Incoherencias de campaña

Las contradicciones del alumno de Cristina. Pinky rechaza a la televisión. Más, Esteban Bullrich y la jactancia de sus 38 como herramienta de campaña.
Si de algo nos hemos dado cuenta, es que con el paso del tiempo, en la Argentina, los problemas se agudizan y la cultura de conflicto se profundiza. Porque en la carrera por acomodarse, los funcionarios abúlicos y retardatarios nos someten a sus incoherencias y constantes contradicciones.
El “mejor alumno”
En la nota “Oasis” se mencionó que el candidato oficial a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, declaró en una entrevista al Diario La Nación que no se puede culpar a los pobres de la inseguridad cuando son ellos los que más reclaman seguridad. Y además se aclaró, que quizás esa haya sido la única apreciación correcta del candidato lumpen, ya que su testimonio representaba la antítesis del pensamiento de Arslanian. Quien sostiene, desmesuradamente, que la problemática de la inseguridad en el Conurbano se debe a la exclusión social.
Sin embargo, a pocos días de haber arrojado una luz de pensamiento crítico, el vicepresidente que ha conseguido siempre ubicarse en los gobiernos de turno, manifestó, a través de su jefe de campaña que estaba del lado del Ministro de Seguridad. (Ver nota: El examen de Scioli)
Con lo cual, se demuestra que cuando desde el blog se habló de la reproducción de la inseguridad en caso de que Scioli alcanzase la candidatura, no se estaba divagando. Por el contrario.
Mientras Felipe Solá reconoció públicamente que la política en materia de seguridad había fracasado, el alumno provincial de la señora Cristina Fernández deja entrever que continuará con una política de seguridad selectiva y reduccionista. La cual goza de ineficacia y banaliza el conflicto.
Pinky y la TV
No se puede culpabilizar por ejemplo, a la televisión, de ser la principal causante de la debacle educativa.
Eso es lo que ha hecho la señora Pinky ayer en el programa del señor Mauro Viale.
Porque si la televisión es un espacio de brutos que por ende embrutece, no tiene lógica hacer campaña desde allí.
Aunque a la señora le pese, en estos casos, la TV es funcional a las necesidades de los candidatos. Es fundamental para que puedan expresar ideas y propuestas.
Para crear públicamente un espacio de debate que invite a los televidentes a cambiar de canal y escucharlos.
Que Pinky quiera teorizar acerca de la televisión que tenemos es el colmo. Es tener una imperiosa tendencia al protagonismo cuando en realidad, se desconocen los parámetros con los cuales se rige la Caja de Pandora actualmente. Parámetros, que sin duda alguna, han sido también impuestos por la sociedad de consumo.
Entonces, renegar del medio es incoherente, ya que desde el mismo, el sector que representa (PRO) expresa sus propuestas con infinita cantidad de spots.
Demuestran lo que saben y evidencian, claro está, todo aquello que desconocen. Que por supuesto, no es poco.
El “viceman”
Parece que en política los males son contagiosos. Tanto es así, que el candidato a vicepresidente de Ricardo López Murphy, en una patética actuación de jactanciosa juventud frente a los otros candidatos a vicepresidentes, se desplaza por los medios afirmando que los jóvenes no se sienten incluidos en los proyectos políticos.
Que no se sienten representados.
Considera que muchos jóvenes no estudian debido a que carecen de los recursos necesarios. Agrega que la violencia también es producto de la marginalidad.
Bajo estos argumentos, el candidato que no deja de vanagloriarse de sus 38 años de precario conocimiento y que los utiliza como herramienta de campaña, aparece como el “viceman” que rescatará a la juventud del laberinto de la perdición. Como los superhéroes.
Coloca un velo, al dirigirse solamente a una juventud que según él no se siente amparada y considerada en los proyectos políticos.
No baraja la existencia de una porción interesante de jóvenes signados por la vagancia voluntaria, la soberbia de la izquierda malentendida y la decisión conciente de no trabajar, eternizándose algunos en carreras universitarias.
Porque las nuevas culturas juveniles no siempre se componen de chicos carenciados. La violencia, no es privativa de los barrios marginales. Sucede, que a veces, es la más visible. Pero no por ello, la única.
El caso de Matías Bragagnolo es un ejemplo de los alcances que tienen los chicos en banda que carecen de un estilo definido. Que no se encuentran estigmatizados socialmente, dado que la sociedad aún no los ha identificado como grupos violentos que también deben ser etiquetados.
La violencia es la misma, solo cambian los escenarios y la estética. Razón por la cual, las políticas educativas deben abordarse con un bagaje amplio y no autárquico del contexto social. Si los candidatos y el oficialismo no comprenden que la inseguridad se ha instalado en todas las esferas de la vida estamos perdidos.
Ahora bien, si el candidato Esteban Bullrich considera que el colectivo de las generaciones venideras es conciente del estado de situación por el que atraviesa el país, evidentemente, no conoce bien a la juventud a la que tanto se dirige. Desconoce, que la parcialidad y el menor esfuerzo son dos características distintivas, por supuesto, de algunos chicos.
Quienes se quieren interesar, más allá de no encontrar las respuestas buscadas en los candidatos que hay, se interesan. El interés no es aleatorio. Tampoco selectivo.
Además de encontrarse en el hombre como una característica que puede ser innata, debe fomentarse. Siempre y cuando, el otro se encuentre abierto a ello. No obstante, fomentar, no es sinónimo de degradar la experiencia de los años vividos para crecer uno en esta carrera demencial por obtener por poder.
La sabiduría que otorga la capitalización de las vivencias en el campo de la política debe respetarse, independientemente de la diversidad y las divergencias.
Es decir, del mismo modo que hay funcionarios abúlicos, también hay jóvenes que viven en la triste burbuja de la ignorancia voluntaria.
Como lo hace la senadora Fernández cuando dice que en América Latina no hay problemas étnicos y culturales. O bien, cuando el discurso representa el ninguneo de la realidad. Aquella que es una sola y que dista enormemente de ser una sensación.

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