El hijo de Teté

Alberto Rodríguez Saá y una carta que no deja de ser una jugada de campaña.
Luego de la carta que Alberto Rodríguez Saá hizo pública a su madre Teté en virtud del día de la madre, varias cosas quedaron en claro. Entre ellas, la necesidad que el puntano tiene de evidenciar sus afectos más íntimos. Por supuesto que no tiene motivos para ocultarlos pero en su afán por mostrarse como un sujeto sensible, cae en una especie de exhibicionismo vulgar.
Lo hace con su pareja y ahora, le tocó el turno a su madre. Una carta, que sin duda alguna, es genuina. No obstante, también es una jugada de campaña que busca captar la sensibilidad, fundamentalmente femenina, para atraer más votos.
Porque sin ser inocente, el hijo de Teté conoce cuáles son los puntos débiles o tal vez, las vulnerabilidades de determinados círculos sociales.
Las formas de actuar, pensar y sentir expuestas que pueden ser funcionales al momento de elegir a tal o cual postulante.
Tácticas y estrategias que si hubiesen sido empleadas por alguno de los otros candidatos, serían catalogadas por el señor que desde hace rato se siente presidente de los argentinos, un golpe bajo. Algo poco serio.
La carta del hijo agradecido representa en la campaña lo mismo que el fallo al Capellán Von Wernich; un hecho político. El primero, por parte de uno de los opositores y el segundo, por el oficialismo de los derechos selectivos. De la memoria parcial.
Y eso se debe a que en política todos esperan el error o la acción contraria al oponente para luego comenzar un rally mediático de críticas. Aquellas, que revelan la existencia de cuestiones personales además de diferencias políticas. Entonces, se aprovechan los medios para dirimir egos y vanidades.
Es decir, en el campo político la hoguera de las vanidades existe del mismo modo que en el campo artístico. Lo que cambian son los escenarios y la retórica.
Pero predomina una génesis de importantes alter egos.
Tanto es así, que el optimismo desbordante que porta Rodríguez Saá sorprende.
Posicionado en un discurso que se apoya sobre todo, en el “oasis” de San Luis, transitó su campaña deformando el pensamiento de Noam Chomsky cada vez que lo citaba, ninguneando al resto de la oposición, sobrestimando sus capacidades, despreciando a Cristina Fernández de un modo poco caballeresco, maltratando a la apocalíptica Elisa Carrió, posando con su amada Esther en revistas del corazón, utilizando la emergencia de las culturas originarias como un instrumento más, apoyándose en la estructura de sentimiento nostálgica por el escudo del PJ, acomodándose al lado de Carlos Menem, y no respetando la elección popular que hasta el momento no lo tiene a él como candidato en la eventual segunda vuelta.
Y como si todo eso fuera poco, en el programa de Gustavo Mura quería enseñarles a los técnicos a diagramar las imágenes de los plasmas. No soportaba, que Carrió estuviese al lado de Cristina, dado que consideraba que ese orden era tendencioso. Solicitaba, que lo colocaran a él.
Acomodaticio como muchos e insolente en varias de sus apreciaciones, trasladó su demencial gloria puntana a todo su entorno.
Incluso, su hermanito Adolfo que dice no tener nada que ver con el proyecto político montado por Alberto, se jacta de la estabilidad con escasa proyección de crecimiento.
De sonrisa dibujada y enarbolado en un peronismo que hoy solo le importa a los persistentes concurrentes de la caricatura del Potrero de Funes, el hermano del hombre de características artísticas, también arremete contra la oposición. A pesar de ser él parte de ese conjunto de sujetos que buscan otra alternativa de país que no sea la basada en el desconocimiento, la ignorancia voluntaria y la selectividad.
Ahora bien, la campaña que varios periodistas tildan de aburrida, en realidad, no es aburrida. En la mayoría de los casos es contradictoria e incoherente.
Ver a la señora Pinky denostando a la televisión cuando ella es emergente de la misma, es negar una parte de su historia.
Observar a la señora Irma Roy cuestionando a los medios para luego verla sentada en el living de Susana Giménez junto a su hija y nieto, es absolutamente contradictorio. Igualmente, si lo hizo el electo gobernador de San Luis ahora postulado como presidente de la Nación junto a la risueña Goris, por qué no iba a hacerlo otra de las actrices que tiene en sus filas.
Tampoco es demasiado lógico visualizar en las listas otros grupos de actores que siempre criticaron el ámbito de la política y que ahora se suben a la ola de la puja por el poder. Sin embargo, allí están.
Algunos opositores y otros, en el círculo ya vicioso del oficialismo.
O como militantes, o bien, como exponentes del apoyo mediante la mediatización de una relación de amistad con aroma de negocios.
Este es el formato de la campaña. Una campaña que no se ha privado, ni siquiera, de epístolas. Y el encargado principal ha sido el “abanderado.” Quien parece creerse el sucesor de Perón.
El resucitador del peronismo. Un peronismo que si Perón lo viese, pediría a gritos que lo devuelvan a su tumba.
Comenzó con una carta abierta a Kirchner en el que ya se consideraba ganador de las elecciones, pasó por otra carta abierta a los votantes y concluyó, el hijo de Teté, con una carta a su madre en la que la hace responsable de todo lo que es. ¿También de ser un incoherente?

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