De hecho, aquellos individuos que se encuentran en la cúspide siempre buscan captar a menores que se perfilen como cerebros criminales. Que tengan sus mentes relativamente limpias para poder asimilar la información delictiva correspondiente.
En cambio, para ingresar a una pandilla, cuyos integrantes generalmente son emergentes de la pobreza y la marginalidad, los ritos de iniciación tienen que ver con matar a sangre fría a un integrante de una pandilla rival; a un ciudadano común; violar a alguien. En el caso de las mujeres, cuya vida en la pandilla es casi efímera y son utilizadas como mulas, deben mantener relaciones sexuales con el líder de la pandilla, que en realidad son todos. Porque en el mundo pandillero, se suele decir que no hay un líder determinado.

¿Hay evidencias concretas de que Al Qaeda, la organización terrorista de Osama Bin Laden, haya mantenido reuniones con representantes de las Maras Salvadoreñas?
Las Maras están relacionadas con el terrorismo por ejercerlo desde su seno mismo. Textualmente, INTERPOL teme que las células de Al Qaeda tejan vínculos con las Maras de los países centroamericanos para reforzar las redes de tráfico de drogas. Ese temor cobra fuerza por las evidentes debilidades para combatir el narcotráfico y porque los países centroamericanos son un semillero de Maras.
En Canadá, Líbano y Australia existen pandillas con características propias que se van abasteciendo de las experiencias del crimen organizado que se nutre de estos brotes. Lo mismo sucede en España, el primer país europeo que ya experimenta un estado larval de Maras.

¿Se puede hablar de Maras en la Argentina?
En Argentina no hay Maras. No obstante, lo que sí hay es un estado embrionario de Maras. Un estado larval de Maras que significa pequeños brotes regados minuciosa y lentamente por la penetración del narcotráfico en el país frente a la permeabilidad de las fronteras, a la falta de un continente educativo y a la negación del problema. Eso convierte a la Argentina en un espacio propicio para el desarrollo y arribo de las Maras vinculadas al narcoterrorismo. Argentina integra junto a Uruguay y Chile lo que he dado en llamar Triángulo Embrionario Latinoamericano de Maras.

¿Cuál es el futuro de las Maras?
En el caso del Triángulo Embrionario depende básicamente de dejar de lado la negación compulsiva de la violencia imperante. De no seguir siendo funcionales a los narcos diciendo que vivimos una inseguridad en estado de sensación. Es importante que tanto el oficialismo como la oposición, en el mundo, dejen de tomar a la pobreza como una herramienta funcional para justificar la inseguridad.

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