Enemigo político

El kirchnerismo y la constitución de la oposición como enemigo.
El epicentro Cristina
El estado excepcional por el que atravesamos los argentinos es grave pero negado por el oficialismo. Porque en esta instancia del tiempo, el reconocimiento del estado de situación puede ser un revés para la reproducción de un gobierno cuya retórica tiene más de pasado que de futuro.
Cambiará la figura. Será ella en lugar de él.
La mujer que habla de cambios, de profundizaciones, de alejarse de vanidades y banalidades. Cristina, la senadora que considera que en el continente no hay problemas étnicos y culturales.
La mujer que les toma examen a los candidatos oficialistas. Incluso, a su propio compañero de fórmula. Y ellos, como buenos alumnos la miran para buscar un gesto que les haga saber que van por buen camino. Que están por aprobar el examen kirchnerista. Aquel que se pasa con apoyaturas y reverencias a la candidata.
Un examen en el que no debe faltar jamás "como dice Cristina." Tampoco las palabras, “la vamos a acompañar.” Y por supuesto, los agradecimientos por las oportunidades.
Ella debe sentirse contenida y elevada en el vocabulario de los candidatos que ellos eligieron.
Ella, debe ser el epicentro.
Los negadores de siempre
El gobierno de la Provincia de Buenos Aires es cuestionado. No obstante, sus integrantes no se hacen cargo de los reclamos. Aníbal Fernández dijo que “Carrió es una mitómana.”
Agregó que “López Murphy es intelectualmente sólido y honesto.”
Declaraciones realizadas en el marco de una entrevista hecha por Gerardo Rozín en el canal de noticias de Daniel Hadad C5N.
Allí, uno de los Fernández halagaba al mismo tiempo que desestimaba la capacidad de algunos candidatos a presidenciales. Ponía en duda que estuviesen lo suficientemente capacitados para hacer política.
Para gobernar una Nación.
Según la línea de pensamiento de uno de los compulsivamente negadores del oficialismo, nadie puede superar a Kirchner o Cristina.
Considera que la capacidad de gestión que ambos poseen es inigualable. Asemejó la figura de Kirchner a la de Perón, quitándole mérito a la acción de todos los que llegaron luego de la dictadura de 1976.
Sobreestimó al presidente colocándolo también a la par de Frondizi.
Un Fernández cegado por el poder y por una sostenida tendencia a apoyar a los lumpen o comodines de la política para no quedar fuera de juego.
Lo cual demuestra que estamos ante un gobierno de negadores que descalifica al resto, colocándolos en un lugar que ellos creen marginal. Cuando en realidad, en ese lugar están muchos de los “cortesanos” de ella y de él.
Los enemigos
La necesidad de constituir un enemigo político es necesaria y reveladora de una forma de hacer política que se sustenta más en la confrontación que en la acción basada en las ideas. Por lo menos, eso sucede en la Argentina de hoy.
Se necesita encontrar una definición de lo político que se aleje de criterios morales, estéticos y económicos. Para ello, nada mejor que la figura de Carl Schmitt.
Quien al buscar dicha definición, terminó por encontrar la distinción amigo-enemigo.
Esta distinción permite entonces determinar el concepto de lo político.
Y el enemigo es tal, si su existencia afecta mi forma de vida.
Razón por la cual, bajo esta concepción, el enemigo nunca debe desaparecer, puesto que si eso sucede la vida política también se diluye.
El gobierno que hoy detenta el poder entiende, según su retórica, que nadie es lo suficientemente idóneo como para ser opositor.
La posibilidad de debatir con personas que no piensan como ellos es inexistente. A pesar de expresar que de la alteridad pueden surgir grandes ideas.
A propósito de ello, la candidata que juega con el desconocimiento y la ignorancia voluntaria acerca de ciertos temas es pionera en la campaña de las contradicciones.
Y no cabe duda que lo último que desea una de las integrantes del gobierno de memoria selectiva, es tener opositores.
Entonces, los convierte de inmediato en enemigos. En enemigos políticos.
Sin embargo, ellos no son los únicos.
La oposición se fragmenta y también constituye enemigos.
Potenciales o no. Por conveniencia o por juego de poder.
Tal vez, enemigos de vidriera para la ocasión. Aunque enemigos al fin.
Los peronistas disidentes que se habían unido en Potrero de Funes hoy están separados. El idilio creado en el programa de la señora Legrand entre Rodriguez Saá y Puerta parece haber llegado a su fin.
Macri, en su momento, se desprendió cobardemente de Sobisch. Más tarde y sigilosamente lo hizo de Blumberg.
Jugó con apoyar o no a López Murphy y cuando decidió hacerlo en la Capital, éste comenzó a negociar un acuerdo con Carrió. Por tal motivo, el presidente de Boca inició su camino de vacilaciones en caso de consolidarse dicha alianza.
Mientras tanto, algunos integrantes de la coalición cívica, fundamentalmente los socialistas, manifestaron su descontento frente al posible acuerdo con el líder de RECREAR.
Todos generan enemigos para que la vida política se mantenga. Para que su dinámica persista, más allá de evidentes mediocridades.
La apocalíptica Carrió no escapa a ello, ya que es una gran exponente de la demonización de personas del campo político y referente de la conformación de enemigos públicos.
En síntesis, mientras todo ello transcurre, el gobierno K aprovecha en prolongar el siglo del miedo y alejar el siglo del perdón.

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