El colapso americano

Un recorrido por México, Colombia y Venezuela. Más, una Argentina violenta.

Sin miedo
En momentos de colapso social en el cual las esferas de la vida se encuentran comprometidas frente a un mundo que aún persiste en tironearse entre la izquierda y la derecha, los ciudadanos de los distintos países atraviesan por un estado de inseguridad que alarma y se propaga como una epidemia.
Inseguridad vinculante al crimen organizado que se bifurca entre el narcoterrorismo, las guerrillas, las maras y las pandillas juveniles. Agrupaciones diversas que tienen como común denominador el empleo de la violencia para imponer presencias.
Portadores de armas y jinetes terroristas que a través de la demencia buscan gloria. Sin importar nada ni nadie. Solo el fin a alcanzar es lo que sobresale de la cadena de eslabones que sujetos hambrientos de poder han creado.
Como si el miedo no existiese. Como si el mismo, apenas fuese, un estado aparte.
Y de hecho, en el mundo del crimen organizado, lo es. Porque de barajarse al interior del grupo, impartirlo, se vuelve una acción difícil. Prácticamente, imposible. Entonces, no existe cabida para el miedo cuando se quiere ser parte del delito a gran escala.

La partida mexicana
Si hay un país afectado por el problema del narcotráfico y las maras, es México. Un país cuyas fronteras se han convertido en verdaderos campos de batalla por el dominio del narco y el tráfico de personas. Incluso, el tráfico, alcanzó los órganos.
Espacios de formación de miembros de pandillas que buscan trascender el narcomenudeo e insertarse en el peligroso universo de las maras. Universo en el cual, la vida del que recién ingresa, no vale nada.
Sin embargo, son muchos los jóvenes que se suben a la vorágine de una vida loca que va más allá del consumo de estupefacientes.
Tanto es así, que adolescentes y menores son abastecidos de cocaína, heroína, marihuana y otras sustancias por los grandes cerebros de la estructura piramidal para realizar la respectiva distribución por la Nación y Estados Unidos.
Una vida de peligros que se sintetiza en todo o nada.
Y para lograr ese todo, es preciso, no temerle a nada.
Dejar todo por el dominio de los hilos del poder. Arremeter contra todo y no dejar que nada sea aleatorio. Porque lo aleatorio puede ser el final del camino trazado por los criminales que se forjaron en la misión de arrasar.
Razón por la cual, la premeditación y el cálculo son dos instancias fundamentales. Las cuales, han permitido la fastuosa proliferación del delito en el mundo entero. Y en el caso particular de América Central, se crearon condiciones lo suficientemente cómodas para la instalación de un importante número de células de la M18 así como de la Mara Salvatrucha.
Aquellas que llegaron al país azteca desde Guatemala y Estados Unidos ante una liberación de fronteras poco inocente.
“La mayoría de los grupos de maras que delinquen en México ya no son dirigidos por centroamericanos, sino por mexicanos, quienes conforman alrededor del 60% de las células. Según cálculos de la Comisión, el 70% de éstos son jóvenes de entre 12 y 17 años”. (La crónica de hoy, 3/4/08, México)
Últimas noticias indican que “La subsecretaria de Estado para el Control de Narcóticos de Estados Unidos, Christy McCampbell, anunció el jueves que su país reforzará la ayuda a México y a los países centroamericanos a fin de combatir las maras o pandillas”. (http://www.chron.com/disp/story.mpl/sp/nws/5691761.html)
Un dato positivo que debería considerar además, que el consumo indiscriminado de droga en el país norteamericano contribuye al asentamiento del narcotráfico en Centroamérica debido a la rentabilidad del mismo y a la no intervención en las rutas del narco.

Colombia y Venezuela
El conflicto con Las FARC no es un dato menor dentro de la región.
La situación por la que atraviesan los rehenes de esta guerrilla y en especial, la tenencia de Ingrid Betancur, es una problemática que ha captado la atención mundial porque la misma encierra un conflicto político que también tiene que ver con el dominio de los territorios.
De un tiempo a esta parte, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha sido el disparador de una serie de declaraciones que no hacen más que revelar la estrecha relación que mantiene con los integrantes de esa organización terrorista.
Incluso, su proceder demuestra que lejos de conducirse hacia la evolución, Chávez retrocede a su país mediante un trabajo que busca alcanzar la perpetuidad en el poder intentando emular la figura de Fidel Castro.
Es decir, mientras que muchos países del continente intentan avanzar buscando alianzas con determinados países europeos, el venezolano se estanca en una posición “revolucionaria” que puede concluir en una brutal guerra con Colombia.
De hecho, en declaraciones de pocas semanas atrás, representantes venezolanos destacaron que el asesinato del líder de las FARC, Reyes, solo ha logrado que el conflicto se agudice y profundice aún más en Colombia, ya dicho sujeto, según Venezuela, lideraba negociaciones referentes a un acuerdo humanitario.
Y contrariamente a lo que sucede en ese país, también remarcaron el rechazo hacia todas las formas de terrorismo y acusaron al gobierno de Uribe de festejar dicha muerte.
Contradicciones entre retórica y práctica que no hacen más que reconfirmar el estado de barbarie que experimenta concientemente la clase dirigente y que sin duda alguna, repercute atrozmente en los de abajo.

El desencanto argentino
Mientras el problema agropecuario persiste, la descomposición social en Argentina no ha cambiado. Los hechos de violencia se instalan en el marco de una sociedad a la deriva a la cual, le cuesta anclar como consecuencia del síndrome de la soberbia gubernamental actual.
Tanto es así, que en las últimas semanas las noticias más destacadas han tenido que ver con la violencia escolar. Aquella que se produce en los claustros educativos y/o en fiestas que se realizan en casas de particulares para recaudar fondos para tal o cual arreglo.
Adolescentes desencajados por la falta de límites se desplazan por la vida contribuyendo a la brutal inseguridad que nos envuelve. Algunos, con el cliché del desencantamiento del mundo, otros, para demostrar quiénes son los más fuertes y el resto, por patética imitación.
Sucede, que existe una tendencia sostenida a la complacencia que invita al desborde y que contribuye al colapso de las diversas esferas de la vida. Con lo cual, ley, norma y orden son palabras entendidas negativamente. En lugar de ver en ellas organización social, se observa autoritarismo y también, recorte de la libertad de expresión de los nuevos encendidos juveniles.
Ahora bien, la Presidente Cristina Fernández siempre se refiere, aunque de manera distinta a Carrió, a la condición humana.
Ambas experimentan cierta nostalgia por la autora de “Los orígenes del totalitarismo” y a partir de ella se expresan en algunas ocasiones. En el caso de la Presidente, su postura revela que la condición humana tiene que desarrollarse mediante cuatro básicas premisas:
-Racionalidad.
-Sinceridad.
-Sensibilidad.
-Responsabilidad.
Si estas cuatro características fuesen puestas en práctica como corresponde, dudosamente la sociedad argentina estaría inserta en este caos que desborde de anomia. Dudosamente, los menores caminarían la vida jactándose, muchos de ellos, de ser delincuentes.
Es decir, si no se construye un espacio para el diálogo, difícil es arribar a soluciones. Soluciones que deben darse desde lo político, familiar y educacional. Estableciendo, estas dos últimas esferas una relación dialéctica en la cual, la primera eduque y la segunda instruya. Complementarse en un trabajo unísono.
La familia como célula de la sociedad desde lo individual y la escuela como institución formadora en materia de socialización con el otro semejante, desde lo colectivo. De lo contrario, la evolución y el desarrollo no serán más, que conceptos límites.

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