Centroamericanización latinoamericana


Panorama inseguro del triángulo embrionario y la militarización de las calles en Honduras.

Desde los anales observamos como el continente americano es víctima de la tragedia y de la organización de personas que se unen para operar de manera criminal en una defensa de ideas y modelos que en la práctica se han agotado. No así en los imaginarios que luchan por mantenerlos vigentes sosteniendo, forzadamente, paradigmas también caducos.
Bajo estas características y sobre la base continental, descansa la variable violencia desarrollada por las diversas agrupaciones que manejan los hilos sociales del poder y que encuentran protección en los grandes grupos políticos y económicos que lideran la decadencia de los pueblos al tiempo que con pompas se enriquecen, tendiendo además, relaciones internacionales que se nutren del narcotráfico así como del drenaje de los habitantes del globo.
El colapso mundial ya no es un aviso, tampoco una posibilidad entre tantas otras que pueden barajarse; el colapso es un hecho manifiesto en todas las esferas de la vida que se profundiza con los avances de la tecnología así como en las escasas posibilidades de interacción humana entre gobernantes y gobernados que buscan matizar, en primera instancia, los efectos de la barbarie con la toma de conciencia que los lleva, significativamente y en segunda instancia, a la radicación de denuncias sobre tales o cuales hechos delictivos. Se busca con ello iniciar un proceso de erradicación del narcoterrorismo materializado y en otros casos, de la potencialidad del mismo.
A todo esto, debe sumársele la regla como abuso. Es decir, en el caso argentino, la falta de preparación de muchos de los integrantes que ocupan un cargo en las fuerzas los lleva a cometer errores fatales que nos hunden como sociedad que adolece de políticas públicas concretas en materia de seguridad. Es más, algunas fuentes expertas nos confirman que los embriones de maras hacen semillero dentro de la bonaerense.
En el caso de Centroamérica, por ejemplo, se considera que la existencia de pandillas y maras son una excusa para militarizar las calles y recortar así la libertad de expresión y libre circulación. Esas premisas fueron las que llevaron a la conformación de encuentros en la región.
Este último fin de semana finalizó en Honduras “El Segundo Encuentro Hemisférico frente a la Militarización”.
Sucede, que el problema de las maras despierta intensas confrontaciones intelectuales y de distintas organizaciones que luchan por la paz mundial debido a la falta de discernimiento entre estas últimas y las bandas. De ahí, que no se comprenda que la presencia de las fuerzas de seguridad más sofisticadas por las calles del triángulo mara centroamericano (El Salvador/Honduras/Guatemala) es fundamental para “controlar”, por lo menos, en los barrios y centros urbanos, la narcodemencia.
Se necesita de militares en ejercicio porque las maras propiamente dichas han sido alineadas por ex integrantes de ejércitos de élite y también, algunas de las clicas, se encuentran compuestas solamente por estos ex militares. La decisión no es caprichosa sino una consecuencia más de los fracasos que han experimentado todos los planes anti maras.
El globo es un tablero en el cual las fichas han comenzado a moverse. Aquello que hasta hace unos años parecía ajeno, hoy forma parte de la realidad de cada país que encuentra en jaque el orden tradicionalmente establecido, ya sea desde lo concreto o bien, desde lo larval.
El adiestramiento de jóvenes se produce desde la clandestinidad en varios puntos del maltratado hemisferio. De hecho, “Honduras fue utilizada como centro de entrenamiento para mercenarios locales y extranjeros, los que usaron las facilidades de los batallones del ejército nacional para sus siniestros propósitos. La empresa Triple Canopy - especializada en seguridad, trajo ex militares desde Chile, los que fueron entrenados en Honduras ante de enviarlos al frente en Irak”. (http://www.ecoportal.net/content/view/full/81707/)
A propósito, Chile, forma parte de uno de los vértices del triángulo embrionario maras de América Latina junto a Uruguay y Argentina. Tres países permeables por el narco que sufren la penetración de los carteles de la droga. Sobre todo, Argentina.
País propicio para la importación de mafias al igual que para la creación de nuevos aparatos locales vinculados con las colectividades de peruanos y bolivianos asentados en la zona del Abasto y en el llamado Barrio Chino que trasciende los pasillos de la Villa 31 y 31 bis y en el que se cometen ilícitos caracterizados, especialmente, con el tráfico de drogas y personas. Tanto es así, que ni siquiera los habitantes de ese inmenso pauperismo urbano se acercan a las inmediaciones de ese barrio inserto en uno de los asentamientos más complicados de la Capital Federal que junto a las pandillas en ascenso, al narcoterrorismo y a otras de las tantas situaciones de violencia que se producen al sur (Ver nota Desgaste por ignorancia: http://sociedadymedios.blogspot.com/2008/09/desgaste-por-ignorancia.html), provocan pánico colectivo y caos. A punto tal, de arribarse a la tétrica conclusión de la centroamericanización latinoamericana de los primeros años del siglo XXI.

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