La candidata y los aborígenes

Cristina Fernández, entre el desconocimiento y la ignorancia voluntaria.
A pesar del desafortunado desconocimiento que manifestó la senadora Cristina Fernández en el cierre del Congreso de Filosofía de San Juan, en Argentina, al igual que en el resto del continente, si algo sobran, son los problemas étnicos y culturales.
Los diversos conflictos por los que atraviesan las distintas comunidades aborígenes que encuentran su punto de convergencia en la exclusión y auto exclusión, son característicos de América. Razón por la cual, decir que no hay problemas de esa índole es no saber en qué lugar se vive y por ende, no tener soluciones a problemas que si bien, no son tratados constantemente por los medios, tienen su espacio y forman parte de los problemas de América.
El problema de los aborígenes comienza cuando se dieron a conocer las primeras formas de dominación de los españoles sobre ellos.
Esclavitud, saqueo y apropiación de las riquezas de los mismos fueron algunos de los métodos de dominación y sometimiento.
Frente a la oposición de la Iglesia, la Corona Española determinó establecer la Encomienda como institución socioeconómica. Mediante la misma, un grupo de indígenas se entregaba a un encomendero para trabajar a su servicio, y así, recibir protección. Pero el encomendero era protector de los indígenas solo en teoría, ya que en la práctica, era un explotador.
Los pueblos indígenas debían pagar un tributo, ya sea en especie o bien, en servicio personal.
El problema de la mano de obra también fue otro de los conflictos de difícil solución.
Debido a la escasez de mano de obra, la Corona Española institucionalizó la llamada Mita.
La Mita era un sistema que obligaba a un grupo, clan, o tribu indígena a realizar un trabajo por un tiempo determinado y por una remuneración, o salario.Ahora bien, el problema de los pueblos indígenas encuentra esos antecedentes. No obstante, en la actualidad, el problema persiste.
Su cultura, así como sus creencias han sido motivo de disputas permanentes.
Fuera de lo que es un mundo globalizado, las distintas culturas que atraviesan nuestro continente viven en un tiempo pasado.
Alejadas de los privilegios de la modernidad aunque también, sometidos a los avatares de la misma.
La construcción de su subjetividad, no les permite, a la mayoría, insertarse en una sociedad de consumo moderna y globalizada.
Si bien algunos de ellos, como los Tobas, se relacionan más por fuera de sus creencias, muchas otras comunidades no conocen más allá de su hábitat original.
El tema reside en comprender que los lazos con el otro, no son sinónimo de pérdida de los objetivos. De sus identidades culturales.
Por tales motivos, es ilógico y desinformado decir que en América no tenemos problemas étnicos y culturales.
Es, en el caso de la candidata a presidente, un error a considerar, puesto que tira por la borda todo ese bagaje de conocimiento que cada vez que puede, pretende revelar.
Su desconocimiento, o tal vez, la ignorancia voluntaria de tal problema, evidencian, una vez más, que el progresismo en el cual se ha enarbolado, es una simple palabra.
Una palabra desgastada.
Porque la senadora Fernández, lo mismo que quienes la secundaron y aplaudieron, deberían saber, que los desaparecidos de la última dictadura, no son las únicas víctimas de la violación de derechos humanos.
Sucede, que para el gobierno K, tanto los desaparecidos como los ’90, son funcionales a su retórica basada en el resentimiento del pasado.
En cambio, el problema de los aborígenes, por lo menos en nuestro país, les pertenece por efecto rebote. Porque es un tema que se arrastra.
Ellos, independientemente de los dichos, han experimentado la violación de sus derechos.
Han sido y son violados los siguientes derechos:
-A la vida (Art. 4º del Pacto de S.J de Costa Rica; Art. 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
- A la integridad personal (Art. 5º incisos 1 y 2 del Pacto de S.J de Costa Rica).
- A la libertad personal (Art. 7º incisos 1-2-3-4-5-6 del Pacto de S.J de Costa Rica; Art. 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
- Garantías judiciales (Art. 8º incisos 1-2-3-4-5 del Pacto de S. J de Costa Rica; Art. 11º de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
- A la indemnización, protección de la honra y de la dignidad (Art. 11º incisos 1-2-3 del Pacto de S. J de Costa Rica; Art. 5º de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
-De protección a la familia, derechos del niño (Art. 19º del Pacto de S. J de Costa Rica).
-A la propiedad privada (Art. 17º inciso 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
-De circulación y de residencia (Art. 22º inciso 1 del Pacto de S. J de Costa Rica; Art. 13º de la Declaración Universal de Derechos Humanos),
- Igualdad ante la ley (Art. 24º del Pacto de S. J de Costa Rica; Art. 7º de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
-Protección judicial (Art. 25º del Pacto de S. J de Costa Rica; Art. 7º de la Declaración Universal de Derechos Humanos).
Otro tema a considerar y que siendo la señora candidata una mujer que ha vivido parte de su vida en el sur no puede desconocer, es el problema que las comunidades experimentan con la tierra. Su relación con la misma es fundamental y básica en el desarrollo y desenvolvimiento de su cultura. Además de esencial en sus creencias.Por ejemplo, en la cosmovisión maya; el Sol es el padre; la Luna es la abuela; y la Tierra es la madre.
Para la cultura indígena, la tierra ancestral, es fuente de vida y parte esencial de su identidad; es por eso que la tierra, es de propiedad comunitaria. La tierra pertenece al grupo y no a un individuo. No puede ser considerada como una mercancía. Mucho menos, como un bien susceptible de apropiación privada o enajenación a terceros en las condiciones que prevén los sistemas de derecho napoleónicos.
Desconocer esto, es desconocer la Parte II del Convenio 169 de la OIT “los gobiernos deberán respetar la importancia especial que para las culturas y valores espirituales de los pueblos interesados reviste su relación con las tierras o territorios, o con ambos, según los casos, que ocupan o utilizan de alguna otra manera, y en particular los aspectos colectivos de esa relación. Además, deberán respetarse las modalidades de transmisión de los derechos sobre la tierra entre los miembros de los pueblos interesados establecidas por dichos pueblos, consultarse a los pueblos interesados siempre que se considere su capacidad de enajenar sus tierras o de transmitir de otra forma sus derechos sobre estas tierras fuera de su comunidad. Asimismo, deberá impedirse que personas extrañas a esos pueblos puedan aprovecharse de las costumbres de esos pueblos o de su desconocimiento de las leyes por parte de sus miembros para arrogarse la propiedad, la posesión o el uso de las tierras pertenecientes a ellos.”
Si tomamos como ejemplo la constitución de Guatemala para ver extender el problema que dicen que no existe, la misma, al igual que muchas otras de América Latina se inspira en dicho convenio.
La constitución guatemalteca contiene diversas disposiciones programáticas que a la hora actual están en vías de revisión, en consonancia, no sólo con el convenio 169 sino además, con el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas que forma parte del conjunto de acuerdos que permitieron poner fin a más de treinta años de guerra civil.
Por último, como defensora auto proclamada de los derechos de la mujer, la candidata, debería saber que muchas mujeres aborígenes son víctimas de violencia. Ignorar esa situación, es tener una mirada selectiva sobre la condición de mujer.
Sobre las cuestiones de género.
Todos hechos concretos que debería revisar para que su retórica se enriquezca de coherencia y verdadero saber.

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