Revelados

Las paradojas del conflicto gobierno/campo. Más, los revelados de siempre. “Los topitos”

Trascender Hamlet
Frente al conflicto gobierno/campo, el deslucimiento de la Argentina como país se visualiza en los diarios del mundo y en todas aquellas voces que se hacen eco de un conflicto que ya va por el día 87.
Intereses creados alrededor de un estado de situación que se profundizó con el correr de los días como consecuencia de la falta de creación de un espacio de diálogo coherente en el cual se puedan asentar los primeros lineamientos de una potencial resolución que saque a la sociedad de esta lamentable opacidad en la que encuentra sumergida.
Porque entre el gobierno y el campo se encuentran como rehenes los ciudadanos que asisten a las versiones contradictorias, a los discursos contrapuestos, a la indiferencia, a la ignorancia voluntaria, a la letanía programada, a las amenazas dementes, al peligro del estallido y a las imágenes que más que doler, revelan.
Revelan al ser humano en su esencia más pura y revelan por la indignidad que las mismas recrean. Es decir, mientras en Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, la Provincia de Buenos Aires, etc, las rutas están cortadas por el problema de las enquistadas retenciones, en el norte argentino, más precisamente, el paso que une Jujuy con Bolivia está cortado por el hambre. Entonces, por un lado tenemos las imágenes de la desnutrición y por otro lado las imágenes de un camión derramando leche. Acción que castiga la visual de los argentinos devenidos en meros espectadores de una tragedia que dejo a Hamlet en la historia del drama para imponerse como protagonista del latrocinio.
Un norte castigado y olvidado que parece, a veces, no formar parte de nuestro extenso territorio. Porción de nuestro país recordada, meticulosamente, por los narcotraficantes al momento de introducir la droga para posteriormente redistribuirla.

Funcionalidad y olvido aborigen
Provincias argentinas sometidas, en la plenitud de la modernidad y la globalización, a los padecimientos que no debiesen permitir los gobiernos de turno. Pueblos confinados al pauperismo de la ignorancia y a la no cobertura de sus necesidades básicas son subestimados por querer preservar su cultura originaria que no es más que la de conservar la tradición aborigen.
Y cuando no, son utilizados por gobernadores que bajo el simulacro de la sensibilidad, imparten discursos que los colocan en el epicentro buscando demostrar conciencia social. Esto que lo que hace Alberto Rodríguez Saá. Los recuerda por funcionalidad al tiempo que Urtubey los olvida por estar ocupado en el tema del campo. Urtubey en Salta, no hace más que demostrar sus vacíos de conocimiento y su infantilismo discursivo, apoyando lúdicamente el velo progresista a través de reconocimientos que desbordan de incoherencia.
Similar es lo que sucede con Capitanich en Chaco. Otra de las provincias castigadas por el hambre y la utilización de las comunidades aborígenes cuando son solamente necesarias.
Todos ellos son acomodaticios. Como Scioli. Quien prosigue su intenso camino para llegar a ser el mejor alumno de la Presidente. Que se vale de los pobres para explicar la catástrofe en materia de inseguridad de la Provincia de Buenos Aires.
Veamos, el problema agropecuario no abolió el resto de los problemas que azotan al país. Simplemente los tapo debido a las prioridades periodísticas. A la dinámica de la información que pasa por los cortes de rutas, los discursos oficiales y los anuncios de las bases. Además, claro está, de las compulsivas amenazas del piquetero Luis D’ Elía, alineado al kirchnerismo más allá de su impresentable forma de presentarse en los medios y de ser uno de los hombres que, dada las características presidenciales, nada tendría que hacer al lado de ella. Pero lo de D’ Elía no es más que una de las tantas rarezas visuales de este gobierno que encuentra su explicación en la consagrada selectividad de los derechos fundamentales así como en la “apertura mental” que vende carteles de construcción a partir de la diversidad y cuando ésta llega lo único que se generan son disputas y acusaciones de golpismo. Palabra que contribuye a agudizar el siglo del miedo, a confundir a las generaciones venideras y a alimentar un resentimiento que se aleja de la evolución Latinoamericana de la que se jactan.
La Ciudad de Buenos Aires no es una excepción a la regla. A pesar de Macri, la misma sigue poblada de delincuentes. De bandas y de potenciales maras que confirman el estado embrionario que desde hace más de un año se sostiene en este medio.

“Los Topitos”
A pesar de todo lo que sucede, la inseguridad prosigue curso natural ante la anomia vigente. Tanto es así, que las últimas noticias relatan el desbaratamiento parcial de “Los Topitos”. Una pandilla compuesta por menores de edad que en el transcurso de los últimos seis y ocho meses asaltaron, mediante la modalidad de boquetes, kioscos y otros negocios del Conurbano Bonaerense y la Capital Federal. Su “jefa” era una niña de apenas 13 años pero con un prontuario que nada tiene que envidiarle al de un delincuente de 18 años. Datos que revelan y que vuelven a poner en discusión la falta de dialéctica entre educación y familia. Aunque también, la crisis institucional y las teorías que aún abogan en la no criminalización de los menores y en la defensa de sus derechos más allá de las atrocidades cometidas. De este modo, los menores no son tomados como lo que son, delincuentes. Con lo cual, la benevolencia penal se convierte, en las mentalidades de ellos, en una invitación a seguir delinquiendo, dado que hasta el momento no hay instituciones ni centros de rehabilitación lo suficientemente preparados y capacitados para readaptar a estos jóvenes.
Por el contrario, se presentan ante el mundo con mayores armas delictivas y se amparan en la prédica evangélica de algunos especialistas en criminología y abogados que aún comulgan con un sistema que ha dado pruebas suficientes de ineficacia y proliferación de los chicos en banda.

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