El hijo de Teté

23 de octubre de 2007

Alberto Rodríguez Saá y una carta que no deja de ser una jugada de campaña.
Luego de la carta que Alberto Rodríguez Saá hizo pública a su madre Teté en virtud del día de la madre, varias cosas quedaron en claro. Entre ellas, la necesidad que el puntano tiene de evidenciar sus afectos más íntimos. Por supuesto que no tiene motivos para ocultarlos pero en su afán por mostrarse como un sujeto sensible, cae en una especie de exhibicionismo vulgar.
Lo hace con su pareja y ahora, le tocó el turno a su madre. Una carta, que sin duda alguna, es genuina. No obstante, también es una jugada de campaña que busca captar la sensibilidad, fundamentalmente femenina, para atraer más votos.
Porque sin ser inocente, el hijo de Teté conoce cuáles son los puntos débiles o tal vez, las vulnerabilidades de determinados círculos sociales.
Las formas de actuar, pensar y sentir expuestas que pueden ser funcionales al momento de elegir a tal o cual postulante.
Tácticas y estrategias que si hubiesen sido empleadas por alguno de los otros candidatos, serían catalogadas por el señor que desde hace rato se siente presidente de los argentinos, un golpe bajo. Algo poco serio.
La carta del hijo agradecido representa en la campaña lo mismo que el fallo al Capellán Von Wernich; un hecho político. El primero, por parte de uno de los opositores y el segundo, por el oficialismo de los derechos selectivos. De la memoria parcial.
Y eso se debe a que en política todos esperan el error o la acción contraria al oponente para luego comenzar un rally mediático de críticas. Aquellas, que revelan la existencia de cuestiones personales además de diferencias políticas. Entonces, se aprovechan los medios para dirimir egos y vanidades.
Es decir, en el campo político la hoguera de las vanidades existe del mismo modo que en el campo artístico. Lo que cambian son los escenarios y la retórica.
Pero predomina una génesis de importantes alter egos.
Tanto es así, que el optimismo desbordante que porta Rodríguez Saá sorprende.
Posicionado en un discurso que se apoya sobre todo, en el “oasis” de San Luis, transitó su campaña deformando el pensamiento de Noam Chomsky cada vez que lo citaba, ninguneando al resto de la oposición, sobrestimando sus capacidades, despreciando a Cristina Fernández de un modo poco caballeresco, maltratando a la apocalíptica Elisa Carrió, posando con su amada Esther en revistas del corazón, utilizando la emergencia de las culturas originarias como un instrumento más, apoyándose en la estructura de sentimiento nostálgica por el escudo del PJ, acomodándose al lado de Carlos Menem, y no respetando la elección popular que hasta el momento no lo tiene a él como candidato en la eventual segunda vuelta.
Y como si todo eso fuera poco, en el programa de Gustavo Mura quería enseñarles a los técnicos a diagramar las imágenes de los plasmas. No soportaba, que Carrió estuviese al lado de Cristina, dado que consideraba que ese orden era tendencioso. Solicitaba, que lo colocaran a él.
Acomodaticio como muchos e insolente en varias de sus apreciaciones, trasladó su demencial gloria puntana a todo su entorno.
Incluso, su hermanito Adolfo que dice no tener nada que ver con el proyecto político montado por Alberto, se jacta de la estabilidad con escasa proyección de crecimiento.
De sonrisa dibujada y enarbolado en un peronismo que hoy solo le importa a los persistentes concurrentes de la caricatura del Potrero de Funes, el hermano del hombre de características artísticas, también arremete contra la oposición. A pesar de ser él parte de ese conjunto de sujetos que buscan otra alternativa de país que no sea la basada en el desconocimiento, la ignorancia voluntaria y la selectividad.
Ahora bien, la campaña que varios periodistas tildan de aburrida, en realidad, no es aburrida. En la mayoría de los casos es contradictoria e incoherente.
Ver a la señora Pinky denostando a la televisión cuando ella es emergente de la misma, es negar una parte de su historia.
Observar a la señora Irma Roy cuestionando a los medios para luego verla sentada en el living de Susana Giménez junto a su hija y nieto, es absolutamente contradictorio. Igualmente, si lo hizo el electo gobernador de San Luis ahora postulado como presidente de la Nación junto a la risueña Goris, por qué no iba a hacerlo otra de las actrices que tiene en sus filas.
Tampoco es demasiado lógico visualizar en las listas otros grupos de actores que siempre criticaron el ámbito de la política y que ahora se suben a la ola de la puja por el poder. Sin embargo, allí están.
Algunos opositores y otros, en el círculo ya vicioso del oficialismo.
O como militantes, o bien, como exponentes del apoyo mediante la mediatización de una relación de amistad con aroma de negocios.
Este es el formato de la campaña. Una campaña que no se ha privado, ni siquiera, de epístolas. Y el encargado principal ha sido el “abanderado.” Quien parece creerse el sucesor de Perón.
El resucitador del peronismo. Un peronismo que si Perón lo viese, pediría a gritos que lo devuelvan a su tumba.
Comenzó con una carta abierta a Kirchner en el que ya se consideraba ganador de las elecciones, pasó por otra carta abierta a los votantes y concluyó, el hijo de Teté, con una carta a su madre en la que la hace responsable de todo lo que es. ¿También de ser un incoherente?

Incoherencias de campaña

17 de octubre de 2007

Las contradicciones del alumno de Cristina. Pinky rechaza a la televisión. Más, Esteban Bullrich y la jactancia de sus 38 como herramienta de campaña.
Si de algo nos hemos dado cuenta, es que con el paso del tiempo, en la Argentina, los problemas se agudizan y la cultura de conflicto se profundiza. Porque en la carrera por acomodarse, los funcionarios abúlicos y retardatarios nos someten a sus incoherencias y constantes contradicciones.
El “mejor alumno”
En la nota “Oasis” se mencionó que el candidato oficial a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, declaró en una entrevista al Diario La Nación que no se puede culpar a los pobres de la inseguridad cuando son ellos los que más reclaman seguridad. Y además se aclaró, que quizás esa haya sido la única apreciación correcta del candidato lumpen, ya que su testimonio representaba la antítesis del pensamiento de Arslanian. Quien sostiene, desmesuradamente, que la problemática de la inseguridad en el Conurbano se debe a la exclusión social.
Sin embargo, a pocos días de haber arrojado una luz de pensamiento crítico, el vicepresidente que ha conseguido siempre ubicarse en los gobiernos de turno, manifestó, a través de su jefe de campaña que estaba del lado del Ministro de Seguridad. (Ver nota: El examen de Scioli)
Con lo cual, se demuestra que cuando desde el blog se habló de la reproducción de la inseguridad en caso de que Scioli alcanzase la candidatura, no se estaba divagando. Por el contrario.
Mientras Felipe Solá reconoció públicamente que la política en materia de seguridad había fracasado, el alumno provincial de la señora Cristina Fernández deja entrever que continuará con una política de seguridad selectiva y reduccionista. La cual goza de ineficacia y banaliza el conflicto.
Pinky y la TV
No se puede culpabilizar por ejemplo, a la televisión, de ser la principal causante de la debacle educativa.
Eso es lo que ha hecho la señora Pinky ayer en el programa del señor Mauro Viale.
Porque si la televisión es un espacio de brutos que por ende embrutece, no tiene lógica hacer campaña desde allí.
Aunque a la señora le pese, en estos casos, la TV es funcional a las necesidades de los candidatos. Es fundamental para que puedan expresar ideas y propuestas.
Para crear públicamente un espacio de debate que invite a los televidentes a cambiar de canal y escucharlos.
Que Pinky quiera teorizar acerca de la televisión que tenemos es el colmo. Es tener una imperiosa tendencia al protagonismo cuando en realidad, se desconocen los parámetros con los cuales se rige la Caja de Pandora actualmente. Parámetros, que sin duda alguna, han sido también impuestos por la sociedad de consumo.
Entonces, renegar del medio es incoherente, ya que desde el mismo, el sector que representa (PRO) expresa sus propuestas con infinita cantidad de spots.
Demuestran lo que saben y evidencian, claro está, todo aquello que desconocen. Que por supuesto, no es poco.
El “viceman”
Parece que en política los males son contagiosos. Tanto es así, que el candidato a vicepresidente de Ricardo López Murphy, en una patética actuación de jactanciosa juventud frente a los otros candidatos a vicepresidentes, se desplaza por los medios afirmando que los jóvenes no se sienten incluidos en los proyectos políticos.
Que no se sienten representados.
Considera que muchos jóvenes no estudian debido a que carecen de los recursos necesarios. Agrega que la violencia también es producto de la marginalidad.
Bajo estos argumentos, el candidato que no deja de vanagloriarse de sus 38 años de precario conocimiento y que los utiliza como herramienta de campaña, aparece como el “viceman” que rescatará a la juventud del laberinto de la perdición. Como los superhéroes.
Coloca un velo, al dirigirse solamente a una juventud que según él no se siente amparada y considerada en los proyectos políticos.
No baraja la existencia de una porción interesante de jóvenes signados por la vagancia voluntaria, la soberbia de la izquierda malentendida y la decisión conciente de no trabajar, eternizándose algunos en carreras universitarias.
Porque las nuevas culturas juveniles no siempre se componen de chicos carenciados. La violencia, no es privativa de los barrios marginales. Sucede, que a veces, es la más visible. Pero no por ello, la única.
El caso de Matías Bragagnolo es un ejemplo de los alcances que tienen los chicos en banda que carecen de un estilo definido. Que no se encuentran estigmatizados socialmente, dado que la sociedad aún no los ha identificado como grupos violentos que también deben ser etiquetados.
La violencia es la misma, solo cambian los escenarios y la estética. Razón por la cual, las políticas educativas deben abordarse con un bagaje amplio y no autárquico del contexto social. Si los candidatos y el oficialismo no comprenden que la inseguridad se ha instalado en todas las esferas de la vida estamos perdidos.
Ahora bien, si el candidato Esteban Bullrich considera que el colectivo de las generaciones venideras es conciente del estado de situación por el que atraviesa el país, evidentemente, no conoce bien a la juventud a la que tanto se dirige. Desconoce, que la parcialidad y el menor esfuerzo son dos características distintivas, por supuesto, de algunos chicos.
Quienes se quieren interesar, más allá de no encontrar las respuestas buscadas en los candidatos que hay, se interesan. El interés no es aleatorio. Tampoco selectivo.
Además de encontrarse en el hombre como una característica que puede ser innata, debe fomentarse. Siempre y cuando, el otro se encuentre abierto a ello. No obstante, fomentar, no es sinónimo de degradar la experiencia de los años vividos para crecer uno en esta carrera demencial por obtener por poder.
La sabiduría que otorga la capitalización de las vivencias en el campo de la política debe respetarse, independientemente de la diversidad y las divergencias.
Es decir, del mismo modo que hay funcionarios abúlicos, también hay jóvenes que viven en la triste burbuja de la ignorancia voluntaria.
Como lo hace la senadora Fernández cuando dice que en América Latina no hay problemas étnicos y culturales. O bien, cuando el discurso representa el ninguneo de la realidad. Aquella que es una sola y que dista enormemente de ser una sensación.

"Oasis"

12 de octubre de 2007

A pocos días de las elecciones los candidatos deforman teorías, se acomodan y buscan el voto con un ejemplo de "oasis."
Además, el oficialismo se regodea con un fallo que llega, en el momento justo.
Maltrato de autores
Indudablemente, la antesala de las elecciones del 28 de octubre deja un tendal de incoherencias, desajustes y profundizaciones en la tendencia sostenida al conocimiento banal.
La precariedad discursiva en materia de propuestas sólidas que puedan operar como una vía alternativa para salir del caos al que se asiste es notable. Tan notable, como el desgaste y mal uso que ciertos candidatos hacen sobre verdaderos pensadores.
Se trata de Elisa Carrió y su abuso de los conceptos contemplados por Hannah Arendt y de Alberto Rodríguez Saá y su simulación sobre la comprensión acerca de los escritos de Noam Chomsky.
Ambos, enarbolados en la gloria de la utópica banda presidencial, se jactan al momento de citar a estos autores. Se creen superiores intelectualmente cuando en realidad, lo único que consiguen es denostar las teorías.
Maltratarlas en el interior de sus mentes autárquicas hasta destrozarlas y transmitir a los ciudadanos la deformación de los criterios.
Tanto es así, que si Arendt resucitase para escuchar a Carrió pediría de inmediato que vuelvan a sepultarla para no presenciar lo que la apocalíptica hizo de su condición humana y del pacto social.
Y si Chomsky tomara un avión para escuchar a Rodríguez Saá solicitaría rápidamente un pasaje de retorno para escapar de las barbaridades a las que el puntano arrastra su pensamiento.
Un escape feroz para olvidar como saca de contexto el trabajo empírico y teórico con natural vulgaridad.
Acomodaticios e inseguros
Dos problemáticas que en los últimos días acapararon la atención de todos los medios. Por momentos, la segunda opacó a la primera. Pero como la inseguridad está absolutamente instalada entre nosotros, dejarla de lado no es una tarea sencilla.
Además, lo cierto es, que la inflación también forma parte de la inseguridad, ya que reducir la problemática a los asaltos y asesinatos no solo banaliza el problema sino que también, lo ubica en un espacio equívoco en la agenda de las tareas más urgentes a resolver.
Los argentinos estamos inseguros porque no sabemos qué sucederá mañana con nada de todo lo que nos rodea. Sean nuestros afectos como lo material.
Y eso sucede porque somos rehenes de los incoherentes y negadores que nos gobiernan.
Aunque también, de algunos políticos opositores que no distan demasiado de lo que tenemos ahora y que hacen el juego de los golpes bajos aferrados a un camino por el momento, sin mayores complicaciones.
Macri es uno de ellos.
Se alejó cobardemente de Sobisch cuando ocurrió en Neuquén el asesinato por un policía del maestro Carlos Fuentealba. Se distanció de una persona que se ha hecho cargo públicamente de lo sucedido. Asumiendo, desde un primer momento, su responsabilidad política. (Ver nota 11 de abril de 2007: Selectividad compulsiva)
También se alejó de Blumberg pero no vaciló en negociar con Telerman.
Entonces, la lógica fue: Con quien no es ingeniero no y con quien no es licenciado, sí.
¿Cuál es la diferencia? (Ver nota 18 de junio de 2007: El silencio legitimante)
El jefe de gobierno electo también tiene su propio imaginario. Como el de Arslanian pero con la diferencia que aún no está gobernando. Por lo menos, no oficialmente.
Por su parte, Felipe Solá, a meses de terminar con su desastrosa y caótica gestión reconoció que en el área de seguridad el fracaso es notorio. Para ello legitimó las incoherencias de Aníbal Fernández y también, las del señor de las sensaciones.
Todos se van acomodando en el tablero y la confianza se presenta, en estas instancias, como un concepto límite.
Incluso Scioli -en oposición al oficialista Arslanian- declaró en una entrevista al Diario La Nación que no se puede culpar a los pobres de la inseguridad cuando son ellos los que más reclaman seguridad.
El candidato oficial lumpen a gobernador, en una correcta apreciación, quizás la única, lanza una frase que es la antítesis de la que el actual gobierno viene pronunciando.
Quienes sostienen caprichosa y premeditadamente que la inseguridad es producto de la exclusión social.
Pues Scioli busca diferenciarse de los cuestionados para acomodarse con un razonamiento que es el que quieren escuchar los bonaerenses.
"Oasis"
No es un boliche, tampoco un bar. Es la provincia de San Luis.
Provincia cuyo nombre ha sido mencionado hasta el hartazgo por los hermanitos Rodríguez Saá, por la actriz Esther Goris en su tour mediático de propaganda de su pareja, por el candidato a vicepresidente Héctor Maya y por algunos otros más que mejor olvidar.
El candidato que ya se está “acomodando” en el sillón de Rivadavia plantea a su provincia como el "oasis" de la Argentina.
Todas las provincias son un desastre, excepto, San Luis. Y nadie le niega el mérito. Tampoco el reconocimiento. Sin embargo, a través de algunos testimonios recogidos en la provincia se evidencia que lo que existe fundamentalmente allí, es estabilidad pero pocas posibilidades de proyección.
Así como es un oasis de paisaje y sostenimiento, también hay algo de estancamiento.
Por supuesto que eso no se dice y mucho menos se reconoce. Al contrario.
San Luis es el auto bombo de campaña de la fórmula. Incluso, el señor Maya se atribuye los logros de la provincia. Como si él hubiese tenido que ver con la construcción provincial.
Es decir, todo aquello que no se encuentre en el resto del país hay que ir a buscarlo a San Luis y si no se lo quiere ir a buscar, hay que dejar que Rodriguez Saá cumpla con su sueño presidencial. Este sería el mensaje de los nostálgicos peronistas apoyados en la estructura de sentimiento del escudo del PJ que ahora utilizan como herramienta de campaña el problema por el que atraviesan las culturas originarias en la Nación.
Se valen de ellas como el oficialismo se aferra a las madres y las abuelas de plaza de mayo para profundizar el dolor del pasado y alejar, cada vez más, a la ansiada sociedad de futuro.
En síntesis, esta fórmula y quienes los acompañan, no comprenden que no es lo mismo gobernar una provincia que una Nación. Se sobrestiman y subestiman a otras provincias que también están bien posicionadas. Como es por ejemplo Neuquén.
El artista dice que no hay que ningunear pero él es el primero que ningunea al resto de la oposición al decir que todos están amesetados.
Cierre perpetuo
La falta de seriedad así como de conocimiento de algunos de los candidatos que se postulan para los diferentes cargos es vergonzosa.
La subestimación de los ciudadanos es una constante tanto del oficialismo como de la oposición. Una oposición, que en el caso concreto de Lavagna, considera que elegir a Carrió como alternativa en la segunda vuelta es la salida más fácil. Así lo expresó su candidato a vicepresidente, Morales.
Mientras tanto, López Murphy se atrevió a cuestionar la condena al Capellán Von Wernich. Estableció su negativa al decir que no se puede juzgar dos veces a una persona por un mismo hecho.
Osado en su declaración se metió con un fallo y una celeridad para nada azarosa, dado que a casi dos semanas de las elecciones, que se produzca un fallo de perpetua para un hombre que cumplirá el próximo año 70 años, ayuda a coptar votos.
Contribuye a que este gobierno legitimado por los odios y la necesidad de venganza se posicione un poco más.
Entonces, algunos individuos que luchan por alejarse del siglo del perdón y perpetuarse en el del miedo, optan por dejarse el velo de los derechos humanos. Aquellos que son selectivos. Que solo son, para los desaparecidos y no para la sociedad en su conjunto.
Muchos festejaron en La Plata un fallo que muchos han dado en llamar histórico. Festejaron y hasta se trompearon. Porque en la Argentina, vaya uno a saber por qué, ser de izquierda es sinónimo de ser desprolijo, sucio, rebelde y vago. Por lo menos, eso es lo que reflejan algunos integrantes de agrupaciones políticas que se jactan de la promiscuidad, desvalorizando al verdadero socialismo. A la verdadera izquierda.
Un fallo que debía esperarse con respeto y cautela, se esperó con golpes entre distintos militantes. Los mismos que dicen repudiar la violencia luchan por intensificar la cultura de conflicto que nos cobija.

Oficialismo y oposición

4 de octubre de 2007

Contradicciones, jactancias y subestimación.
La “gloria” de Carrió y Rodríguez Saá y la displicencia de Cristina Fernández.
Ante el desgaste y desgano de la sociedad argentina y a pocos días de las elecciones, algunos candidatos se encuentran en una demencial vorágine de gloria que los muestra como sujetos poseídos por las ansias de poder.
Se trata, fundamentalmente, de la señora Carrió y del señor Rodríguez Saá.
La primera, en su fuero interior considera que no llegará a segunda vuelta porque ganará en primera, manteniendo un discurso sostenido en los medios que versa entre denuncias, apocalipsis, desprecio y misticismo. Y siempre encuentra un culpable, como ser ahora Lavagna el único responsable de la inflación.
Mientras que el segundo, el artista puntano, considera explícitamente que será presidente de los argentinos.
Que le ganará, en segunda vuelta, a Cristina Fernández, dado que el FREJULI es el verdadero peronismo y su gestión en San Luis puede trasladarle, según declara, perfectamente a la Nación. Por ende, viviríamos en un país tal vez estable pero con pocas posibilidades de progreso.
El gobernador, en algunas de sus declaraciones en el programa que conduce el señor Mauro Viale por canal 26 dijo que el ninguneo no tenía sentido y minutos después, en un tono jactancioso y socarrón, se refirió a Carrió, Lavagna, Cristina y por supuesto a él, como los únicos candidatos en carrera, puesto que para el nostálgico y reiterativo peronista, el resto de los candidatos están amesetados.
Contradictorio y utópico, estableció que como presidente sacará adelante a nuestro país en tal solo seis meses. Eso lo lleva a convertirse en un vendedor más de utopías.
Sucede, que la antesala de estas elecciones es más particular que otras, dado que el oficialismo a vencer es estratega, acomodaticio y funcional a ciertos sectores sociales que viven del pasado.
Enarbolados en la selectividad de los derechos humanos y bajo una retórica de izquierda que nada tiene que ver con el socialismo y el progresismo, el gobierno copta adeptos. Los cuales, creerán que la inacción en materia de control social es la vía correcta para garantizar la convivencia armónica.
La confusión entre el derecho a la protesta social y el libertinaje social es lo que afecta el criterio y deshabilita, en algunos casos, el sentido común de quienes nos gobiernan. Aquellos que con sus actitudes de concesión y abulia no hacen más que contribuir al colapso de las distintas esferas. Fomentando, aún más, el estado de barbarie que se refleja en la cotidiano.
Un estado que agobia y desespera. Tanto es así, que en la carrera para la gobernación del centro neurálgico más revelador de la inseguridad, todos se vanaglorian de saber y conocer. Sin embargo, al momento de dar respuestas concretas a las preguntas más urgentes que desde los distintos medios se les hacen a los candidatos, lo que primeramente se produce, es una crítica al otro.
Y por supuesto que la inconsistencia e ineficacia de la gestión de Arslanian es visible y merecedora de críticas.
No obstante, en este camino a la gobernación, nadie ha mostrado una idoneidad superior. Con lo cual, reproducir la inseguridad puede ser el destino anunciado, ya que la mirada reduccionista entorno a la misma es generalizada. Desde Scioli hasta De Narváez, pasando por otros candidatos que parecen fantasmas.
La incomprensión acerca de que la inseguridad no puede limitarse solo al delito y que tampoco puede banalizarse culpando a los pobres como lo hace el actual ministro, son dos factores que alteran las construcciones de sentido de los individuos.
De los ciudadanos sujetados y atrapados por la inacción o la acción retardataria.
Otro tema a considerar es el debate.
Los candidatos presidenciales quieren debatir con la candidata oficial de manera inexorable.
Cuando ella se presenta ante el mundo con una actitud displicente para con los medios nacionales y también, para con sus oponentes. Actitud que genera la ira de todos y la coloca, otra vez, en el epicentro. Es decir, en su desesperación por debatir con la senadora, la oposición contribuye a que la misma se sienta superior.
Cuando en realidad, la indiferencia y la concentración en el trabajo propio es lo peor que se le puede hacer a una mujer de sus características.
Que no intervenga en el debate no la conduce a estar por encima de nadie. Al contrario.
Sobre su decisión pueden hacerse tres lecturas.
Por un lado, desconocer el juego político. En segundo lugar, desestabilizar con su negativa al resto que centraliza su atención en ella sin enunciar sus programas de gobierno. Y por último, no someterse al debate por temor a tener que enfrentarse con los espectros que padece.
Ahora bien, lo cierto es que el oficialismo perverso y negador está muy cómodo en su posición observando como varios de los candidatos adversarios se sobreestiman y se subestiman entre ellos.
Porque si bien es cierto que la oposición no logró unirse para formar un frente más fuerte, también es cierto que en estas instancias, los reproches y las confrontaciones no tienen sentido alguno.
Formas inexactas de proceder, ya que sobre el oficialismo todos piensan lo mismo. Solo cambian las formas de combatirlo. Los modos de expresión y la coherencia en el discurso. Además, claro está, de la falta de ética que demuestran aquellos que se postulan para varios cargos con tal de no quedar afuera.
 
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