Marginales

Breves de lunes. Entre la humareda, la violencia y una mesa del despertar y el lamento.

El colapso
Desde el hartazgo que produce la letanía argumental de los encargados en explicar el por qué, el cómo y el cuándo suceden las cosas, la sociedad se debate entre el ser y el deber ser. Porque otra vez, la Argentina vuelve a experimentar la tragedia de la moral y de los valores. Retorna, al país de Hamlet, para atravesar otro desastre más: El del humo.
Aquel que no es más que la reproducción de la falta de control y conciencia existente en las distintas esferas de la vida que ya han colapsado. Con lo cual, la resolución de los conflictos es más complicada aún.
Es, para algunos de los inoperantes en gestión, un concepto límite enmascarado, en lo que a esta problemática respecta, de deseos de precipitaciones. Es decir, los encargados en salvaguardar el bienestar de la ciudadanía estiman que todo este desastre encontrará su fin con la llegada de la lluvia. Se intenta conformar, a la Argentina marginal, con el pauperismo de la imaginación.
Entonces, el problema pasa a ser del tiempo. Un tiempo sujeto a un Servicio Meteorológico que quedó en la mira social desde aquel día que cayó un feroz granizo jamás alertado. Y que tiene una tendencia sostenida a los equívocos pero que desde ese momento, hasta ahora y por las dudas, siempre anuncia la posibilidad de granizo.
Ahora hay que esperar que los focos todavía encendidos se apaguen. O con la lluvia o bien, por el trabajo de los bomberos. Bomberos a los cuales, llamaron tarde.
Y a todo esto, debe sumársele, la cantidad de teóricos emergentes de la humareda. Aquellos que necesitan imperiosamente destacarse aunque sea, con ridiculeces.
Mientras tanto, los individuos en tanto colectivos seguimos siendo espectadores del teatro político. Como dijo Galeano, del teatro del bien y del mal. Un teatro que en nuestro campo político tiene más de mal que de bien como consecuencia de los pases de culpas. Culpas que siempre, son de los otros. Del pasado.

Suicidas
El problema de la inseguridad a nivel nacional no es una novedad. Es por el contrario, una cotidianeidad con la que nos obligan a convivir los abúlicos supuestos expertos en delitos.
Así, es como los argentinos nos hemos convertido en rehenes de los delincuentes pero también, de la ineficacia de los que desde arriba debiesen ocuparse al momento de colocar personas idóneas en los cargos correspondientes.
De este modo, el debate se asienta en las bases de una policía que versa entre la inoperancia, la buena policía y la policía vinculada al crimen organizado. Esta última en combinación con la primera, conforman un combo demencial que nos ha llevado a un estado de marginalidad antológico.
Porque si bien es cierto que la inseguridad no es una instancia de la vida que apareció en la última década, también es cierto que, en los últimos cinco años se ha profundizado. Eso sucede, por la aparición de nuevos antagonismos así como por la presencia de nuevas formas de expresar el desencantamiento del mundo. Aunque se debe agregar la importación de nuevas tendencias delictivas que encuentra en la región un espacio propicio para asentarse, operar y desarrollarse.
El tema de las pandillas y las maras es revelador y cobró mayor relevancia en el último año y medio cuando en realidad, lleva más de 20 años azotando al continente americano.
Las maras que se enfrentan con los narcotraficantes por el dominio del narcotráfico y las pandillas en ascenso que se enfrentan por el dominio del barrio y/o los pasillos de una villa. Ambas agrupaciones, buscando sentar las bases del poder en los circuitos por los cuales se mueven.
Argentina, como se sostiene en el Blog consecutivamente, asiste a lo que empíricamente se llama, estado embrionario de maras. Esto significa, la existencia de pandillas que han ido aprendiendo el oficio de la delincuencia dejando atrás el narcomenudeo y las peleas esquineras a través del vínculo con las organizaciones verdaderamente peligrosas que dominan los hilos sociales del poder narcoterrorista. No obstante, aún persisten las pandillas que conjugan el adiestramiento mental y logístico con los conflictos originales por las cuales se conformaron.
Tanto así, que en la madrugada del domingo, la Villa 31 volvió a ser el epicentro de la violencia en su grado más alto. Un asesinato como consecuencia de la lucha entre dos pandillas que se disputan el manejo de los pasillos siniestros de una de las villas más peligrosas y en crecimiento de la Argentina.
La muerte de uno de los sujetos no es algo que se perdona en el mundo de las pandillas que no tienen una estructura piramidal tan marcada como la de las maras. En la pandilla, la muerte de un compañero se debe pagar con la muerte de otro miembro de la pandilla contraria. Esa premisa que buscaba ser cumplida derivó en un enfrentamiento con la policía de la comisaría 46 en la que por supuesto, no faltaron los disparos.
Porque si algo se trafica por los pasillos de la 31, además de droga, son armas. Y tampoco falta la prostitución infantil. Fundamentalmente, en el fondo de la villa. Lo que sería, el llamado barrio chino.
Todos se revelan frente al orden establecido. Algunos desde la pasividad y forjándose en el trabajo; otros, mediante la barbarie de confrontaciones suicidas para materializar un poder que solo se encuentra en sus imaginarios y en el temor que generan en los de afuera, los llamados por ellos, “caretas”.

La mesa
Luego de un sábado complicado a causa del humo, colmado de preguntas acerca de quiénes fueron los inadaptados sociales que quemaron los pastizales de manera irresponsable, y observando a la señora Presidente en su postura sobreactuada de mujer que concurre al lugar de los hechos, el domingo fue más tranquilo.
A pesar de que los periodistas de TN parecían extrañar el humo, ya que a cada instante daban alertas de su posible retorno. Y especulaban con la pelea entre el gobierno y los productores rurales de manera compulsiva.
El día pasó e hizo lugar a la noche.
Mientras Majul realizó casi todo su programa “entrevistando” a Jorge Rial y poniendo a la vista de la audiencia su costado más cholulo; Grondona también estuvo al aire y por supuesto, no faltaron ni las hipótesis del humo y mucho menos, su desglosamiento de las palabras para pone en práctica su adorado latín y griego.
Así fue como explicó a los televidentes qué quiere decir la palabra piromaniaco. Y aprendimos que en griego “pyr” es fuego y “maniaco” es alguien enajenado. En éste caso, sujeto que prende fuego de manera indiscriminada. En criollo, un loco.
Pero en el programa no todo fue humo, también nos deleitó la apocalíptica señora Carrió. Quien parece haber cambiado a Hannah Arendt por autores menos respetables. Ocurre, que la mujer de la Coalición Cívica, ahora nos habla de los caminos y de los procesos por los cuales la sociedad tiene que atravesar para llegar a la bueno. Para ver la luz. Para que no profundicemos la enfermedad.
Carrió nos invita a despertar nuestras conciencias tal como lo hace un brasilero llamado José Trigueirinho supuestamente experimentado en el más allá que propone un camino mayor y perfeccionado. Un camino que conduzca a la armonía y cooperación.
Algo que en realidad no es más, que un cambio de paradigma.
Finalmente, los invitados a la mesa del Doctor Grondona fueron los más nostálgicos peronistas hundidos en el lamento boricano de la conducción del PJ.
Héctor Maya, devoto de Alberto Rodríguez Saá y sus ángeles, como ellas se proclamaron: Teresa Solá y Olga Rituort.
Crearon una mesa, literalmente "cachonda". Como si en el FREJULI, todos estuviesen enamorados y encantados el uno por el otro. Y como si el resto de los opositores, fuesen marginales.

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