La evolución de las maras

La herencia que el incompetente de Arslanian le deja al acomodaticio de Scioli. Más, el problema de las maras en la región.
La necesidad de resolver el problema de la inseguridad en Argentina así como en el resto del continente es urgente. Porque más allá de las especulaciones y las cuestiones personales que los funcionarios tienden a dirimir en el campo de lo político, la problemática afecta naciones y pone en jaque el orden social. El cual ya es un caos y refleja el estado de descomposición al que se asiste, así como la vulnerabilidad por la que atraviesan los derechos fundamentales de los hombres.
Aquellos que en el contexto del kirchnerismo se han vuelto selectivos en conjunto con el reconocimiento de los conflictos que nos envuelven y que nos han convertido en sujetos sujetados a la barbarie que las pandillas y el narcoterrorismo con signos de maras nos han impuesto.
Una forma de vida que dista de ser la deseada y esperada. Alejada de la normalidad y atravesada por el temido estado excepcional. Un estado que solo parece experimentarlo la sociedad, puesto que el gobierno, a pocos días de finalizar los mandatos, aún no reconoce o ignora, voluntariamente, que en materia de seguridad los argentinos conformamos un submundo de olvidados y desamparados.
Mientras países como Guatemala y El Salvador reconocen la emergencia nacional en este área, nuestro país relega, plantea soluciones que inmediatamente devienen en problemas o bien, resuelve demencias. Como las de Arslanian.
Quien termina su mandato de manera vergonzosa pero fiel a su imaginario y a su línea de pensamiento. Pues, más todos los problemas que Scioli hereda, se le deja también el desastre de los policías que asumirán. Un desastre que no tiene que ver con la asunción en sí misma sino con las paupérrimas características que poseen. Esto es, que casi en su mayoría, los policías no han terminado sus estudios secundarios y en algunos casos, ni siquiera los comenzaron.
Entonces, el desparpajo y la jactancia de Solá al decir que le deja al gobernador electo una provincia de Pie es una subestimación hacia todos los argentinos. Fundamentalmente, hacia los bonaerenses. Una subestimación, que sin duda alguna, subleva, puesto que lo que en realidad hereda Scioli es una Provincia de Buenos Aires colmada de vacíos y colapsada en materia de salud, seguridad, educación y vivienda. Con lo cual, se profundiza el colapso y se redobla la bienvenida al crimen organizado. Porque si no se adoptan medidas que trasciendan la inoperatividad de un Ministro de Seguridad que importó problemas cuando no los había, minimizó los existentes y cuando sus predicciones revelaron sus primeros indicios los negó, el desastre será mayor.
Ahora bien, lo cierto es, que al tiempo que algunos investigadores sociales son reduccionistas con respecto a las consecuencias que la presencia de las pandillas y maras tienen en los países comprometidos, otros las responsabilizan sobre el aumento de la inseguridad en toda la región. Tanto es así, que en una nota publicada en el Portal Digital ESMAS con fecha 29 de noviembre de 2007, se confirma lo que desde hace tiempo se afirma en el Blog: “Ya son crimen organizado, las pandillas en nuestro país son parte de la estructura del narcotráfico, del tráfico de personas, de trata de blancas y del tráfico de armas”.
La evolución de las maras en Centroamérica y su paulatina propagación hacia el sur nos advierte acerca del fracaso que han tenido hasta el momento los planes para su erradicación y/o inserción. También se pone de manifiesto que la toma de conciencia no es la misma en todos los países y que los criterios autárquicos no son funcionales a la seguridad sino al crecimiento de las maras.
Razón por la cual, el tema de la seguridad no puede pensarse solo en términos sociológicos o políticos. Debe tratarse de manera global, dado que la inseguridad no es privativa de tal o cual esfera. Es decir, en un mundo moderno y globalizado, la inseguridad se ha insertado en todas y cada una de las fases de la vida. De ahí, la necesidad de llevar adelante un análisis multidisciplinario.
Una lectura rigurosa que no admita incoherencias o calificativos de “sensaciones”. Tampoco que se tomen licencias para banalizar o parcializar los conflictos que nos azotan, convirtiéndonos en rehenes de una historia de violencia indiscriminada.
Porque la conformación de los grupos delictivos no es una ficción. Es una realidad que sentó su paradigma. Aquel que ha encontrado, frente a la abulia de nuestros funcionarios retardatarios, un espacio propicio para desarrollarse.
La existencia de la “Banda del Guacho” en el Conurbano Bonaerense, “La Fabela” y “Los Ninios Populares” en Rosario, son apenas algunos de los ejemplos del estado de barbarie en el que se vive.
Por lo tanto, el trabajo para evitar que estas pandillas argentinas muten a maras debe ser inmediato. El estado embrionario ya es un hecho innegable. Absolutamente irrefutable.
La movilidad ascendente de las pandillas es notoria. Tanto aquí como en otros países centroamericanos. Naciones en las cuales, “las “maras” han cimentado una eficiente movilidad por estos cinco países, donde han establecido mecanismos efectivos de reclutamiento, de exitoso financiamiento, que los hace cada días más fuertes”.
El analista Juan Francisco García, afirma en la nota antes mencionada que las maras se están constituyendo en un ejército irregular.
Se observa además, que en el caso particular de México jóvenes mexicanos ya vinculados al mundo de las pandillas son reclutados y no solo reciben el adiestramiento de ex Zetas sino también de centroamericanos emergentes de la guerrilla.
Bajo estas características e independientemente de la negación compulsiva existente, la República Argentina no está inmunizada del peligro de las maras.

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