"La banda de los progre"

Ex integrantes de ejércitos de élite en Argentina confirman el estado embrionario de maras. Observaciones de diagnósticos anunciados.

Con la penetración del narco en Argentina y el triple crimen de General Rodríguez, el demencial proyecto de despenalizar el consumo de droga cobra aún más cuestionamientos porque no solamente contamos con la presencia del narcotráfico argentino sino también con los carteles de la droga de México, Colombia y Guatemala. Éste último casi obviado por algunos investigadores que reducen la problemática al país azteca por el vínculo fronterizo con USA.
Solo se habla de los Zetas (ejército de elite mexicano) y se omiten a los Kaibiles (ejército de elite guatemalteco). Ambos, son ejércitos sofisticados con diferencias muy sutiles pero precisas. (Ver nota abajo republicada; Maras, Kaibiles y Zetas)
El ingreso a nuestro país no es de los Zetas en funcionamiento sino de algunos de sus ex integrantes que han encontrado por fuera de la milicia mayor remuneración.
Sus habilidades congénitas y tácticas aprendidas los han convertido en individuos voraces que aprovechan todas las falencias y precariedades que tiene un país como el nuestro en materia de seguridad.
La penetración de los carteles de la droga, las pandillas en crecimiento y la presencia de los ex integrantes de dichos ejércitos no es aleatoria y tampoco se produce en cualquier estado.
El caso argentino, en este sentido, es paradigmático por su tendencia sostenida a la negación así como al desconocimiento voluntario y a la conformación de ministerios débiles, cerrados a los aportes teóricos, prácticos y resolutivos que pueden dar los estudiosos en estas cuestiones. Con lo cual, los vacíos se hacen presentes y la apertura de espacios propicios para la instalación del caos se difunde a través de un tráfico de información que circula por todos los medios de comunicación del globo.
Veamos. Si se pretende encontrar en las maras, zetas y/o kaibiles características estéticas distintivas para capturarlos, pueden pasar años. Incluso, sería un concepto límite, ya que actualmente, estas organizaciones que en algunos casos compiten por el poder del narco y en otras se alían, visten como cualquier persona. Sus rastros, de producirse, no trascienden la escena del crimen. Razón por la cual, la radarización y el panóptico deben estar puestos en el campo de acción, en los modos de operación que tales agrupaciones cubren.
Sus estilos físicos forman parte de los comienzos de las investigaciones. Cuando uno toma en crudo su objeto de estudio y se nutre de las primeras observaciones que por lo general, son las más obvias. Con los avances aparecen nuevas variables e indicadores que cambian el curso del procedimiento y obligan a los investigadores a crear más de una hipótesis.
De ahí, que las proposiciones planteadas en este blog desde fines del año 2006 hasta la actualidad hayan sido, algunas refutadas y otras, constatadas.
La principal refutación tiene que ver con que las maras no son iguales a las pandillas barriales. Las primeras están vinculadas al narcotráfico y las segundas al narcomenudeo con una clara emergencia marginal. La igualdad del nombre es un cliché que debe cambiar para no proseguir con fatales imprecisiones.
La constatación, es la vinculación de las maras con los ex zetas y ex kaibiles. La otra reafirmación, es la existencia del estado embrionario de maras en Argentina que termina de cobrar sentido con la presencia de varios de los Zetas en nuestro país. Los cuales, no solo arriban para controlar los hilos sociales del poder sino también, para coptar pandilleros en ascenso y alinearlos en la trágica estructura piramidal que terminará de consolidarse de arribarse a la despenalización que pretende Aníbal Fernández y la “banda de los progre”. Aquellos que no entienden que la benevolencia con el consumidor es, por carácter transitivo, la ampliación del narco escudado en los muros del silencio.

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