Desgaste por ignorancia



La epidemia continental hace estragos en América Latina. Argentina y Uruguay, los dos vértices del triángulo embrionario de Maras en la región.

De cómplices y abúlicos
Así como el siglo XX comenzó con grandes esperanzas y sin embargo terminó en dolor y desesperación, (Sofsky) algo similar sucede al iniciarse el siglo XXI que arrastra dramas y experimenta nuevos.
A las distintas esferas de la vida, ahora, debe sumársele la esfera de la inseguridad aunque ya sofisticada en sus modos de operación.
Los países del globo, en mayor o menor medida, advierten el progreso del narcoterrorismo y el control de los hilos del poder mediante el movimiento de importantes cifras de dinero debido a las intensas relaciones que entablan los grandes grupos del dominio político y económico con esta nueva forma de hacer política.
La sociedad argentina atraviesa al respecto uno de los períodos más comprometidos y caóticos al mismo tiempo que negados y justificados por las autoridades a cargo. Aquellas que han demostrado su ineficiencia así como sus vacíos al momento de tomar medidas preventivas o bien, accionar contra el delito.
El problema data de años y encuentra su semillero más profundo en la Provincia de Buenos Aires que no deja de tener gobernadores abúlicos e ignorantes que se vuelven críticos y observadores de la inseguridad una vez que dejaron su mandato. Tal es el caso de Eduardo Duhalde. Quien por estos días parece no asimilar que un problema de la envergadura del narco no aparece en un año sino que forma parte de un proceso del cual no es ajeno.
La subestimación sobre el arribo del crimen organizado y la complicidad en algunos casos, fueron tan solo algunas de las situaciones que nos condujeron a la opacidad y a la puesta en jaque del orden social establecido.
La inseguridad en “estado de sensación” se convirtió en uno de los lemas de la banda de los progre que gobiernan desde Néstor a Cristina. Sucede, que las dos caras del espejo no fueron capaces de rodearse de un equipo superador e inteligente que tuviese la suficiente astucia y razón para evitar la debacle epidémica del continente. Porque a partir de Centroamérica y con explosión actual en América Latina, el narco crimen hace estragos con las características propias de los lugares en los cuales se desarrolla, otras aprendidas como consecuencia del tráfico informativo, más individuos pertenecientes a los carteles de la droga mexicanos y pequeñas agrupaciones de ex integrantes de ejércitos de elite del tipo Kaibiles y Zetas.
Un combo que ha modificado las formas de vida de los ciudadanos atados a la realidad violenta con pronósticos alarmantes agudizados, cotidianamente, a través de distintos episodios que confirman y reafirman el estado embrionario de maras en nuestro país así como en Chile y Uruguay. Un triángulo embrionario latinoamericano que cuenta además con la presencia de pandillas y tribus urbanas que anidan también sus propias internas más allá de tener intereses comunes.

Uruguay: Un vértice del triángulo
Veamos. En los últimos tiempos, la explosión de hechos delictivos en Uruguay ha invitado a la reflexión así como al sostén de hipótesis pronunciadas. En este caso, el Dr. Alberto Scavarelli es esencial para comprender como el delito deviene en el centro de la información. Porque de un tiempo a esta parte, el asalto a transportes por menores de edad que utilizan armas de fuego se ha convertido, al igual que en Honduras y Guatemala, una práctica corriente propia de las pandillas en pleno avance. De ahí, la especificidad y contundencia de los artículos de Scavarelli.
Quien en su último artículo, "Lo peor en cualquier momento", resalta: “Los hechos se acumulan y no hacen más que comprobar preocupaciones. En su momento planteamos anticipadamente los dos extremos que encuadran estos hechos que parecen salidos de la ficción. La sumatoria del consumo de drogas, el establecimiento en ciertos ámbitos de la cultura marginal de considerar el delinquir como un trabajo, la deserción educativa en los lugares mas complejos y la aparición de zonas y horarios donde el delito y su violencia está en franco crecimiento.” (Scavarelli; Representante Nacional-Partido Colorado/Opiniones de Vanguardia)
Una proposición, la de Scavarelli, que evidencia el estado de situación uruguayo y que al mismo tiempo contribuye a afianzar las bases de las típicas observaciones que pueden hacerse en una Argentina altamente comprometida, vinculada con uno de los países más embebidos en el narcotráfico como es Venezuela.
Apartados casi de un sistema de representatividad y relaciones internacionales pero unidos a lo peor del continente. Con lo cual, el aumento sostenido del crimen por importación e in situ o local, abre un juego de oferta y demanda de la mano de obra delictiva que potencia a los embriones vigentes y regenera aquellas clicas aparentemente muertas.

Auge urbano
Las Tribus Urbanas que han comenzado a saborear la atención de los medios de comunicación, parecen haber dejado sus pancartas pacíficas para ingresar a la vorágine del maltrato compulsivo en sus lugares de típicos de encuentro o en el peregrinaje nocturno que termina, tal como ocurrió en la Provincia de Santa Fe, con el incendio intencional de autos. Captar el hecho para luego subirlo, jactanciosamente, a los respectivos fotologs y conseguir así que las imágenes circulen por el espacio digital hasta llegar a los medios gráficos y por supuesto, a la televisión. Espacio deseado, dado que su masificación implica una mayor trascendencia de estos nuevos encendidos juveniles que utilizan el cliché del desencantamiento del mundo conjugado con prácticas comunes elaboradas en el contexto de un sentimiento de pertenencia diseñado ligado a las creencias, al capital cultural y simbólico, a las nóminas auto impuestas y a la configuración de una estructura de pensamiento que marque tendencia y diferencia del resto no referente.
Sobresalen a través de su estética y también se diferencian entre ellos.
Cumbios y Raperos; Emos y Floggers se debaten entre la afinidad y la disparidad en un submundo que no se ajusta precisamente a la dinámica político económica de estos tiempos y que no puede escapar, a su pesar, de la tragedia de la moral y los valores de la que hoy se es víctima. Razón por la cual, abren un universo de significados acotado en el cual tampoco se respetan los lineamientos creados por la otra tribu que por lo general, se distingue por indumentaria y tipo de música que escuchan sus miembros. Ellos también representan la intolerancia, alineándose, paulatinamente, en las filas de la violencia.

Desgaste por ignorancia
Cuando se descorre el velo se asienta la ignorancia como uno de los peores males de las sociedades que por esa característica, además de por otras, se encuentran desgastadas y en consecuencia, débiles. Desgaste y debilidad se conjugan dialécticamente en un contexto que se ha vuelto propicio para el vale todo y en el cual, algunos medios, fundamentalmente gráficos, son cómplices de las aberraciones que se consolidan en el silencio cuando no, en la banalización. Todo depende de la relación de la prensa con los gobiernos de turno porque como bien supo observar el periodista y escritor argentino radicado en Portugal, Carlos Quevedo, “a mayor oficialismo menor índice de inseguridad”. De ahí, las el asentamiento del narcoterrorismo y la creación de una estructura sólida que respalde el desenvolvimiento dentro del campo de acción. Un campo en el cual, se devorarán generaciones, se coptarán individuos y se arrasará, al entrecruzarse con las maras en estado larval, con todo lo que se pueda.

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