Argentina tiene dos caras

La tragedia Argentina, el matrimonio, el lamento puntano y la inseguridad parcializada.
Los conflictos por los que atraviesa la Nación Argentina parecen no tener fin. La necesidad de confrontar y dirimir cuestiones personales en el campo político revela la precariedad argumentativa que existe al momento de hacer referencia a los problemas que nos azotan.
Tanto es así, que nuestra sociedad atraviesa por un estado excepcional signado por la barbarie. Un estado de situación en el cual, la inseguridad, es la primera vedette y la violencia, la segunda.
Ambas se complementan hasta conformar una relación dialéctica como consecuencia de la anomia. Aquella que crea un espacio propicio para la proliferación del crimen organizado en los distintos puntos del país. Crimen organizado entremezclado con escuadrones de la muerte, sicarios, narcoterroristas, pandillas y embriones de maras.
Un combo ultra violento que llama la atención de los individuos que conformamos esta sociedad moderna y contemporánea pero que parece no generar los mismos temores y/o preocupaciones en las autoridades gubernamentales.
Porque por una u otra razón, el tema de la inseguridad es parcializado. Minimizado como tantos otros de manera patológica y compulsiva.
Desde lo Nacional como desde lo Provincial, los encargados de salvaguardar el bien común se dedican a traficar culpas en lugar de sentar las bases en el terreno de la acción. Sucede, que la falta de compromiso y la retórica con la cual se asume tiende a cambiar una vez detentado el poder. El cual pasa a ser el centro de la escena en las mentalidades que pretenden perpetuarse en el.
Tener el control de la política, olvidando, voluntariamente, la función que deben cumplir.
Bajo estas características se mueven los grupos de poder.
Con premisas delineadas de manera premeditada buscan acomodarse y arreglar con el político que más despreciaron mediáticamente.
Todos contra todos hasta que llegue el momento de hacer acuerdos. De unirse para voltear al que intenta escalar para llegar a esa cima deseada.
Y para ello, los medios de comunicación son fundamentales.
De hecho, el domingo retornó a la pantalla el Doctor Mariano Grondona. Por C5N volvió Hora Clave.
Y con absoluta generosidad, Grondona, “resucitó” a uno de los derrotados de las últimas elecciones. Aquel que durante toda la campaña, de manera soberbia y jactanciosa se proclamaba como ganador. Porque del mismo modo que las encuestas "invitaban" a no votar dando a Cristina Fernández como absoluta ganadora, Alberto Rodríguez Saá, hacia exactamente lo mismo desde su lobby puntano.
Rodríguez Saá recuperó pantalla por la benevolencia del conductor de Hora Clave y allí retomó su monótono y melancólico discurso peronista.
Volvió con sus acusaciones y su discurso auto referencial. Solo faltaba Héctor Maya para completar el dúo de los lamentos y de la exaltación por el escudo.
En su demencial verborragia, le faltaba decir que Cristina no está en el gobierno. Que tan solo es, una alucinación de los argentinos. Independientemente de que todos sabemos, que detrás de esta mujer, hay un hombre que sigue digitando.
Es decir, la Argentina actual, al igual que los espejos, tiene dos caras. Con la diferencia que aquí, el amor romántico no tiene cabida. Además pues, que Cristina no es Barbara Streisand y Néstor, mucho menos, Jeff Bridges. Eso es lo que puede visualizarse y leerse en el entrelineas.
Dos caras que banalizan todos aquellos problemas para los que no tienen explicaciones concretas. No obstante, la tragedia argentina tiene más protagonistas. No todo se concentra en la cúspide. También existe el lumpen que ocupa cargos que los excede en capacidad.
Sujetos vacilantes que se dedicaron a cuestionar gestiones anteriores, ahora reproducen desastres y generan otros.
Sobre todo, en materia de seguridad.
Esfera de la vida que tanto preocupa pero que en apariencia, poco ocupa.
Indiferentes a las recomendaciones de los especialistas y abúlicos frente a los ciudadanos espectadores de la barbarie, algunos dirigentes, prosiguen polarizados. Tal vez, muchos de ellos, ni siquiera caminen por las calles.
Mientras tanto, el mundo, a los argentinos, nos pasa demencialmente.
No se atienden las peticiones. Incluso, el actual Ministro de Seguridad parece considerar que los delincuentes operan de lunes a viernes y en horario de oficina. Razón por la cual, anuncia sus visitas a las poblaciones que reclaman seguridad los días de semana y no durante el weekend.
Aquel que contribuye a profundizar el ocio y la pereza de la acción en algunos mandatarios.
Stornelli cree que el crimen organizado se toma descanso. Que no actúa los fines de semana y seguramente, estimará que los feriados tampoco. Entonces, para qué hacerse presente. Para qué prevenir, si para Stornelli en su mundo, los delincuentes, se toman weekend.

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