La vida loca

La Argentina del caos y el desborde se posiciona en el ranking de los países más violentos del continente.
El brote de “Las Pirañas” en el contexto de un paro estilo campo.

Mientras el paro agropecuario prosigue y el gobierno se toma su tiempo para ver qué hacer frente a los reclamos de los productores, en Argentina, la violencia prosigue de manera ilimitada. Porque dicha variable encuentra un espacio propicio para el asentamiento de individuos agrupados que buscan sobresalir del resto de la sociedad.
Se creen superiores por portar un vocabulario específico y patético que denota la falta de educación así como en algunos casos, la falta de contención familiar.
Los chicos en banda, paulatinamente, se adueña de las calles del extenso territorio cuyo orden social se encuentra en jaque.
Se entremezclan en las protestas y se valen de los reclamos sociales pacíficos para marcar una línea de diferenciación al presentarse de manera violenta y jactanciosa.
Menores amparados por algunos piqueteros referentes del oficialismo y/o la oposición porque entienden que ellos existen como consecuencia del sistema capitalista, o bien, por la abulia de la sociedad que simplemente los etiqueta como delincuentes sin contemplar los por qué de sus actitudes.
Algunos, emergentes de la marginalidad y otros, persistentes adolescentes que buscan nuevas experiencias de vida. Para ello, incurren en ilícitos y se relacionan con lo peor pero más sofisticado del narcoterrorismo.
Hoy, el tema candente es el conflicto del campo, por lo que la atención periodística, lógicamente, se encuentra concentrada en dicho foco. Entonces, los inadaptados sociales que han convertido a los ciudadanos argentinos en rehenes de la delincuencia aprovechan el problema para poner en práctica el diseño logístico que desarrollan sigilosamente.
Ellos “trabajan” al tiempo que las fuerzas supuestamente encargadas en salvaguardar el bienestar, descansan. O en el peor de los casos, son característicos cómplices indiferentes.
Un estado de situación que alarma y del que surgen nuevos sujetos que ponderan la actividad delictiva. Sujetos que aprovechan el caos por el que atraviesa el país para saquear, por ejemplo, supermercados ante el desabastecimiento tan temido que ya se visualiza en diversos centros comerciales.
En este contexto, la vida loca se hace presente.
Aparecen “Las Pirañas”. Un grupo de número importante que se expandió por la Avenida Crovara para desplegar las tácticas y estrategias del delito organizado.
Jóvenes comandados por sujetos preparados en el armado de operativos crearon un desastre en un ambiente de desasosiego en el cual, todo podía suceder.
Se valieron de la concentración de la información en las rutas y en la casa de gobierno para dar un golpe que aguardaba el día preciso.
Fue entre el martes y el jueves de la semana pasada. Y solo el noticiero de AMERICA dio la información de manera parcial.
Ocurrió el desastre en los días de furia con ruido a cacerolas.
Los delincuentes avanzaron por Crovara. Unos vigilaron, otros distrajeron y otros, finalmente, ingresaron de manera voraz llevándose todo del mercado.
Absolutamente combinados y sin miedo a nada, “Las Pirañas”, les hacen honor a los peces carnívoros de río. Aquellos que se reúnen en grandes bancos y aprovechan la agitación de las aguas.
Estos chicos mafiosos que ya conforman una especie más dentro del abanico de las pandillas delictivas y del estado embrionario de maras en Argentina, fueron despiadados.
Excitados como consecuencia de la adrenalina que les produce delinquir así como también, por la ingesta de estupefacientes.
“Las Pirañas” encuentran semejantes en México. Allí, existe un grupo llamado “Los Pirañas”. Quienes se enfrentan, como comúnmente sucede, con otro grupo. En este caso, “Los Dragones”.
Estos chicos reunidos en pandillas, se metamorfosearon del mismo modo que las bandas en Argentina. Pasaron de los encuentros en las esquinas y las peleas a puños al delito a gran escala y al uso de armas blancas y en algunos casos, de fuego.
Todo ello, en una ciudad en la que los temores de hoy no son más que los temores de siempre pero exacerbados por estas agrupaciones delictivas y en estos últimos días por piqueteros oficialistas que se enarbolan en su condición conforme a su conveniencia.
Primero con orgullo y luego, cuando son ubicados bajo el panóptico social, se convierten en víctimas.
Contradicciones y proliferación de la inseguridad en un país que espera ansioso respuestas y soluciones a los problemas más urgentes que nos paralizan como sociedad.
Que nos estacan en el primitivismo mental de las autoridades gubernamentales y en un desarrollo abrumador del crimen organizado.
“Las Pirañas” nos acechan dentro de éste triste estado de naturaleza que nos envuelve, retrotrayéndonos a un contractualismo que tendría que ser solamente, una parte más de la historia que compone esta era moderna y contemporánea.

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