Los rehenes del terrorismo

Los medios, el crimen organizado y la funcionalidad de la vida.
“El fracaso del miedo”
La violencia en el mundo se ha convertido en una variable de uso cotidiano que logró terminar, en ese sentido, con la brecha entre países del primer mundo y países del tercer mundo. Sucede, que el quiebre en el tejido social por el que atraviesan las distintas sociedades como consecuencia de los malos manejos entorno a la modernidad y la globalización, se profundiza paulatinamente.
El cuestionamiento y el rechazo hacia los usos y costumbres de la tradición, así como la falta de precisión acerca de las normas de urbanidad, alteraron la evolución social. De este modo, se creó un espacio propicio para el desarrollo de un “primitivismo sofisticado” en términos de miedo y terror.
Ambas instancias repercutieron y repercuten en el orden social establecido, imponiéndose la segunda por sobre la primera. Tanto es así, que los miedos pasan a formar parte de un anecdotario dentro de un mundo signado por el terror.
En estas instancias, el miedo fracasó al tiempo que el terror encontró íntima relación con la política.
De hecho, la mayoría de las organizaciones terroristas a gran escala mantienen, por una u otra razón, vínculos con los gobiernos. Negocian con ellos para establecer o acordar pautas de convivencia dentro de un marco que versa entre la confrontación y la complicidad.
Sucede con las maras, con los grupos guerrilleros y con grupos terroristas del tipo ETA o Al Qaeda. Aunque lo cierto es, que no siempre se cumplen los acuerdos. Con lo cual, el estado de alerta es permanente.
Siempre se está a la espera de que algo malo pueda suceder. Bajo estas circunstancias, las diversas teorías de desgaste resuenan, no solo en los funcionarios a cargo sino también, en las poblaciones.
El papel de los medios
Los actos terroristas a través de la difusión de los medios de comunicación dan la vuelta al mundo. Entonces, es imposible quedarse afuera de lo que sucedió en tal o cual lugar.
El terrorismo no es inocente con respecto a esto.
Sabe de sus alcances. Tiene conciencia y utiliza a los medios como herramientas difusoras de sus acciones. Por tales motivos, el relativismo en materia de relaciones humanas no puede tener cabida, puesto que si eso ocurre se desvía la atención. No se tienen en cuenta cuestiones tales el por qué y para qué alguien dijo lo que dijo e hizo lo que hizo.
Narcoterrorismo colombiano
El caso colombiano es emblemático en lo que al terrorismo respecta, ya que según especialistas el conflicto en Colombia estuvo parado durante años hasta que rebrotó a causa de la cocaína.
La guerra desatada es considerada por muchos intelectuales como la última guerra del continente americano. Una guerra que devino en narcoguerra. Y eso se debe a que la droga es un producto que goza del libre comercio en un mundo sujeto a los ritmos de la globalización.
Si bien en Colombia el conflicto no comenzó con la droga, el mismo se exacerbó hasta producir la llamada violencia endémica.
El problema colombiano reside fundamentalmente en una ausencia del control del estado sobre el territorio.
Un control vital para evitar los desmanes que allí suceden. Sin embargo, la ausencia de dicho control es funcional para los grupos armados, ya que los recursos de los que dispone cada área del territorio poseen relación directa con los grupos mencionados.
Colombia es el punto de cultivo de coca más importante y el que abastece a la gran mayoría de las Naciones.
La zona de Sierra Nevada, por ejemplo, es altamente peligrosa. Allí hay depósitos de droga, plantaciones y asentamiento de personas que trabajan en el mercado del narcotráfico. Razón por la cual, el gobierno colombiano ha decidido la fumigación de dichas plantaciones de coca. Se entiende, que el 70% de la cocaína que sale de la costa norte de Colombia realiza la siguiente ruta: Cruzar el caribe para llegar a Belice, Nicaragua, Panamá, Honduras, Guatemala.
Todo este camino por mar para luego pasar la mercadería a camiones que cruzan México buscando el mercado de USA.
Mientras que el porcentaje restante va a lugares como Jamaica, Haití, Puerto Rico y República Dominicana.
Betancourt y la FARC
El caso de Ingrid Betancourt conmociona al mundo. Cuestiones políticas, económicas y de genero se encuentran en el centro del escenario reflejado en la imagen de la fatiga, la impotencia y la revelación contenida de una mujer que se encuentra secuestrada desde hace cinco años por la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) Una de las organizaciones más peligrosas vinculada al poder político.
Medidas extremas que pueden calificarse como actos demenciales conllevan pedidos políticos concretos.
Una combinación de extremismo y racionalidad se conjugan al interior de esta organización de corte insurgente que guarda rehenes en medio de la selva.
Y de no darse las condiciones a las que ellos aspiran, la liberación, no será un hecho. Independiente de las intervenciones que las distintas Naciones comprometidas lleven adelante.
Se trata, del intercambio de personas.
Ahora bien, en el caso particular de América Latina, tanto la división social como la evidente debilidad de los regímenes políticos fueron favorables para el desarrollo de movimientos insurgentes que atentan contra los derechos fundamentales del hombre y que paradójicamente están conformados, en el caso particular de la FARC, por ex campesinos ahora armados, en combinación con poderosos cerebros que controlan las zonas en las que se encuentran asentados. Incluso, cuentan con “embajadores” en diversos países del mundo.
La funcionalidad de la vida
La cuestión de la vida en el contexto del terrorismo es fundamental.
Así como para las pandillas juveniles la vida del otro no referente no vale nada, para el crimen organizado, esas mismas vidas valen mucho. Sobre todo, cuando esas vidas pueden llevar a la consagración por el logro de un fin. Más allá de los medios que se utilicen y de los costos que se deban pagar en el corto, mediano o largo plazo.
Veamos, más allá de las especulaciones con respecto a la vida de Betancourt, la FARC, no dejará que muera. Porque de seguir su línea de pensamiento, la vida de ella en particular es lo que le brinda sentido a sus actividades para así poder negociar “dentro” del campo político.
Obtener sus demandas aunque sea, a través de la mediación de Chávez, Sarkozy y otros mandatarios, dado que la relación con Uribe es demasiado conflictiva.
La eventual muerte de Betancourt no les sería entonces conveniente y mucho menos redituable a sus fines.
Muerta, Betancourt dejaría de ser un negocio no solo para la insurgencia sino también, para lo político y mediático.
La globalización del caso y los intereses creados revelan como, de un tiempo a esta parte, el terrorismo maneja los hilos del poder.
De este modo, la miseria existente en el mundo se hace presente y la poca importancia del bien común se agudiza en el contexto de la barbarie que nos ha tomado como rehenes.
Sujetos sujetados como hubiese dicho Althusser y Brecht acotaría el abuso como regla, enmascarado por un sistema político social que dice regularse a sí mismo.
Universo de significados
Todos aquellos grupos vinculados al narcoterrorismo o crimen organizado tienen una estructura de pensamiento definida en cuanto a lo que ellos creen son injusticias. Sus argumentos representan los reclamos de algunos sectores sociales.
Con una cosmovisión diferente, las autodenominadas agrupaciones guerrilleras y calificadas por los otros como agrupaciones terroristas, tienen denominadores comunes: acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas. Es decir, el universo de significados de estos grupos gira alrededor de la desigualdad. Así fue la emergencia de las pandillas devenidas en maras y en el caso de la FARC, se suma el objetivo de la intervención militar y de capitales estadounidenses en Colombia mediante el establecimiento de un Estado marxista-leninista y bolivariano.
Bajo estas características, el velo de la evolución y desarrollo en Centroamérica y América Latina se cae. Se convierten en expresiones de deseo que buscan calmar el levantamiento de las distintas sociedades que atraviesan por un estado de descomposición y colapso en sus distintas esferas.
Porque lejos de arribar a soluciones, el descalabro se arraiga y la propagación del terrorismo no encuentra límites.

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