Prórroga para el progreso

El gobierno, los agropecuarios, el pueblo y los inadaptados de siempre en una plaza que parece ser privativa de ciertos sectores de la sociedad.

La peor elección
En oposición a la retórica se encuentra la práctica en el marco de una Argentina cuyos actuales dirigentes se jactan de relacionarse con lo más involucionado en materia mental de América Latina. Venezuela.
Un país en el cual, los derechos fundamentales han quedado en el olvido. Y cuando se los recuerda, es para unos pocos. Algo similar sucede en nuestro país. Territorio que allá lejos y hace tiempo se dividía en civilización y barbarie, hoy se encuentra estancado en el siglo del miedo. Un siglo del cual, no parece querer salir el gobierno de los Derechos Humanos selectivos que enmascara acumulación con velo de progresismo.
Porque nuevamente, la Nación Argentina vuelve a ser testigo de la barbarie. De la fragmentación acentuada. Del estado de descomposición social que termina de estallar ante un discurso presidencial más provocador que conciliador ante el conflicto del campo.
Una mesa de diálogo que se cierra y una distorsión de los hechos que profundiza la crisis. Crisis que se evidencia en todas y cada una de las esferas de la vida. Crisis de identidad frente a enlaces con países gobernados por dementes que lo único que buscan es perpetuarse en el poder.
No obstante, el kirchnerismo, también parece querer proseguir con esa línea. Entonces, lo que para ellos significa una gran elección que responde a las ideas libertarias, para la sociedad argentina atenta al sentido de la evolución, es la peor elección.

Palabras más, palabras menos
Trece días de paro agropecuario igual a trece días de silencio. Un silencio que evidenció abulia al mismo tiempo que soberbia.
Pero cuando habló, dicha soberbia se exacerbó y nuevamente el pasado se hizo presente. Porque hablando del pasado, la presidente, intenta escabullir las culpas del hoy. De la inoperancia.
Se sobrestima y subestima a los ciudadanos al decir que el paro agropecuario es contra la sociedad. Que es un paro de la abundancia. Declaraciones desafortunadas que sin duda alguna, en un país ya marcado por el componente trágico de la política, tenían un final anunciado.
Y palabras más, palabras menos, lo que logró Cristina Fernández a través de su programado discurso fue alentar, aún más, los antagonismos.

Derecho a protesta
Indudablemente, el derecho a protesta en la Nación Argentina es parcial.
Se puede protestar en tanto y en cuanto los reclamos no afecten los egos gubernamentales. Se puede reclamar, si las demandas no ponen en jaque la legitimidad del gobierno.
No se reprime a los delincuentes y tampoco a los que no respetan la constitución nacional porque eso, según la línea de pensamiento de los Kirchner, es fascismo.
En cambio, es válido reprimir la protesta de personas que apoyan las peticiones del campo. Claro está que no con la policía, sino con los piqueteros oficialistas. Quienes actualmente manejan los hilos del poder en las calles cuando se roza la susceptibilidad de la señora presidente.

Pérsico y D’Elía
Referentes de los movimientos piqueteros enarbolados en el lamento boricano de la no igual de oportunidades y atentos a las necesidades de las dos caras del espejo, estos sujetos se creen los ordenadores sociales.
Representantes de muchos individuos sumidos en la vagancia, a los que les es más redituable ser piquetero que tener un trabajo, por ejemplo, con horario de oficina.
D’Elía, admirador del brazo venezolano argentino y resentido social, busca acomodarse ilimitadamente en el gobierno. Para ello, quiere jugar a ser el mejor alumno y sigue los pasos de Scioli en carácter de muñeco que se pone y se saca.
Tanto es así, que el incontinente verbal, luego de tener una comunicación telefónica con Gerardo Rozín por el aire de C5N y en la que se mostró ofuscado y patéticamente complaciente para con el discurso presidencial, irrumpió junto a los salvajes de Pérsico en la Plaza de Mayo para sacar a los ciudadanos que allí estaban.
Ciudadanos, que en el imaginario piquetero, son oligarcas.

La plaza trágica
Mientras que para las madres de Plaza de Mayo, la plaza es de ellas, para los piqueteros K, la plaza, es de ellos.
Bajo esa premisa y al grito de insultos, los piqueteros que gritaban ante las cámaras de televisión en estado de dudosa lucidez, se fueron como animales contra los vecinos allí presentes.
Iban, desmesuradamente, al choque.
Querían demostrar que son poderosos colectivamente, dado que individualmente no existen.
Ávidos de reconocimiento y necesitados de expresar su descontento personal y para con el mundo del cual se creen víctimas, generaron temor y temblor para que la plaza de todos los argentinos quedase para ellos.
Marcar territorio creyendo que eso los enaltece ante la mirada de una mujer que por sus características, seguramente, los rechaza. Aunque es conciente que los necesita y por eso, simula igualdad.
Ayer por la noche estos piqueteros intentaron instalar la idea de que la plaza les pertenece, obviando que no todos los individuos que conformamos esta sociedad moderna y contemporánea no participamos del tablero oficialista. Que no somos fichas que se ponen y se quitan conforme a las necesidades de turno.
Porque mientras ellos salen a respaldar al gobierno más allá de todo y de todos, hay otros sectores de la sociedad que salieron, por un lado, a solidarizarse con el campo y por otro lado, a manifestar su descontento para con una presidente que no fue votada por el total de los argentinos.
Dos situaciones que se entremezclaron desde una acción pacífica que encontró su disturbio, cuando llegaron los inadaptados de siempre para intentar convertir el espacio en tragedia.

Prórroga para el progreso
Con un Moyano que reúne a los camioneros para amenazar a la gente del campo y un D’Elía más un Pérsico que sacan, mediante el empleo del miedo, a los ciudadanos comunes de la Plaza de Mayo, Argentina, no progresa. Por el contrario, retrocede.
Entonces, se asiste a un pedido de prórroga para progresar a ciencia cierta y no bajo la amenaza de grupos que sí componen lo más bajo de la sociedad argentina.
El lumpen del que se valen los políticos para amedrentar la palabra y la acción social. Las principales plazas de las distintas provincias de nuestro golpeado país se poblaron como hacia tiempo no ocurría.
Vecinos que se solidarizaban con los pequeños y medianos productores agropecuarios que solicitan la reducción de las retenciones. Trabajadores que tal vez, en un principio, adoptaron el cliché del progresismo y la condición humana en la Argentina de Hamlet.
País signado por la tragedia que ayer temía y recordaba el caos del 2001. Un año que parecía retornar, con otros actores gubernamentales pero con el mismo pueblo cansado y fatigado ante la ignorancia voluntaria de los problemas que nos envuelven, convirtiéndonos en una triste sociedad de pasado.

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